Ex futbolistas profesionales británicos mostraron diferencias estructurales en el cerebro y altas tasas de ansiedad y depresión, pero ningún signo de deterioro cognitivo, en un estudio que busca determinar si impactos repetitivos como cabecear el balón afectan el riesgo de desarrollar demencia.
El estudio, realizado por investigadores del Imperial College de Londres, incluyó a 142 ex jugadores de entre 30 y 60 años y los comparó con 56 personas sanas de edad similar sin antecedentes de deportes de contacto, servicio militar o conmociones cerebrales previas.
Además de utilizar cuestionarios y pruebas para medir la cognición, los investigadores analizaron resonancias magnéticas estructurales del cerebro de un subgrupo apto de 124 jugadores y 40 personas del grupo de control para detectar diferencias regionales en el volumen de materia gris.
Los autores, que presentaron el estudio el domingo en la Conferencia Internacional de la Asociación de Alzheimer, dijeron que su investigación forma parte de un gran esfuerzo de los científicos para tratar los impactos repetitivos en la cabeza como un posible factor de riesgo modificable de demencia en etapas avanzadas de la vida, de forma similar a como los médicos abordan la hipertensión o el colesterol.
El trabajo sienta las bases de lo que se pretende que sea un estudio a largo plazo de estos jugadores, a quienes los investigadores prevén monitorear cada dos años.
“El campo está adoptando una visión más integral de la salud cerebral y el riesgo de demencia”, dijo Thomas Parker, autor principal y neurólogo consultor del Imperial College de Londres.
Tras ajustar los datos por factores como la edad y la educación, los ex jugadores obtuvieron resultados acordes con lo esperado en pruebas de memoria y pensamiento, sin diferencias significativas frente al grupo de control sano.
Los deportistas reportaron tasas mucho más altas de problemas de salud mental: 31 por ciento alcanzó el umbral de depresión clínica, frente a 9 por ciento del grupo de control, mientras 42 por ciento informó ansiedad clínica, frente a 25 por ciento del otro conjunto.
Los investigadores hallaron que las resonancias cerebrales de los ex jugadores mostraban que, como grupo, tenían menos tejido cerebral en áreas que controlan la memoria y las emociones que las personas del grupo de control.
Pero solo 2 por ciento de los ex deportistas mostró signos individuales de una reducción grave del volumen cerebral que apuntaría a una neurodegeneración activa y progresiva.
El estudio no ha sido revisado por pares. Los investigadores esperan presentar más adelante este año un artículo con una muestra más amplia y análisis adicionales del estudio.
Sin vínculo con el Alzheimer
El estudio no demostró un vínculo directo con la enfermedad de Alzheimer, un trastorno cerebral progresivo que destruye gradualmente la memoria y que es la causa más común de demencia.
La mayor parte de la investigación sobre daño cerebral relacionado con el deporte se ha basado en informes post mortem e historias clínicas retrospectivas para estudiar la encefalopatía traumática crónica (ETC), una enfermedad degenerativa asociada con traumatismos craneales repetidos, como los cabezazos en el futbol o las conmociones cerebrales, que actualmente sólo puede diagnosticarse después de la muerte.
La investigación del Imperial College sigue a deportistas de mediana edad, lo que ayuda a los investigadores a rastrear cambios neurológicos años antes de que normalmente se esperaría que se desarrollara la demencia.
Los resultados reflejan los hallazgos anteriores revisados por pares del equipo, publicados en 2025 en 200 ex jugadores de rugby, que mostraron reducciones similares de la materia gris y niveles elevados de ansiedad, pero un rendimiento cognitivo normal.
Los investigadores advirtieron que sus hallazgos no pueden predecir el riesgo individual de demencia.
“Estamos en una etapa muy temprana de traducción de estos hallazgos a la predicción del riesgo individual”, señaló Parker.


