Aristóteles decía que «la excelencia no es un acto, sino un hábito». Si buscáramos una traducción sonora de esa frase en la historia de la radiodifusión cubana después de 1991, el eco nos devolvería, sin duda, el nombre de Víctor Osorio Zaldívar. Cumplir 35 años de vida artística haciendo radio no es solo una cifra; es un mapa de sentimientos trazado en el aire. Dicen en Holguín, que Víctor posee un don extraño. El periodista Rigoberto González Limiñana lo bautizó con la precisión de quien reconoce a un maestro: «El Rey Midas de la Radio». Y no se equivoca. Todo lo que Víctor toca se convierte en oro, asegura el también periodista Félix Hernández, pero no por azar, sino por esa mezcla de rigor y sensibilidad que solo los grandes poseen. Para la destacada locutora Yamilka Arredondo Lara, quien ha caminado a su lado en la aventura de animar la vida, él es, sencillamente, «El Genio de la Radio» y para el periodista Aroldo García es «El Vitico Integral de la Radio». George Steiner decía que «el sonido es el color del pensamiento». Sí, esto es cierto, Víctor ha pintado para Cuba el fresco más vibrante de las últimas décadas. No es casualidad que, desde sus inicios, la mirada aguda de la asesora, Milagro Fuentes, viera en él algo que trascendía la técnica: ella lo llamó el «Spielberg de la Radio». Años después, esa profecía sería confirmada en la capital por Juan Carlos García del Vallín, director en Radio Progreso, al reconocer en Víctor esa capacidad audiovisual de crear mundos invisibles pero tangibles. La radio, como afirmaba Gaston Bachelard, es «el espacio de la intimidad absoluta». Víctor entendió esto desde sus inicios. En la emblemática Radio Ángulo, su firma quedó grabada en la memoria colectiva con espacios que son ya …

