Mientras los apagones continúan paralizando a Cuba y alimentando el descontento social, China está aprovechando la peor crisis energética de la isla en décadas para profundizar la dependencia de Cuba de tecnología solar de origen chino. A través del suministro de paneles fotovoltaicos, inversores, equipos especializados y asistencia técnica, Pekín está consolidando una posición cada vez más relevante en un sector crítico para la recuperación del sistema eléctrico cubano, ampliando al mismo tiempo su influencia estratégica en el Caribe.
En los últimos cinco años, las importaciones cubanas de paneles fotovoltaicos chinos han aumentado más de un 1800 por ciento, mientras Pekín ha contribuido a la construcción de decenas de nuevos parques solares, convirtiendo a Cuba en uno de los principales escenarios de la expansión energética china en el Caribe.
“El riesgo radica en una dependencia excesiva de un solo proveedor. Si China concentra paneles, inversores, repuestos, financiamiento y, eventualmente, almacenamiento, Cuba puede sustituir la dependencia del petróleo por una dependencia tecnológica y financiera de Pekín”, explicó a Diálogo el economista cubano Ricardo Torres, investigador visitante de la American University de Washington.
China, que domina cerca del 80 por ciento de la cadena mundial de suministro solar, ha encontrado en Cuba un doble beneficio: colocar parte de su sobreproducción industrial y consolidar su presencia tecnológica. El impacto energético de esta tecnología, sin embargo, sigue siendo limitado en la isla por una red eléctrica obsoleta que no logra integrar eficazmente la nueva capacidad instalada.
La estrategia de Pekín
Según el centro de investigación Ember, China ha consolidado su papel como principal socio de Cuba en el desarrollo de energías renovables. En los últimos años, el suministro de paneles solares ha crecido de USD 16,6 millones en 2019 a USD 117 millones en 2025, mientras al menos 34 parques solares actualmente operativos en la isla, construidos con tecnología china, alcanzan una capacidad conjunta de casi 1,2 gigavatios, un 350 por ciento más que en 2024. Además de las inversiones comerciales, Pekín ha reforzado su apoyo mediante la donación de miles de sistemas fotovoltaicos para comunidades aisladas y equipos destinados a ampliar la producción de energía solar.
Sin embargo, pese a estas cifras, la energía fotovoltaica aporta apenas el 9 por ciento de la generación eléctrica nacional. Según Torres, “la energía solar es útil durante el día, pero no satisface la demanda en las horas pico nocturnas. Además, en Cuba, una limitación del despliegue solar es la ausencia de sistemas BESS (Battery Energy Storage System) de almacenamiento con baterías”. El experto añade que “sin almacenamiento, y con una red débil, se reduce el uso efectivo de la capacidad instalada, ya que el sistema no está preparado para aprovechar de manera estable una fuente variable como la solar”.
Además, el impacto de la estrategia china sobre la crisis energética cubana parece limitado y alejado de las necesidades cotidianas de la población. Como denunció Diario de Cuba, el panel solar residencial más barato disponible en la isla cuesta aproximadamente 100 veces el salario mínimo oficial, lo que lo hace inaccesible para la mayoría de los ciudadanos.
Detrás de la retórica de la cooperación también emergen dinámicas económicas que benefician principalmente a Pekín. Salvo una empresa conjunta entre la china Shanghai Electric y una compañía británica para una inversión de USD 60 millones en el parque solar de Mariel, “el uso de tecnología china no proviene de inversiones de empresas de ese país. China actúa como proveedor y la parte cubana debe pagar por el equipo y la asistencia técnica”, subraya Torres. El propio primer ministro cubano, Manuel Marrero Cruz, reconoció que parte de los suministros chinos fueron pagados con níquel producido en la isla.
La exigencia de compensar la tecnología energética con minerales críticos pone de relieve el carácter marcadamente asimétrico de la cooperación sino-cubana. El níquel es un recurso estratégico para la producción de baterías, vehículos eléctricos y tecnologías avanzadas, sectores en los que China busca consolidar su predominio global. No por casualidad, Pekín ya es el principal comprador del níquel cubano. En la práctica, al vender tecnología fotovoltaica, China obtiene acceso privilegiado a una materia prima crítica mientras coloca en Cuba parte de su sobreproducción industrial fotovoltaica, transformando la dependencia energética de la isla en una nueva herramienta de influencia económica.
El problema de la red eléctrica
La crisis energética cubana sigue agravándose por problemas estructurales que van mucho más allá de la mera falta de capacidad de generación que China intenta ampliar con su tecnología. “Es necesario modernizar la transmisión, distribución, subestaciones, sistemas de control y almacenamiento. Sin baterías y una red más sólida, el crecimiento de la solar tendrá un impacto limitado”, advierte Torres.
Para el experto, Cuba debe enfrentarse al deterioro general de su sistema energético: centrales termoeléctricas obsoletas, generación distribuida débil, escasez de combustible, elevadas pérdidas en la red, problemas de voltaje y una capacidad limitada para integrar energías renovables. Las interrupciones registradas en las últimas semanas ilustran claramente esta vulnerabilidad. La central termoeléctrica de Felton, en la provincia nororiental de Holguín, se vio obligada a detener sus operaciones debido a una avería en el sistema automático de la bomba de agua. Casi simultáneamente, también quedó fuera de servicio la central Antonio Guiteras, en la provincia de Matanzas, una de las principales fuentes de generación del país. La planta, localizada unos 100 kilómetros al este de La Habana, es esencial para la estabilidad de la red nacional y ha sufrido múltiples interrupciones durante 2026. “Cuba debe restablecer rápidamente su capacidad energética: reparar termoeléctricas, reponer piezas, restaurar la generación distribuida y garantizar combustible”, alerta Torres.
Sin embargo, la necesidad de encontrar soluciones urgentes a la crisis podría tener un costo estratégico. La expansión de la presencia china en el sector eléctrico cubano está aumentando la dependencia de la isla de tecnologías, software, componentes electrónicos y servicios de mantenimiento controlados por Pekín. En los últimos años, investigaciones recientes han señalado la presencia, en algunos equipos energéticos fabricados en China, de módulos de comunicación no documentados y funcionalidades de transmisión remota de datos no especificadas, alimentando preocupaciones sobre riesgos de ciberseguridad y usos duales de estos dispositivos.
En este contexto, según los expertos, la expansión china en el sector energético cubano forma parte de una estrategia que va más allá de la simple cooperación económica. Pekín está consolidando una posición cada vez más relevante en el desarrollo de la infraestructura solar de Cuba, un componente crítico para la recuperación del sistema eléctrico nacional. “Para Cuba, el principal riesgo es negociar desde una posición de bancarrota y necesidad extrema”, observa Torres, advirtiendo que la creciente implicación de China podría convertir el sector energético en otro escenario para expandir la influencia de Pekín en el Caribe.
