El voto que ellas mismas se niegan
Bohemia Portada

El voto que ellas mismas se niegan

En Estados Unidos, un grupo de mujeres ha comenzado a subirse a escenarios para pedir que se nos retire el derecho al voto, alegando que ya estamos bien representadas por nuestros esposos o padres


Tiene veinte años, un micrófono y un escenario. Frente a ella, cientos de jóvenes viajaron para escucharla hablar de política, familia y propósito. Savanna Faith Stone es una influencer del movimiento conocido como “tradwife” (esposa tradicional), invitada de la Cumbre de Liderazgo Femenino que organiza anualmente Turning Point USA, una plataforma juvenil conservadora fundada por Charlie Kirk y ahora liderada por su viuda Erika Kirk. Y lo que fue a decirles a esas jóvenes, en esencia, es que ni ellas ni sus madres deberían votar.

Stone defiende lo que llama un sistema de “voto por familia”, donde el esposo emite una sola boleta en representación de todo el hogar. Sostiene que el matrimonio convierte a la pareja en una sola voluntad política que debe expresarse a través del hombre, pues asocia el deterioro de la sociedad estadounidense con el derecho de las mujeres a votar.

No está sola en esa campaña. Pastores evangélicos como Dale Partridge llevan meses anunciando en redes sociales su intención de derogar la Decimonovena Enmienda y figuras como Doug Wilson, cuya red de iglesias incluye entre sus miembros al secretario de Defensa, defienden abiertamente el reemplazo del sufragio femenino por un voto único encabezado por el jefe de familia.

No se trata de un movimiento mayoritario ni de una propuesta con respaldo legislativo real. Es, más bien, un grupo de predicadores y jóvenes influencers con altavoces digitales que han encontrado en la nostalgia patriarcal un nicho rentable de seguidores. Pero su ruido no es inofensivo, normaliza una idea, la vuelve tema de conversación y la convierte en contenido viral que millones de adolescentes consumen antes de haber votado una sola vez en su vida.

Ante estos discursos aparece una paradoja que estas personas no parecen dispuestas a encontrar. Savanna Faith Stone pronuncia su renuncia al voto subida a un escenario o desde su móvil, ante un público que quiere y puede escucharla y con micrófonos que multiplican sus palabras. Nada de eso, ni el escenario, ni el altavoz, ni la posibilidad de recorrer su país, para dar su opinión sobre el rumbo de la nación, existían para las mujeres antes de que ese derecho a ser oídas se le arrancara al orden establecido.

Hablar en público sin la tutela de un padre o un esposo, viajar sola, ganar dinero con el propio nombre, sentarse frente a una cámara y decir “yo pienso”, es una conquista. Se ganó exactamente con las mismas herramientas usadas hoy por Stone para pedir a otras mujeres que se les quite la posibilidad de decidir.

Se puede alegar, claro, que hay una diferencia entre el derecho a hablar y el derecho a votar; una cosa es la libertad de expresión y otra el derecho a la política. Pero ambas nacen de la misma idea raíz donde una mujer es sujeto y no apéndice, y su voz, ya sea en una boleta o en un escenario, le pertenece a ella y no a quien duerme a su lado.

Un meme que encontré por estos días hacía una pregunta bastante reveladora: ¿Y los hombres con dos familias votan dos veces?

La entrada El voto que ellas mismas se niegan se publicó primero en Revista Bohemia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *