Agramonte y sus hombres estaban acampados en el potrero de Consuegra, después de largas jornadas de lucha por las llanuras del Camagüey.
El brigadier Julio Sanguily oficial de la tropa de Agramonte pide permiso y se traslada al rancho-enfermería de la patriota Cirila López Quintero.
Algunos comentan que fue sin escolta y otros que fue con la intención de que la patriota le lavara la ropa.
Acompañado de Luciano Caballero y Federico Diago y tres enfermos enviados a curarse, llegan por un trillo a dos bohíos rodeado de monte; uno habitado por Cirila, y el otro que hacía las veces de hospital.
El enemigo está cerca y fue sorprendido y capturado por una columna española compuesta por 120 hombres, dirigida por el general Sabas Marín.
Su acompañante Luciano Caballero logra huir y rápidamente se presenta ante Agramonte para comunicarle la mala noticia.
Los 70 jinetes que componían la tropa rodearon a su líder, quien designó a 35 para que lo acompañaran a emprender una acción que era de vida o muerte: el rescate del brigadier Sanguily
Rápidamente Agramonte envía a Henry Reeve, El Inglesito a que examinara el lugar donde se encontraba la columna española.
Al regreso, conoce los detalles y marcha al rescate. Y seguidamente ordenó “¡Corneta, toque a degüello!”.
Ante el avance e ímpetu de las fuerzas cubanas, el sargento español derrumba a Sanguily de la montura de su caballo, le dispara y le inhabilitó la mano derecha. Agramonte velozmente con el coraje y la valentía que lo caracterizaba se alza sobre su caballo y ordena la última carga.
Agramonte, salva a Sanguily. Lo abrazó y le dijo:
“Julio te dije que el día menos pensado ibas a caer en poder de los españoles, pero no creí que fuera tan pronto”.
Según algunos historiadores El mayor detalla así la acción del rescate:
“Salí con ellos logrando alcanzar al enemigo en la finca de Antonio Torres, cargué por la retaguardia el arma blanca y los nuestros sin vacilar ante el número ni ante la persistencia del enemigo, se arrojaron impetuosamente sobre él, lo derrotaron y recuperamos al Brigadier Sanguily y cinco prisioneros más. Nuestra persecución le siguió a larga distancia hasta dispersarle por completo. El enemigo dejó once cadáveres. (…) ¡Mis soldados no pelearon como hombres: ¡Lucharon como fieras! “.
El enemigo dejó en el campo once cadáveres; los cubanos solo dos muertos y cinco heridos, ocupan nueve armas de precisión, dos cajas de cápsulas, tres revólveres, dos espadas, un sable, una tienda de campaña, sesenta caballos y cuarenta monturas.
El rescate del Brigadier Julio Sanguily devino inmortal página de gloria en la historia de Cuba; y su protagonista, el Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz. Los mambises pusieron a prueba una vez más su capacidad combativa.
El historiador Ricardo Muñoz Gutiérrez, con respecto a esta acción expresó… Además del rescate a un compañero de armas, un derroche de espiritualidad, de compromiso con la Patria, el rescate del brigadier Julio Sanguily ha pasado a la historia (…) como pauta del compromiso del jefe con el subordinado a quien no puede dejar abandonado aunque en ello le vaya la vida”.
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