
Foto: Hidalgo Rodríguez, Anaisis
MANZANILLO, Granma.–En solo 400 metros cuadrados, el Proyecto de Desarrollo Local La Rosita, ubicado en la comunidad Nuevo Manzanillo, se ha erigido como un referente nacional de la agricultura urbana y suburbana. Este espacio, liderado por el matrimonio de María Rosa León Reyes y Josué Guilarte González, es la prueba fehaciente de que la soberanía alimentaria puede florecer desde el corazón de la urbe, tejiendo un modelo donde la ciencia, la tradición campesina y el compromiso social se potencian mutuamente.
Lo extraordinario de La Rosita no reside en su tamaño, sino en la asombrosa densidad de innovación que alberga. María Rosa, de 66 años, maestra de formación y campesina de origen, y Josué, bioquímico, de 67 años, han convertido cada rincón en un ecosistema productivo.
«Yo soy campesina montuna de Ceiba Caridad. Heredé una finca de mis padres de una caballería de tierra que es mi mayor tesoro. Me hice maestra, pero siempre me ha apasionado cuidar las plantas y los animales; me dan alivio y aseguran la alimentación para mi familia, amigos o vecinos. Este patio es una versión en miniatura de esa finca en el centro de la ciudad», explica María Rosa.
La pareja ha logrado en el patio un aprovechamiento minucioso del espacio, que integra cerca de 19 subprogramas agrícolas.
Sorprende ver cepas de plátano emergiendo junto a plantas medicinales, ornamentales, aromáticas y frutales, en las macetas más inimaginables, incluso en la azotea de su vivienda, y el desarrollo de todo un sistema que incluye acuicultura familiar con tilapia roja, cría de conejos, curieles, gallinas, dos pavos reales, unos pocos faisanes, cerdos, cultivos semiprotegidos, y una minindustria de productos agroecológicos. Este enfoque holístico no solo asegura la producción de alimentos libres de químicos, sino que también acorta las distancias entre el campo y la mesa.
GERMEVIT: EL CORAZÓN CIENTÍFICO DEL PATIO
Cualquier planta germina bien en el patio La Rosita a pesar de la cercanía a la costa y los efectos de la salinidad. Esto se debe al uso de una sustancia inoculante microbiana de creación propia (bioplaguicida), registrado en 2022 como Germevit, en la Oficina de la Propiedad Industrial.
Concebido en 2013 a partir de una bacteria acidoláctica obtenida del yogur de cabecilla de arroz y humus de lombriz, su nombre fusiona «germinación» y «vida», y también lleva las iniciales de sus dos hijos, Germán y Evita. Sus bondades han trascendido el patio, logrando sanar al mítico jagüey del parque museo La Demajagua, árbol símbolo de Granma, y a cocodrilos del zoocriadero local.
Josué detalla el alcance científico de su creación, avalada este año con el Premio provincial de Innovación:
«Hemos desarrollado dos productos fundamentales: el Germevit-bio. Un bioestimulante foliar que mejora las condiciones físicas, químicas y microbiológicas de los suelos, con reconocimiento nacional e internacional.
El Germevit-Aditivo es un probiótico que asegura el equilibrio de la microbiota y la salud gastrointestinal, previniendo trastornos digestivos y mejorando la vitalidad animal. Como valor añadido, su aplicación regular reduce la generación de amoníaco y sulfuro de hidrógeno en las excretas, neutralizando los malos olores y evitando la proliferación de moscas en las instalaciones.Hoy día, La Rosita produce y comercializa en provincias del oriente cubano productos derivados del procesamiento de desechos orgánicos. Hasta el momento elabora ocho variaciones de Germevit, con diferentes dosificaciones y funciones, como bioestimulante orgánico en la Agricultura y aditivo nutricional en la actividad pecuaria.
La ciencia se aprecia en cada detalle. Utilizan la mosca soldado, un díptero con alto contenido proteico, para la alimentación animal, reduciendo la dependencia de insumos externos como el maíz o la soya.
Actualmente, María Rosa desarrolla su tesis de Maestría sobre el impacto del Germevit en la producción de pollo campero, buscando optimizar la ganancia de peso, elevar el sistema inmunológico y combatir la anorexia. Además, han creado un producto en fase de registro a partir del boniato apestoso para combatir plagas y enfermedades, reafirmando su compromiso con la investigación constante.
UN MODELO DE ECONOMÍA CIRCULAR
La sustentabilidad es un pilar fundamental en La Rosita. Un biodigestor, alimentado con desechos porcinos y tratado con Germevit, produce gas metano para la cocción de alimentos.
Este ciclo se completa con el humus de lombriz, que procesa los desechos orgánicos y genera el lixiviado, considerado el mejor fertilizante.
«Este producto, junto al Germevit, ya es comercializado y ha sido utilizado por más de mil productores de arroz en la región, alcanzando rendimientos de hasta 5 toneladas por hectárea», subraya Josué, quien defiende sobre todo su identidad como campesino.
TRASCENDER
La influencia de este patio se extiende mucho más allá de sus límites físicos. María Rosa y Josué han articulado círculos de interés con escuelas primarias, secundarias y preuniversitario donde los niños aprenden a sembrar y a cuidar la tierra, llevando esas lecciones a sus hogares. Estas enseñanzas se replican en unos 3 000 patios de Manzanillo.
Estudiantes de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos y de la Universidad, junto a familias enteras y productores, acuden en busca de su experiencia.
Su producción no solo abastece a su familia, sino que también beneficia a hogares maternos, casas de niños sin amparo parental y personas en situación de vulnerabilidad, demostrando un profundo compromiso social.
RECONOCIMIENTOS Y LEGADO
Los méritos de este proyecto son ampliamente reconocidos. Pionero en recibir la Quinta Corona a la Excelencia Nacional y con la condición de Referencia Nacional, La Rosita acumula una trayectoria de 17 años. Ha sido galardonado con el Premio del Barrio, el Premio provincial de Medio Ambiente este 2026, y ha recibido el respaldo de instituciones como el proyecto Tierra Viva, de la Unión Europea.
Para Josué, el éxito reside en la síntesis de saberes: «El campesino cubano día a día hace ciencia con su conocimiento. Es un saber que no puede subvalorarse».
Rosita, como comúnmente llaman a María Rosa, a pesar de sus múltiples afecciones de salud, resume el espíritu del patio con la energía que lo caracteriza:
«Tengo mucha voluntad de trabajar. Me siento joven y orgullosa de lo que hemos logrado. El patio se logró levantar como soñaban mis padres, se desbordó hacia la comunidad y se convirtió en escuela, de manera que no he dejado de ser maestra, ni lo dejaré nunca».
La Rosita es mucho más que un huerto urbano o una minindustria de productos agroecológicos. Es un laboratorio vivo, una escuela de valores y una prueba fehaciente de que, como sentencia María Rosa, «teniendo patio tenemos la verdadera soberanía alimentaria». Su legado traza el camino hacia un futuro más sostenible, donde la ciencia y la tradición caminan de la mano para alimentar cuerpos y almas.

