Palabras para la exposición Doble sentido, de mi coterráneo Manuel, en el Museo Nacional de Bellas Artes, en La Habana, como parte de su Premio Nacional de Artes Plásticas, en 2024.
Manuel Hernández Valdés (Finca Junco, Valle de Guamacaro, 1943), el humorista gráfico, pintor y ceramista, el hombre de los tres premios nacionales, le decía siempre a su nieta Ingrid que las obras debían tener un misterio, un ánima que la habite, porque sin ese espíritu, que emerge de lo artístico, nada vale la pena. Él le impregnó ese espíritu a toda su creación.
Llega con su obra, integral y paradigmática, y reflejado por sus colegas. Desde la perspectiva del “cazador cazado”, nos da la bienvenida, para que avancemos a los diferentes núcleos de sus propuestas de “dobles sentidos”, como un archivo que va develando en su desplazamiento museológico una senda cronológica y temática de quién es en realidad Manuel. Es un poco como el Valle de Guamacaro, al que pertenece por nacimiento. También su obra tiene mucho del artista que resguarda ese concepto de valle (espacio entre montañas que se expande). Y se instituye en el arte cubano, como poseedor de una mixtura de culturas, una combinación de técnicas, recursos expresivos y materiales que pueden observarse, leerse. A la vez, nos permite reflexionar y gozar estéticamente de su eficacia artística y, sobre todo, de la reivindicación de la caricatura, por la complejidad artística y conceptual que revela su obra.
A Manuel hay que ubicarlo espiritualmente entre las lomas del Valle de Guamacaro. Sus ojos, achinados, pero abiertos e iluminados, vieron, con su particular capacidad de captar el mundo, las palmas reales, que la mayoría de las veces están presentes en su obra y en las que talló sus primeras imágenes; el bohío típico, que es una recurrencia, como la lagartija, su caligrafía, su firma, sus globos; los animales en los potreros (vacas, puercos y caballos); los sembrados del “guaguí más grande de Cuba”; los campesinos, idealizados, como él mismo dice, con sus sombreros de yarey, casi siempre iluminados por un sol apabullante y amarillo; y la belleza de las mujeres del campo, robustas, voluminosas, que tienen en su esposa Sarita Murga y su cara redonda, la inspiración. Todos están en sus caricaturas, en sus pinturas, en sus cerámicas, en sus murales y en sus esculturas.
Ese paisaje campesino, desde el que se ve en la Loma de Maceo, legado patriótico de la región, lo acompañaba en cada viaje de lo íntimo a lo externo. Como un sustrato vegetal, fuera de los límites que permite el encierro de un valle, lo acompañaba cuando iba al batey del central Triunfo, a los pueblos colindantes, a las ciudades de Matanzas o La Habana; o a más allá, a las tierras que imaginó, leyendo con fervor, y a los que llegó como un viajero, en algunos casos, en barco, como los de la estirpe homérica. Porque leyendo llegó a muchos más territorios, y se transformó en otro, lo que se observa en algunas de sus piezas, donde están esas visiones, con alucinantes metáforas y signos de una peculiar sensibilidad.
La obra de Manuel hay que entenderla, gozarla, contemplarla en esas mixturas que conforman en su creación lo rural y lo citadino, lo nacional —nadie ha defendido, representado de manera tan constante e intensa el campo cubano, como su poética, imaginativa y lírica— y lo universal, con esas formas de comunicarse, desde el dibujo, con los otros. Desde mi punto de vista, sintetiza la herencia canaria de su ADN, que reconoce en todos una comunidad unida por genealogías de familias —el don de la bondad, la solidaridad— y que tiene en la comunicación oral una tendencia que más que al texto potencia al sonido y al silencio, y esos elementos, esa síntesis de intelecto, sensibilidad, cultura popular, se encuentran en este doble sentido que recorre con diferentes variantes su obra desde los 60 hasta ahora.
Manuel y esta exposición son la memoria de su evolución como humorista gráfico, pintor, ceramista, muralista y periodista. También constituye un valioso aporte al patrimonio inmaterial de la caricatura, reflejo orgánico de una importante etapa de la historia nacional. Lo que se expone en muchos casos es documento y obra artística.
Constituye en el Núcleo IV parte de la memoria de algunos de los suplementos emblemáticos del humorismo cubano e internacional, como el DDT, o de otros medios para los que ha laborado, como Juventud Rebelde, Granma, Bohemia, Girón…
En muchas de las obras que corresponden a humor gráfico, lo textual (el globo) tiene el desenfado de su erudición, mezclado con el gracejo y sabiduría de la cultura popular. Mientras, en algunas otras, sea cerámica, cartulina, madera o el óleo, Manuel potencia la imagen. Entonces, solo basta el silencio para instituir la atmósfera de un suceso, y la contundencia e ingenio de sus metáforas, y ese juego constante de su estilo, entre lo solemne, lo erudito y lo humorístico que nos provoca siempre una sonrisa.
Las obras que se exponen tienen esa selección visceral, ese viaje —antropológico— que adquiere un particular doble sentido, el de los recursos expresivos, el de las técnicas, los materiales usados, las dimensiones, la relación artística con la información periodística y la significación del tiempo histórico y el tiempo museológico-curatorial —donde se avanza o se retrocede en una inteligente propuesta de incitación cronológica y temática—, y el del propio “tránsito con un sentido doble”, al que invita en la exposición, la curaduría, la trayectoria artística de Manuel, la selección del espectador que observa y la arquitectura del Museo.
Lo esencial es que, además del goce estético que nos produce observar su obra (la delicadeza y síntesis de las líneas, la complejidad conceptual, la invención ingeniosa de situaciones, la creación imaginativa de personajes, muchas veces de contextos históricos diferentes, su dominio de la creación en disímiles materiales, cartulina, mayólica, madera), siempre irrumpe lo cómico como categoría, su sentido crítico, su aguda percepción de la realidad, su visceral intuición de la identidad nacional, que conforman su poética.
La ironía, la sátira, la agudeza intelectual, el despliegue imaginativo, su estudio, procesamiento, a veces en tiempo récord para la reinvención del contexto que le tocó vivir o reportar desde la inmediatez de un medio de prensa, inquietan en sus dibujos.
Por otra parte, la placidez de la naturaleza, de los rostros y los cuerpos con sus atributos de los hombres y mujeres de campo en sus pinturas, cerámicas y murales, incitan desde la contemplación a una paz interior, pero también a reflexionar y reír.
En el recorrido por cada núcleo curatorial propuesto (el mural, el homenaje, sus pinturas, sus caricaturas y publicaciones humorísticas, las cerámicas y platos, y, por último, la escultura), uno como espectador se activa con el Manuel que conoce, y de la manera en que lo conoce, o también lo descubre. Incluso, el que ha estado cercano a su obra gestada en la inmediatez, en la fragua de los hornos, de los caballetes, y de su presencia editorial en la prensa plana en que se expresó, lo redescubre, se impacta con su libertad gozosa de recrear imágenes, y tiene en la selección de su prolífica obra al Manuel que se mueve del humor costumbrista al político, que combina técnicas como el dibujo y el collage, al que pinta sobre diversos materiales, al que se atreve con la escultura, al que se apropia y reinventa imágenes de la historia y la literatura universal con sutileza, rigor y belleza; el Manuel que capta dilemas humanos, sociales, políticos, que apuntan y disparan con eficacia crítica y artística a burócratas, funcionarios corruptos, a militares fascistas de Latinoamérica y emperadores de nuevo tipo, un inventario prolífico de todo lo que provocó y sigue inquietando al artista.
La excelencia del dibujo humorístico, el rigor conceptual, en algunos casos el lirismo de la imagen, el sentido de lo dramático que lo caracteriza al crear desde la visualidad (la organicidad en crear o recrear conflictos y situaciones que captan de la realidad y reinventa, sean escenarios cotidianos o de un imaginario universal que se dimensiona más allá de las fronteras geográficas, de las especialidades o de una cultura híbrida), su capacidad para producir la risa (uso efectivo de la ironía, la sátira, el chiste) o la placidez contemplativa, por el contraste temático o formal, el uso de los planos espaciales, los recursos temporales (época actual, mezclado con momentos de la historia clásica o la Edad Media), el trabajo con las características visuales de los personajes, son algunos de los rasgos que caracterizan su obra.
Manuel, en lo gráfico, tiene algo de Chaplin: construye escenas, crea contrastes impactantes en sus imágenes y personajes.
Cuando los espectadores avanzamos por la exposición, nos enfrentamos a la obra diversa de un artista que mereció el Premio Nacional de las Artes Plásticas; entre otras cosas, por ser uno de los más importantes humoristas cubanos, un periodista que desde el humor gráfico abordó la Cuba de su tiempo, al pintor y ceramista que se atrevió artísticamente a experimentar nuevos caminos, y también a proponer para la posteridad un recorrido visual de la identidad visceral de la historia de la nación, sus dilemas, anhelos, fracasos y proezas; donde está como una constante el campo cubano al que pertenece, su gente, su espíritu; y también su esencial sentido del humor: reflexivo, sutil, lírico, ideológico.
En cada pieza de las expuestas, desde las más antiguas hasta las actuales, sea en cerámica, escultura, pintura, caricatura o dibujo, se encuentra la autenticidad de un artista sosegado en apariencia, que vive en el también aparente silencio que lo acompañó desde niño, y que en realidad es un torbellino de ideas creativas, un artista paradigmático, que desde su creación traspasa e imbrica las fronteras creativas, realiza un extenso recorrido en que el artista defiende y dignifica el ímpetu reflexivo del humor, la capacidad de soñar y reírnos, la belleza; pero, asimismo, el testimonio inigualable de una época que le correspondió vivir y, en especial, algo que lo identifica como ser humano y artista: su raigal cubanía. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)
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