Díaz-Canel: «Nuestra respuesta a la asfixia es la inventiva, la creatividad y la alegría del pueblo cubano»
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Díaz-Canel: «Nuestra respuesta a la asfixia es la inventiva, la creatividad y la alegría del pueblo cubano»

Díaz-Canel: «Nuestra respuesta a la asfixia es la inventiva, la creatividad y la alegría del pueblo cubano»

Miguel Díaz-Canel y cubanos en el acto Foto © Facebook / Presidencia Cuba – Cubadebate

«La respuesta a la asfixia es la inventiva, la creatividad y, aunque les moleste, también la alegría del pueblo cubano«.

Con esa frase, pronunciada durante el acto central por el 26 de Julio en Pinar del Río, Miguel Díaz-Canel volvió a recurrir a uno de los pilares tradicionales de la narrativa oficial: convertir la capacidad de resistencia de los cubanos en la principal respuesta frente al deterioro económico y social que atraviesa el país.

El gobernante aseguró que la respuesta al «bloqueo» es «el esfuerzo inteligente y eficiente» y defendió que la unidad constituye «la principal arma estratégica» de la llamada «revolución».

Más adelante afirmó que el gobierno impulsa «cambios profundos y necesarios» mediante las transformaciones económicas en marcha, siempre subordinadas —dijo— al principio de la justicia social.

Sin embargo, para millones de cubanos esas palabras vuelven a chocar con una realidad cada vez más difícil de sostener.

La resistencia como política de Estado

Desde hace décadas, el discurso oficial presenta la capacidad del pueblo para soportar privaciones como una virtud revolucionaria.

La escasez se convierte en «resistencia»; los apagones, en una prueba de heroísmo; la emigración masiva apenas encuentra espacio en los discursos oficiales; y las dificultades económicas son descritas como consecuencias casi exclusivas de la política estadounidense.

La apelación a la «inventiva» tampoco es nueva. Durante años, el régimen ha presentado como ejemplos de creatividad lo que para muchos cubanos no son más que estrategias de supervivencia: reparar una y otra vez equipos obsoletos, cocinar con leña cuando falta el gas, improvisar soluciones ante la ausencia de medicamentos o pasar horas buscando alimentos básicos.

Lo que el gobierno define como inventiva, millones de ciudadanos lo viven como la obligación permanente de sobrevivir en medio de carencias que se han convertido en parte de la vida cotidiana.

La «alegría» frente a una crisis sin precedentes

La referencia de Díaz-Canel a «la alegría del pueblo cubano» también resulta difícil de conciliar con el momento que atraviesa la Isla.

Cuba continúa enfrentando una profunda crisis energética, con apagones prolongados que afectan a buena parte del país; una inflación que ha pulverizado el poder adquisitivo de salarios y pensiones; y un grave desabastecimiento de alimentos y medicamentos.

A ello se suma el deterioro de servicios esenciales como la salud y el transporte; y un éxodo migratorio sin precedentes, con cientos de miles de cubanos que han abandonado el país en los últimos años, dejando familias separadas y ancianos abandonados.

En ese contexto, presentar la alegría como respuesta política puede interpretarse como una muestra de desconexión con el estado de ánimo de la población, que convive diariamente con la incertidumbre, el cansancio y la frustración.

Del sacrificio permanente a las reformas

En el mismo discurso, Díaz-Canel reconoció que «la creatividad y el esfuerzo por sí solos no bastan» y defendió las transformaciones económicas y sociales impulsadas por su gobierno como una prioridad estratégica.

No obstante, numerosos economistas han advertido que esas reformas llegan tras años de deterioro económico y mantienen intactos los principales pilares del modelo centralizado, sin introducir cambios institucionales que garanticen mayor libertad económica, seguridad jurídica o competencia en igualdad de condiciones.

Al mismo tiempo, crecen las dudas sobre quiénes serán los principales beneficiarios de esas transformaciones, en un contexto donde el acceso a los recursos, al crédito y a las oportunidades de inversión continúa estrechamente ligado al poder político.

Un discurso que vuelve a pedir sacrificios

La frase de Díaz-Canel resume una idea recurrente del relato oficial: ante la crisis, la solución pasa por resistir, trabajar más, mantener la unidad y confiar en que el sacrificio colectivo permitirá superar las dificultades.

Sin embargo, para muchos cubanos ese mensaje resulta cada vez más difícil de aceptar después de años de deterioro constante de las condiciones de vida.

La inventiva del pueblo ha permitido reparar electrodomésticos imposibles de sustituir, cocinar cuando faltan el gas o la electricidad, improvisar medicamentos inexistentes y multiplicar un salario que apenas alcanza para unos días.

Pero esa creatividad no ha evitado el empobrecimiento generalizado ni ha frenado el éxodo de quienes ya no creen que el sacrificio permanente vaya a traducirse en un futuro mejor.

Por eso, cuando el gobernante afirma que la respuesta a la «asfixia» es «la inventiva, la creatividad y la alegría del pueblo cubano», muchos ciudadanos no escuchan un mensaje de esperanza.

Escuchan, una vez más, la apelación a que sean ellos quienes soporten el peso de una crisis que el propio régimen sigue sin asumir como resultado de sus políticas y de décadas de decisiones que han llevado a Cuba a una de las etapas más difíciles de su historia reciente.

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