De las cinco divisiones que abrieron el programa del judo en los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe, Cuba logró imponerse en tres. Esos triunfos le aportaron igual cantidad de premios áureos al medallero de la Mayor de las Antillas, abierto por la ciclista Marlies Mejias en la carrera contra reloj.
En el tatami del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, Jonathan Charon, en los 60 kilogramos, logró virar un marcador adverso en las semifinales para poder acceder a la disputa del cetro.
Charon perdía por amplia ventaja de wazzari ante el dominicano Diego García. Sin embargo, «no me desesperé, sabía que me encontraba en gran forma y dejé llegar el momento táctico adecuado».
¿Pero no crees que esperaste mucho?
Mi contrario estába haciendo un buen combate, con respuestas acertadas a cada uno de mis ataques. Pero en la medida que avanzaba el combate comenzó a descuidar su defensa, y pude ponerlo en peligro varias veces hasta que, con una combinación de de cadera y pierna, logré el Ippon.
Con una temporada tan buena en Europa y otros certámenes de más nivel, ¿esperabas esta victoria aquí?
Sí, era el objetivo, pero no ha sido fácil.
No hizo más que responder y la emoción le desbordó las lágrimas sobre su rostro.
«Siempre compites por tu bandera, pero dentro de una delegación es diferente lo que se siente. Además, no ha sido fácil sacrificar a mi familia, porque los entrenamientos no esperan. A ella le debo todo lo que soy».
Antes había derrotado a José Ramos, de Guatemala, y en la final al salvadoreño Jairo Moreno. A este en punto de oro, por yuko, después del empate en los cinco minutos reglamentarios.
Pero si Charon era favorito, el quinto lugar del último Campeonato Mundial, Orlando Polanco estaba llamado a maniatar a cualquier rival.
Mas, en la final, el mexicano Robin Jara, un adversario bien conocido por él, le complicó su plan táctico. No obstante, el cubano, a los cuatro minutos contraatacó con efectividad con técnica de hombro, para ceñirse la corona de los 66 kilogramos.
¿Cómo debe estar el barrio de Altares?
Imagínate, sabes que la gente vive con intensidad lo que hace cada uno en la cuadra. Mi gente son muy buena, seguro que estaban pegados al TV. Ellos y la familia son mi inspiración.
Lo que nadie esperaba era lo que, calladita llevó Dali Sentmanat. A punto de cumplir sus 19 años, el 6 de agosto próximo, se apareció aquí con la autoridad de una consagrada.
Ella hizo recordar a aquel equipo femenino de Cuba, invencible en cualquier latitud.
¿Tu victoria es el renacer de aquella época dorada?
Seguro, van venir muchas más medallas. Ya aquí pusimos la primera, y dos de mis compañeras, tan jóvenes como yo, discutieron las de bronce.
La pequeñita Sentmanat logró Ippon en su primer combate frente a la dominicana Josefa Samantha, en apenas dos minutos. Luego dió un certero paso sobre la mexicana Paulina Martínez, a quien le ganó por yuko.
Ya en la final, en punto de oro, un veloz contraataque con técnica de pierna la puso en lo más alto del podio, sobre la puertorriqueña Francine Echeverría.
En definitiva, el judo vino por dos de oro, pero Dali le puso la tercera porque, parafreaseando el refrán, a ella hoy no la vencía nadie.



