La jornada empieza mucho antes de que abran las puertas de la Oficina de Identificación, Inmigración y Extranjería de la calle 17, en El Vedado. Cuando amanece, decenas de personas aguardan ya en los alrededores y algunas han pasado allí buena parte de la madrugada. Conseguir un pasaporte cubano se ha convertido en otra carrera de resistencia dentro de la crisis que atraviesa el país. La espera, además, no garantiza que los solicitantes puedan realizar el trámite. Si la electricidad no llega durante las primeras horas del horario oficial de atención, la cola puede prolongarse hasta media mañana y terminar disolviéndose sin que los empleados hayan atendido a una sola persona. A los problemas para iniciar el trámite se suma otro, mucho más angustioso: la confección y entrega de los pasaportes acumula actualmente alrededor de cuatro meses de retraso, según testimonios recogidos por 14ymedio. La situación afecta especialmente a quienes tienen programados viajes, reunificaciones familiares o necesitan regresar al extranjero. "Vine a solicitarlo a mediados de mayo y todavía nada. Cada vez que pregunto de qué día están entregando los pasaportes, me doy cuenta de que el avance es muy lento" "Vine a solicitarlo a mediados de mayo y todavía nada. Cada vez que pregunto de qué día están entregando los pasaportes, me doy cuenta de que el avance es muy lento; hay semanas en que no se mueve ni un día", lamentaba este lunes una madre de dos niños que espera los documentos para viajar a Brasil, donde se encuentra su esposo. El problema no es nuevo, aunque ahora los plazos se han multiplicado. En noviembre de 2022, este diario documentó retrasos que entonces rondaban los 30 días hábiles, frente a las dos semanas habituales anteriormente. Una empleada explicó en aquella ocasión que las oficinas no confeccionaban allí los documentos y dependían de su traslado en vehículos de Sepsa, empresa encargada entonces de transportarlos bajo custodia y que ya sufría escasez de combustible. Cuatro años después, la crisis energética ha añadido nuevos obstáculos a un sistema ya deteriorado. Los apagones dificultan la atención al público y se suman a las carencias de transporte y recursos que afectan a numerosas dependencias estatales. "Vine a La Habana a visitar a mi mamá y se me dañó el pasaporte porque tuvimos unas filtraciones en la casa, así que lo volví a solicitar y llevo más de tres meses esperando por el nuevo y nada", cuenta a 14ymedio un joven cubano nacionalizado español y afincado en Sevilla. Su estancia en la Isla, que debía ser temporal, se prolonga a la espera del documento. A pocos metros de la oficina de la calle 17, un parqueador con chaleco rojo custodia varios automóviles y motos eléctricas mientras observa diariamente crecer la multitud. "Yo he llegado a contar más de 300 personas en una mañana aquí y, como hay tanto retraso, la cola cada vez es más grande y la gente tiene más cara de desespero", asegura.


