Economía

Cuba acelera la dolarización y hunde más al peso


El régimen cubano abrió la puerta a una nueva ronda de dolarización parcial que empuja todavía más a la economía hacia la moneda extranjera y deja al peso nacional en una posición cada vez más marginal. La medida, presentada por Manuel Marrero Cruz ante la Asamblea Nacional, incluye más espacio para las divisas en operaciones empresariales, comerciales, financieras y de inversión, además de un acceso más amplio al mercado cambiario para estatales, privados, cooperativas e inversionistas extranjeros.

El anuncio llega como parte de un paquete de 176 transformaciones económicas y sociales, pero el núcleo de la propuesta dice mucho más sobre el fracaso del modelo que sobre una salida real a la crisis. El propio documento reconoce que el Gobierno busca ampliar el uso de divisas en las transacciones entre empresas, sustituir esquemas cerrados de autofinanciamiento en moneda extranjera y abrir nuevos mecanismos para mover dinero fuera del corsé que impone el control estatal.

En la práctica, el régimen está formalizando una economía partida en dos: una para quien tenga acceso a dólares y otra para el resto de la población, que sigue atrapada en salarios en pesos, precios inflados y una moneda cada vez más debilitada. El texto prevé que empresas estatales y actores privados puedan operar con más facilidad en el mercado cambiario, depositar efectivo en divisas en cuentas bancarias y acceder a insumos con pago en moneda extranjera. También contempla mercados de insumos en divisas para todos los actores económicos, incluidos nacionales y extranjeros.

La ofensiva dolarizadora alcanza al campo, a la banca y al comercio. Las cooperativas podrán abrir cuentas en el exterior y en bancos cubanos en pesos o divisas; se autorizará la comercialización de insumos y equipos agropecuarios en ambas monedas; y se crearán procedimientos bancarios para pagar con tarjetas, transferencias, efectivo y comercio electrónico. A la vez, el plan elimina restricciones a los pagos en divisas entre negocios con capital extranjero y proveedores nacionales, y abre la puerta a cuentas en moneda extranjera sin autorización previa para personas naturales y jurídicas.

El paquete también incluye cambios más profundos en el sistema financiero. El régimen plantea crear instituciones financieras privadas y estatales, ampliar la participación del capital privado en la banca, establecer entidades para activos virtuales y formalizar canales privados para recibir remesas mediante agentes de pago de última milla. En paralelo, propone redimensionar el mercado oficial de divisas y remesas con la entrada de actores no estatales, autorizar casas de cambio privadas, subastas de divisas y un mercado cambiario digital en tiempo real.

Todo eso ocurre mientras la moneda nacional sigue perdiendo valor y el Estado admite que habrá devaluaciones sucesivas para achicar la brecha entre tipos de cambio. Esa admisión es contundente: el régimen ya no consigue sostener el peso y opta por administrar la caída con más dolarización, más segmentación y más dependencia de la divisa. La consecuencia inmediata la asume la gente común, que ve cómo la vida cotidiana se desplaza cada vez más fuera de su alcance.

La medida toca además al turismo y a las importaciones. Se prevé un banco corporativo vinculado al sector turístico y servicios relacionados con activos virtuales, mientras personas naturales podrán importar comercialmente pagando aranceles en divisas. El mensaje es claro: quien tenga acceso a dólares podrá moverse; quien no, quedará más encerrado en la economía del racionamiento, la escasez y el mercado informal.

Marrero Cruz reconoció ante la Asamblea Nacional que la dolarización parcial es uno de los puntos más sensibles de la reforma y admitió que su aplicación traerá contradicciones y ajustes. Esa frase resume el problema de fondo. El régimen no corrige la raíz del desastre económico; la administra a golpes de improvisación, mientras traslada el costo de sus decisiones a una sociedad cada vez más desigual, más dependiente del dólar y más alejada de cualquier seguridad material en su propia moneda.

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