Con lenguaje de la Guerra Fría, el Departamento norteamericano de Estado publicó recientemente un informe contra Cuba, a la que presenta como el supuesto origen de problemas de Estados Unidos y del Hemisferio occidental.
El libelo revela desde su título el perverso objetivo de situar a la mayor de las Antillas como el centro del terrorismo, según las definiciones de Marco Rubio, forjadas en el protagonismo en la industria de la contrarrevolución.
“Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI” contiene elucubraciones que recuerdan la retórica tóxica de Pinochet o Videla, y aspira a otorgarle a la nación caribeña la autoría del espionaje, la subversión y las manifestaciones de protesta en Estados Unidos y fuera de allí.
De acuerdo con el delirante enlace de hechos tangibles con frases anticomunistas trilladas, Cuba sería el centro de guerrillas latinoamericanas, movimientos sociales y anti-segregación racial en Estados Unidos y de las denuncias contra el genocidio de Israel en Gaza.
O sea, la colapsada Cuba, según la describe el firmante del documento, sería capaz de desestabilizar a la sociedad norteña y de convertir a sus organizaciones autóctonas en instrumentos.
La repulsiva sobredimensión de lo que considera influencia cubana, más allá de entendibles expresiones de admiración y solidaridad hacia un pueblo bloqueado, proyecta penalizar esos sentimientos de amistad.
Para nada aparecen en el informe del Departamento de Estado los planes de las administraciones de Estados Unidos de alentar el terrorismo contra La Habana.
Tampoco figuran los intentos de ultimar a dirigentes y cercar a la nación, cuyos ciudadanos sufren hoy un castigo colectivo, al prohibirles la compra de combustible.
La tierra de José Martí nunca ha sido una amenaza para la superpotencia militar, una verdad que buscan desdibujar los redactores del pasquín, porque les dificulta su narrativa de que ese peligro debe eliminarse con una intervención.
No asombró a observadores que el folleto apareciera a la par de una reunión reciente en la que el Secretario de Estado convocó a 66 países a forjar una alianza contra lo que mostró como una emergencia, por lo que considera auge del terrorismo de extrema izquierda.
Cuba rechazó enérgicamente el reporte del Departamento norteamericano de Estado y calificó de leyendas acusatorias las explicaciones esgrimidas, además de recordar que las firma un gobierno violatorio del Derecho Internacional y agresor de países soberanos.
