
Foto: Dunia Álvarez Palacios
Septiembre no transcurrió como un mes cualquiera en las escuelas cubanas. Las dificultades derivadas del cerco energético, el transporte, la alimentación, la cobertura docente y otras limitaciones obligaron a modificar rutinas y buscar alternativas prácticamente a diario.
Pero hay una imagen que resume este primer mes: los niños y adolescentes están en las escuelas y el proceso educativo continúa.
Así lo valoró Naima Trujillo Barreto, ministra de Educación, al hacer un primer balance de septiembre. Más que hablar de lo previsto, la conversación permitió mirar qué ha ocurrido realmente durante estas primeras semanas, cuáles han sido las dificultades y qué soluciones se han encontrado para sostener la actividad educativa en condiciones que distan de ser las habituales.
«Ha sido, más o menos, lo que esperábamos, aunque es muy difícil predecir la realidad en las condiciones en que estamos», afirmó en entrevista para Granma.
La propia Ministra reconoce que no todas las respuestas son homogéneas ni definitivas. Cada territorio y cada institución han debido encontrar variantes según sus posibilidades, pero bajo una premisa: preservar la mayor presencialidad posible y evitar que las dificultades terminen alejando a los estudiantes de la escuela.
EL ESFUERZO EXTRAORDINARIO DE LOS DOCENTES
Uno de los elementos que, según Trujillo Barreto, superaron sus expectativas fue la respuesta de los profesionales de la Educación.
No se trata de trabajadores ajenos a las dificultades del país. También enfrentan largas caminatas debido a las limitaciones con el transporte, horas de descanso afectadas por los cortes eléctricos y mayores complejidades para resolver la alimentación en sus hogares.
La situación adquiere una dimensión particular en el caso de quienes son, al mismo tiempo, madres, padres o responsables de familia.
Sin embargo, muchos llegan primero a las escuelas para recibir a sus estudiantes y sostener la jornada.
La valoración de ese esfuerzo no oculta la dificultad que lo hace necesario. Al contrario, muestra cuánto depende hoy el funcionamiento cotidiano de las instituciones de la capacidad de sus trabajadores para asumir condiciones que no son normales para el desarrollo de la actividad educativa.
A ese esfuerzo se suma el de las familias. Muchas situaciones que aparecieron al comenzar el curso han debido resolverse mediante acuerdos entre el hogar y la escuela, con variantes diferentes según las posibilidades de cada comunidad, comentó.
NO HAY UNA SOLUCIÓN ÚNICA PARA TODAS LAS ESCUELAS
La alimentación, el transporte y las posibilidades de permanencia durante toda la jornada han condicionado parte de las decisiones.
La Ministra explicó que algunas instituciones, que inicialmente se proyectaban con una sola sesión, han podido establecer doble sesión. También aumentó la cantidad de centros de educación primaria y primera infancia con horario extendido.
Pero que una institución pueda hacerlo no significa que todas estén en condiciones de asumirlo, aclaró. Esa es precisamente una de las complejidades que ha dejado septiembre: la diversidad de situaciones.
No es igual la ruralidad que la ruralidad de montaña o la capital. Tampoco son iguales las distancias, la disponibilidad de docentes o las posibilidades de respuesta de un gobierno local.
Por eso, explicó la Ministra, cada institución ha tenido que establecer un modelo de funcionamiento acorde con sus condiciones.
El reto es que esas adecuaciones no se conviertan en improvisaciones. Los ajustes deben discutirse en los colectivos pedagógicos y ser aprobados por las autoridades competentes cuando corresponda. Las familias, además, necesitan conocer con claridad cómo funcionará la escuela.
PRESENCIALIDAD, PERO CON AJUSTES
La mayor presencialidad posible continúa siendo el principio rector.
La Ministra insiste en que, para niños y adolescentes, la escuela no es solamente el espacio donde reciben contenidos. Es también el lugar donde se relacionan con sus compañeros y construyen parte importante de su desarrollo.
«No hay nada más importante para un adolescente que compartir con otros adolescentes», afirmó.
Por eso, las alternativas de funcionamiento no buscan sustituir la escuela por fórmulas a distancia, sino aprovechar de otra manera los tiempos y espacios disponibles.
La titular del sector educativo manifestó que si al comenzar la jornada todavía no han llegado todos los estudiantes o profesores, pueden desarrollarse actividades comunes y, cuando se completa la presencia del alumnado, se desarrollan las clases correspondientes.
Se trata de utilizar posibilidades pedagógicas existentes para responder a una realidad excepcional. Pero la Ministra advierte que esa libertad pedagógica tiene un límite claro: no puede convertirse en improvisación.
La imposibilidad de entregar uniformes a todos los estudiantes es otro de los problemas concretos de este inicio de curso. Las dificultades de la industria, particularmente las relacionadas con la disponibilidad energética, limitaron la producción, comentó la Ministra.
El uniforme representa, explicó, una expresión visible de equidad, por eso se mantiene el seguimiento de la producción semanal para llegar a quienes aún no disponen de él.
UNA DIFICULTAD QUE NO COMENZÓ EN SEPTIEMBRE
La cobertura docente tampoco constituye un problema nuevo. Trujillo Barreto reconoció que existen dificultades desde hace algunos años y que estas fueron consideradas al preparar el curso.
La respuesta ha incluido la incorporación de jóvenes, universitarios y personas procedentes de otros sectores, pero la necesidad continúa.
Una educación inclusiva, gratuita y con los currículos establecidos requiere claustros numerosos.
También se han reincorporado jubilados, cuyo aporte resulta importante por la experiencia acumulada. Al mismo tiempo, requieren acompañamiento ante cambios en la didáctica y el uso de tecnologías que no necesariamente formaron parte de sus prácticas anteriores. «Tenemos que ayudarlos a todos», sostuvo.
MIRAR DE MANERA DIFERENCIADA A QUIENES MÁS LO NECESITAN
Otro de los esfuerzos se concentra en los niños y adolescentes en situación de mayor vulnerabilidad. El Ministerio –dijo– evalúa situaciones individuales para determinar qué necesita cada estudiante: transporte, alimentación durante el traslado, apoyo en el aprendizaje u otra forma de acompañamiento.
Ese trabajo se articula con el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y con las comunidades. En paralelo, avanza la implementación del Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes, y la preparación de lugares de acogimiento urgente para niños sin cuidado parental. Prácticamente todos los territorios cuentan ya con condiciones para establecer estos espacios.
También se han priorizado instituciones particularmente complejas, entre ellas las de educación especial y las destinadas a niños con autismo. Son ámbitos donde las limitaciones generales tienen un impacto mayor y requieren respuestas específicas.
Comentó que la asistencia se evalúa de forma permanente, al igual que la continuidad de estudios de quienes concluyeron sexto o noveno grado.
Las autoridades analizan los casos en que aparecen obstáculos relacionados con transporte, distancia, costos o situaciones familiares.
En algunos territorios la asistencia ha resultado superior a los pronósticos iniciales; en otros, no ocurre lo mismo y se continúa trabajando con las familias.
OCTUBRE DEBERÁ CONSOLIDAR LO APRENDIDO
Septiembre ha sido, en palabras de la Ministra un mes de «muchos ajustes».
Durante la primera quincena de octubre quedarán certificados los modelos de funcionamiento de las instituciones a nivel municipal y provincial: media sesión, sesión completa, horario extendido y las variantes para los ciclos de concentrados.
El objetivo es que las decisiones de cada escuela queden establecidas y conocidas, y que las familias puedan organizarse a partir de ellas.
La experiencia acumulada durante septiembre deberá permitir mejores ajustes en los meses siguientes. Pero la Ministra también advierte que el agotamiento de las personas puede crecer si las condiciones se mantienen.
Ese es uno de los puntos que atraviesan todo el balance: que la educación continúe no significa que las dificultades hayan desaparecido. Significa que, ante ellas, el sistema educativo ha tenido que modificar su funcionamiento, apoyarse en las familias, los gobiernos locales y otros actores, y buscar soluciones diferentes para cada realidad.
«A la familia también tenemos que decirle con objetividad cuándo tenemos condiciones para estar el día entero en la escuela y cuándo no es posible», afirmó. La transparencia sobre esas posibilidades, junto con la planificación y la evaluación cotidiana, aparece así como otra de las claves del curso.
Septiembre dejó una escuela que permanece abierta y activa, pero también mostró cuánto cuesta sostenerla en las actuales circunstancias de bloqueo recrudecido



