
Foto: Dunia Álvarez Palacios
Las Tunas.–A ojos de quienes lo ven por primera vez parece una linda casa de familia. Y eso era, hace años. Entre esas paredes, y en el amplio patio, caminaba, reía y jugaba el niño que, después, fue el floretista Carlos Miguel Leyva González.
Apenas tenía 19 años cuando manos asesinas le arrebataron su vida, el 6 de octubre de 1976, junto a otras 72 personas. Regresaba a su tierra, triunfante, luego de participar en las competencias regionales de esgrima, con sede en Caracas, Venezuela.
Para Cuba, la pérdida de más de medio centenar de sus hijos en la explosión de un avión civil fue un golpe demasiado duro para ser descrito, de los que no se olvidan jamás porque el dolor –como dijo el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz– se multiplica. Y 50 años después todavía brotan lágrimas, por tantas vidas inocentes.
El museo atesora algunos de los pocos documentos y pertenencias que pudieron recuperarse.

UN LUGAR PARA LA ETERNIDAD DE LA MEMORIA
En la provincia de Las Tunas, como en cada rincón de este país, se les lloró con angustia e impotencia. Pero, la tristeza se hizo compromiso y, por iniciativa de Faure Chomón Mediavilla, por entonces primer secretario del Partido Comunista de Cuba en el territorio, se diseñó un espacio para honrarlos.
Así nació el museo Mártires de Barbados, el único en el mundo que rinde homenaje a las víctimas de tan abominable crimen. Se inauguró el 2 de julio de 1978, menos de dos años después del repudiable hecho y ahí está, incólume a pesar de las cicatrices del paso del tiempo.
Mucho se ha hecho por su conservación, según explica la directora del centro, Maelis Martínez Páez; incluso, las actuales paredes de mampostería simulan la madera que tenía la construcción original y son más resistentes a los fenómenos naturales. «También trabajamos para mantener viva la memoria de nuestros héroes.
«El museo cuenta con dos salas de exposiciones que están abiertas al público de martes a sábado, aunque algunos domingos recibimos visitas dirigidas. Para ellos exponemos 14 piezas de las 522 que se atesoran aquí.
«Cada mes se presenta una muestra, en dependencia de las efemérides que se conmemoran, pero siempre se hacen en homenaje a las víctimas del crimen, y explicamos detalles de lo que ocurrió ese día, recogido en diferentes investigaciones.
«Hacemos el simposio Barbados en la Historia, en el que participan historiadores, estudiantes, educadores y pueblo en general, con ponencias sobre el atentado, las denuncias de Fidel y otros líderes mundiales ante las acciones terroristas».

PIEZAS QUE CONMUEVEN
Las dos bombas que estallaron en pleno vuelo ocasionaron la muerte de 57 cubanos, 11 guyaneses y cinco coreanos. Sus cuerpos dejaron de existir físicamente y se quedaron en la inmortalidad, tanto en la historia como en el corazón de las personas que todavía reclaman justicia.
En el fondo del mar quedó la mayoría de sus restos. Y también, las partes y piezas de la nave cu 455 de Cubana de Aviación. Los pocos objetos que pudieron rescatarse se atesoran en este local de la ciudad de Las Tunas.
«Entre los bienes patrimoniales del museo tenemos documentos, fotografías y objetos personales. La colección cuenta también con certificados y pasaportes internacionales de vacunación y fragmentos del avión», refiere la especialista Marbelis Ramírez Ramírez.
«Cuando recibimos a los visitantes se viven momentos de mucha emoción. Les llama la atención el fragmento del fuselaje del avión, en el que se aprecia una esquirla incrustada, y a los niños les conmueve ver los floretes de Carlos y de Leonardo Mackenzie Grant, otro tunero que venía en ese vuelo y cuyo nombre lleva hoy la sala polivalente de esta ciudad.
«También mostramos un panel con las fotografías y los nombres de las víctimas y tenemos libros y documentales sobre el hecho. Este es un museo chiquito, pero con una gran historia, que mueve sentimientos fuertes, porque las personas llegan aquí y a veces hasta lloran».PUERTAS ABIERTAS A LAS
NUEVAS GENERACIONES
Para los tuneros, los pasajeros y la tripulación del avión de Barbados se mantienen vivos en la memoria y el recuerdo, aunque sus vidas quedaran truncas entre el cielo y el mar. Por eso abre sus puertas el museo, especialmente para contar la historia a las nuevas generaciones.
«Todos los meses recibimos a dos o tres colectivos estudiantiles –asegura la guía de exposición Idalmis Batista Moreno– y realmente debemos prepararnos porque los niños hacen muchas preguntas sobre el hecho.
«Es evidente que los padres y maestros les han comentado detalles históricos. Tratamos de responder a su curiosidad y siempre se van agradecidos, porque encuentran aquí otros elementos de esos días tan tristes para el pueblo cubano.
«Tenemos un círculo de interés que se llama Barbados en la historia, del centro escolar Noelio Capote, y con esos estudiantes conversamos sobre diferentes temas, como la biografía de las víctimas, las agresiones contra Cuba y el terrorismo».
DETALLES POCO CONOCIDOS
Hay tres aspectos poco conocidos que vale la pena resaltar en este aniversario luctuoso. El primero de ellos es que al fondo del museo radica la academia de esgrima, para que los niños vinculen la historia con la práctica del deporte.
Otro, que en el patio de la institución se erige una simbólica escultura del matancero Juan Esnard Heydrich, titulada Nuestros muertos alzando los brazos. La obra resultó premio del Salón Nacional de la Uneac en 1978, y fue colocada en el lugar un año después.
Además, luego de investigaciones históricas, en el año 2005 se demostró que entre las víctimas de Barbados había un tercer tunero. Se trata de Manuel Abelardo Rodríguez Font, nacido el 23 de enero de 1926 en Chaparra, cabecera municipal de Jesús Menéndez.
Desde su juventud, el Jefe de la Unidad Cubana de Aviación en Barbados vivía en Santiago de Cuba, pero mantuvo vínculos sentimentales con su lugar de nacimiento y lo visitó en algunos momentos. En su honor se develó una tarja, frente a su casa natal.
UN TESTIMONIO PARA EL PRESENTE Y EL FUTURO
A medida que pasan los años, aquella fecha se aleja en el tiempo, pero no en el corazón, no el recuerdo. Por eso, el Memorial… permanece como testimonio perenne de denuncia, como prueba irrebatible de la sangre fría que ha tenido el enemigo para herir a este pueblo, sin contemplaciones ni cargos de conciencia.
Este sitio, constituye un nexo, entre presentes y futuras generaciones, que no vivieron de cerca aquel triste momento, pero pueden ser testigos de él, porque la historia habla siempre, fuerte y claro, como el más regio de los jueces.

