Como dice el poeta, con la Patria no se juega porque tiene lengua de fuego
Con el acompañamiento a través de video-conferencia del General de Ejército, Raúl Castro Ruz, y con la presencia del Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, abrió su jornada de reflexión, este miércoles en la mañana, el séptimo período ordinario de sesiones del Parlamento en su X Legislatura.
![]()
Estudios Revolución
Los buenos cubanos seguiremos empujando este país; los buenos cubanos seguiremos de pie. Fueron ideas que formaron parte, en la mañana de este miércoles, de la brevísima pero estremecedora intervención del poeta, etnólogo y diputado Miguel Barnet Lanza durante el séptimo período ordinario de sesiones del Parlamento en su X Legislatura.
En una jornada de reflexiones dedicada a la guerra a muerte que el imperio norteño hace hoy a Cuba -la cual estuvo acompañada por la atención del General de Ejército Raúl Castro Ruz, a través de video-conferencia, así como por la presencia del Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez-, Barnet recordó la definición del maestro cubano Fernando Ortiz, según la cual la cultura es la Patria. Lo dijo para recordar que la Patria no se toca; y que hay que tener mucho cuidado con ella pues tiene lengua de fuego.

Ese fuego es, para esta reportera, el magma de la resistencia cubana en la hora actual. Es la rabia contenida del «llueve, pero no me mojo» -como cantaría Silvio Rodríguez-, mientras vivimos las noches más largas, las más oscuras y calurosas, las de tantas ausencias y penurias, las de muertes inmensas y leves. Pero negados a bajar la cabeza porque, como diría un viejo maestro, nadie nos hizo la bisagra de la rendición.
La voz del poeta-etnólogo, junto con otras en el Salón Plenario del Palacio de las Convenciones en La Habana, estuvo precedida de una contundente intervención del ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, acerca de la situación actual del estado internacional en relación con la Isla. Poco tiempo después de sus palabras ante los diputados, el canciller escribió desde su cuenta en la Red Social X:
«Alerté que el gobierno de Estados ha tomado la decisión de quebrantar y destruir el Derecho Internacional, la Carta de las Naciones Unidas y los pilares que emergieron de la II Guerra Mundial y durante más de 80 años han guiado las relaciones entre los Estados, sobre la base del respeto a la soberanía y el principio formal de la igualdad soberana entre los Estados».

«Ha demostrado, además, su capacidad relativa y temporal de imponer su voluntad a diversos gobiernos, por encima de las prerrogativas soberanas y constitucionales de estos, mediante la intimidación, la coerción y, muy específicamente, la utilización de aranceles comerciales punitivos».
El titular denunció desde su cuenta en X que la actual administración estadounidense «ha acudido a la agresión militar, a guerras sin justificación alguna, al bombardeo de poblaciones civiles, al secuestro de un Jefe de Estado en ejercicio, al asesinato político, al terrorismo de Estado, al “cambio de régimen” y a la guerra cognitiva o no convencional».
«Fundamentan esa conducta en una nueva e insólita doctrina que titulan “paz por vía de la fuerza”, como la supuestamente surgida en el pasado histórico del saqueo, el despojo, la conquista, el exterminio, la ocupación, la esclavitud, la limpieza étnica, o la paz de los viejos imperios coloniales, las Guerras Mundiales, del fascismo y el nazismo, de la Doctrina Monroe y sus Corolarios, del diseño que debe haber motivado Hitler cuando se propuso reconfigurar el mapa de Europa en la primera mitad del siglo XX o más recientemente con el malogrado rediseño del Indo Pacífico, del Nuevo Medio Oriente o de la OTAN».

En su alocución ante la sesión parlamentaria, Bruno Rodríguez recordó que el imperio ha declarado a Cuba como un peligro por su ejemplo de resistencia; y más adelante expresó que, a esa definición mendaz de peligro, se suma la sed de venganza de los herederos de Fulgencio Batista, asesino de unos 20 mil seres humanos. «Nos condenan a una guerra despiadada y sin cuartel», recalcó el canciller, quien también denunció la pretensión de coartar la voluntad solidaria para con Cuba, y de desconectar a la Isla de la economía internacional.
Ellos, dijo el titular, mienten descaradamente cuando afirman que el bloqueo no existe. Rodríguez Parrilla alertó sobre un escenario muy peligroso, sobre la capacidad destructiva y despiadada de los Estados Unidos; pero también reparó en que, aun en tales circunstancias, la Mayor de las Antillas disfruta de amplias y profundas relaciones en todo el mundo.
El pueblo cubano -reflexionó el canciller- «está al tanto de las noticias y comprende con toda claridad que está en curso un plan macabro y bien diseñado, orientado a cortar, paso a paso, las fuentes de ingresos financieros, el acceso a mercados y tecnología, y los suministros esenciales para la economía y la vida de los cubanos, incluyendo alimentos y medicinas».

«Se suman a esas limitaciones y otras significativas, las impuestas con el bloqueo energético total, que está en vigor desde enero de este año y que, con el uso de todos los medios, prácticamente impide la importación no solo de combustibles, sino de elementos y piezas, incluidos paneles solares y todo insumo o tecnología asociada a la generación eléctrica».
Seguidamente Bruno Rodríguez recalcó que “está también consciente nuestro pueblo de que la amenaza de agresión militar sigue vigente”. E hizo énfasis en que, “aun cuando no se concibe ni es lógicamente concebible qué excusa o pretexto podría esgrimirse para acto tan criminal e irresponsable, el apetito agresivo de los sectores anticubanos de Estados Unidos no parece tener límites».
«Son los mismos que celebran como el éxito de su política, la agonía y el sufrimiento de una madre que pierde a un hijo por carencias de insumos médicos. Son los que se alegran por cada megawatt que deja de generarse en el país, por las horas de apagón que soporta el pueblo, por las restricciones de abasto de agua que encaran segmentos significativos de la población, por la basura que no logra recogerse y la desarticulación del transporte público».

En otra parte medular de su intervención el titular enunció que «el gobierno de Estados Unidos conoce muy bien nuestra disposición a encontrar solución a las diferencias bilaterales por la vía del diálogo y le consta la paciencia con que hemos aceptado su propuesta de conversar sobre bases de respeto».
«Estados Unidos y todos observan nuestra disposición a acceder, pese a mentiras y manipulaciones, a un ofrecimiento de ayuda, que curiosamente se califica de humanitaria, por un monto que meramente equivale al impacto económico y social de cinco días del bloqueo, que es inferior a la ayuda del Programa Mundial de Alimentos que trató de impedir, y a pesar de que la brinda el mismo gobierno empeñado, inútilmente pero provocando hondo dolor y sufrimiento, en generar en Cuba una crisis humanitaria».
En otro momento de sus palabras el canciller hizo énfasis en que «Cuba no es una amenaza para Estados Unidos, ni desea ser su adversario o un enemigo. Nuestra vocación es de paz, como consta en las relaciones que disfrutamos con toda la comunidad internacional y en la Proclama de Paz de la América Latina y el Caribe, firmada por los Jefes de Estado y Gobierno de la región, en La Habana».

El canciller recalcó: «tenemos el derecho y el deber supremo de defendernos, incluso con las armas, si somos agredidos militarmente».
En cuanto a las relaciones con el «voraz vecino del Norte», el titular comentó que «seguimos aspirando a la eventual posibilidad de una relación respetuosa y constructiva», siempre con «absoluto, total y completo respeto a los derechos y prerrogativas soberanas de cada parte, que es como se conducen las relaciones entre los Estados». Igualmente hizo explícita la inmensa gratitud con las expresiones de solidaridad, en el mundo, ante la causa de Cuba; y recordó la máxima fidelista de que la bandera revolucionaria no se plegará jamás, la frente alta de la nación no se plegará jamás.
Con una frase inolvidable de José Martí cerró el canciller su alocución: «antes que cejar en el empeño de hacer libre y próspera la Patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte, y nacerá una serpiente de un huevo de águila».

Una vez concluida la intervención del titular, el Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado, Esteban Lazo Hernández, extendió un sentido reconocimiento a los trabajadores del Ministerio de Relaciones Exteriores, quienes, en estos tiempos convulsos, han sabido levantar con brillantez la voz digna de Cuba.
Declaración por Cuba, y una voluntad de resistir que no se negocia
En voz de Ana María Mari Machado, vicepresidenta de la Asamblea Nacional del Poder Popular, fue escuchada en la mañana de este miércoles la Declaración de condena a la agresión genocida del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba y al empeño imperialista de doblegar por vía de la fuerza la voluntad soberana de los cubanos.
El texto deja explícito que «el compromiso de la nación con la defensa del derecho inalienable a la libre determinación, la salvaguarda de su independencia y la determinación de construir el socialismo son pilares sólidamente constituidos e innegociables». Y añade:
«Dos órdenes ejecutivas presidenciales, con fechas del 29 de enero y el Primero de mayo, son ejemplos concretos de la política de máxima presión que tiene por filosofía el castigo colectivo a todo un pueblo. A ellos se suma la infame acusación contra el General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder de la Revolución Cubana».

Más adelante la Declaración ratifica que «las amenazas reiteradas de agresión militar constituyen un crimen internacional, según registra la Carta de las Naciones Unidas. De materializarse un acto irresponsable de esa naturaleza, tropezará con la férrea e inclaudicable resistencia del pueblo cubano, que no cederá un palmo de su territorio, ni la más mínima de sus prerrogativas soberanas».
Hacia el final del texto, puede leerse: «En nombre del pueblo de Cuba, la Asamblea Nacional del Poder Popular hace un llamado a los parlamentarios de todos los países a aunar las voces y las voluntades en aras de evitar la agresión militar de Estados Unidos contra Cuba, poner fin a la guerra silenciosa y genocida que se impone al pueblo cubano, y defender la paz, la amistad y la solidaridad».
Fue ese el punto de partida para que las diputadas y diputados compartieran ideas y sentimientos de total apoyo a la Declaración: Ellos denunciaron el odio visceral que el pueblo cubano está sufriendo y no merece; así como la convicción de que Cuba vencerá.
Leidys María Labrador Herrera habló de «heridas que no vamos a perdonar nunca». Fernando González Llort denunció el intento enemigo de dividir a los cubanos. Y el viceprimer ministro y titular del Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva Fraga, ilustró con un ejemplo la envergadura de un cerco que está impactando gravemente en la vida de los cubanos:
Más de siete mil contenedores -detalló el titular- no han podido arribar a la Isla por culpa de la guerra imperial. Son cargamentos que contienen medicinas, alimentos, recursos para la batalla energética del país y para optimizar el servicio de agua potable. Es un cerco que está cobrando vidas.
El Parlamento aprobó por unanimidad el Proyecto de Declaración. Y mientras el odio anda suelto, desde el corazón de una cubana, desde la visión cristiana de una diputada, emergió un deseó que se dejó escuchar este miércoles en el Salón Plenario: «¡Que Dios bendiga a Cuba por siempre!».


