Un triunfo recorre el mundo: Cuba recibió el apoyo de la gran mayoría de países miembros de la ONU, a su resolución sobre la necesidad de poner fin al bloqueo impuesto por el Gobierno de Estados Unidos. Pero hay ciertos votos en contra que me cuesta entender.
No son los de la Argentina presidida por Milei, ni los de Colombia o Ecuador con la derecha en el poder, tampoco los de Chequia, Hungría o Lituania, aun cuando Chile, Perú y República Dominicana solo se abstuvieron.
Son votos que no sorprenden y, sin embargo, saben mal, sobre todo cuando sabes que ni el salvadoreño Bukele ni el hondureño Asfura, impuesto por Trump, participaron del libreto del amo norteño.
Cierto que algunos europeos se pasaron de cobardes esta vez, porque Italia, Alemania o Países Bajos no deberían inclinarse ante el águila rapaz de Norteamérica. Pudieran mirarse en el espejo de España, Francia, Reino Unido o Irlanda, incluso en el de Canadá, Japón y otros países ricos, no postrados ante el gendarme mundial.
Pidiera comprender por qué Marruecos vota en contra de Cuba, debido a nuestro apoyo a la causa del pueblo saharaui; mas, no entiendo por qué lo hace Ucrania, a pesar de ser gobernada por Zelenski.
Desde luego, no es su pueblo quien acude a la Asamblea General de Naciones Unidas, sino un comediante envestido de poder, un corrupto a quien le importa más llenarse los bolsillos que la historia o la vida de sus compatriotas.
Únicamente un desnaturalizado como él podría olvidarse de la actuación de Cuba ante el desastre de Chernobyl. Solo un ingrato no pensaría primero en la gratitud por los tantos niños ucranianos acogidos en Tarará para su rehabilitación.
No obstante, hay otros países como Angola, Granada, Etiopía o Namibia, que jamás desecharán las páginas de heroísmo de los cubanos en su suelo; como Vietnam, México, Brasil, Argelia, Nicaragua, Saint Kitts, San Vicente, Sudáfrica, Gambia o Pakistán, con una gratitud infinita.
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