El 25 de julio de 1976 se escuchó y vivió desde Montreal la que podemos considerar una de las narraciones deportivas más emocionantes de una actuación del deporte cubano. Su duración no llegó a los dos minutos y alcanzó su clímax durante la descripción de los segundos finales de la carrera final de los 800 metros planos, cuando en la voz intensamente dramática del comentarista Héctor Rodríguez (1946-2012) se escuchó:
¡Ahí viene Juantorena con el corazón, Juantorena, Juantorena!
El tiempo registrado por Juantorena en aquella jornada, 1:43,50, constituyó récord olímpico y mundial.
Cuatro días después, el 29, se corrió la final de los 400 metros y nuevamente Juantorena ganó la medalla de oro. Por vez primera y única, pues no se ha repetido la proeza, un mismo corredor ganaba en Juegos Olímpicos las pruebas de 400 metros (velocidad) y 800 metros (semifondo).
Un año después, en la Copa Mundial de Atletismo de Dusseldorf, Juantorena repetía el doblete histórico. Fue tal su resultado en ambas ocasiones que tanto en 1976 como en 1977 la Asociación Internacional de la Prensa Deportiva lo eligió el Mejor Atleta del Mundo. También se le exaltó al Salón de la Fama de la Federación Internacional de Atletismo (IIAF).

El santiaguero Alberto Juantorena Danger (1950), el Elegante de las pistas, fue la gran figura de la delegación cubana a aquellos Juegos, que arrojaron un botín de seis medallas de oro (los boxeadores Jorge Hernández, Ángel Herrera y Teófilo Stevenson, el judoca Héctor Rodríguez y las dos de Juantorena), cuatro de plata (los boxeadores Andrés Aldama, Ramón Duvalón y Sixto Soria, y el corredor de 110 metros con vallas Alejandro Casañas) y tres de bronce (los púgiles Rolando Garbey, Luis Felipe Martínez y el equipo femenino de volibol). ¡Soberbia actuación!
“Este hombre no corre; por el contrario, se desplaza con la elegancia de un consumado bailarín sobre las tablas”. Así encabezaba su crónica un periodista canadiense testigo de la carrera en que Juantorena conquistaba su primera medalla de oro olímpica en Montreal 76 en los 800 m planos.
Con una estatura de 1,90 m, excelente poder de saltabilidad y rápidos desplazamientos, la aguja deportiva de Juantorena giró primero para el baloncesto. Pero algo no cuajaba del todo.
En definitiva, y siempre orientado por un entrenador de atletismo, fue el propio Juantorena quien decidió probar suerte en el óvalo. El 8 de marzo de 1971 el futuro campeón hizo 1:07,00 en 500 m. Tal registro bastó para el técnico de la selección cubana, el polaco Zigmunt Zabierzowski, quien desde un inicio confió en el joven pupilo y le brindó el vasto caudal de su experiencia y conocimientos. Juantorena no lo defraudó.

Tras la gira atlética precedente a los Juegos Olímpicos de Munich 72, el espigado corredor figuró entre los 16 competidores de campo y pista que representarían a Cuba en la cita alemana. Allí ocuparía el quinto lugar en semifinales, con 46,07 en los 400 m planos. Pero Zigmunt quedó conforme. Un año después, Juantorena sería declarado Mejor Atleta del Año en Cuba y en Latinoamérica, a propuesta de la Agencia de Noticias Prensa Latina.
Luego vendrían las inolvidables jornadas de Montreal, donde el Elegante de las Pistas hizo vibrar los corazones de toda Cuba y de los muchos admiradores que ya había cosechado en el mundo.
Concluida la Olimpiada de Moscú, en 1980, y a las puertas del retiro, a Alberto Juantorena quedábale aún otra demostración magistral por estampar en el recuerdo. Tuvo lugar durante la celebración en La Habana de los XIV Juegos Centroamericanos y del Caribe en agosto de 1982, cuando en el tramo final del relevo de 4 x 400 metros masculinos recibió el batón con una considerable desventaja y con un despliegue de fuerza y velocidad increíbles, zancada a zancada, a paso arrebatador cruzó la meta en primer lugar en medio del delirio de los espectadores. ¡Qué bárbaro el Elegante de las pistas! Recordar —aquí válido como nunca— es volver a vivir.
