Yaquelín Castro fue la primera delegada directa al 22 Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) elegida en la provincia de Sancti Spíritus. Han transcurrido varios meses de ese momento inolvidable en la trayectoria laboral de la profesora de computación de la institución educativa Valle Grande de Jatibonico. Desde ese día hasta esta semana en la que sesionará la magna cita, se han suscitado múltiples transformaciones en la vida de los cubanos.

Pero en medio de tantas limitaciones que acompañan la cotidianidad, la educadora se enorgullece de representar a un colectivo inquebrantable en su empeño por formar a niños con discapacidad intelectual para su futura incorporación laboral y social.
No hay algoritmo capaz de calcular la entrega de un maestro, ni programa que procese el cariño de los estudiantes, asegura la profe Yaquelín. “Educar a infantes con características especiales es una labor de mucha dedicación, sensibilidad, humanismo y pasión por el magisterio. Soy una voz que trasmite el valor del reconocimiento a los trabajadores de la educación, porque del aula salen todos los recursos humanos que se forman en el país. El maestro es la base de muchas otras profesiones y oficios.
“En mis clases, además de enseñar las bases de la computación como medio de enseñanza, herramienta de trabajo y objeto de estudio, no puede faltar el espacio para transmitir el legado de la obra de Martí y de Fidel. Cubanos con capacidad predecir el futuro y darlo todo por esa visión de que Patria es humanidad”.
En un mundo cada vez más digital la profesora de computación demuestra que el código más valioso se escribe desde el corazón de quienes educan y construyen el futuro desde la trinchera del saber. Para esta delegada al congreso obrero no hay conexión más clara, que la que emana de la conciencia y el trabajo.
