En la tarde de este viernes, la virtualidad se convirtió en el escenario de un encuentro continental cargado de simbolismo y definiciones políticas. Con la participación de 30 personas, entre las que se encontraban destacados dirigentes sindicales cubanos y representantes obreros de América del Sur, Centroamérica, el Caribe y España; la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) y el Instituto Obrero Internacional articularon una jornada de debate que tuvo dos ejes fundamentales: la denuncia del recrudecimiento del bloqueo estadounidense y el balance de la campaña solidaria «Mi firma por Cuba».

El encuentro, que forma parte de una serie de diálogos continentales (mañana sábado se efectuará con África y próximamente con Asia y Europa), permitió conocer el impacto tangible de la solidaridad internacional. Según informaron los organizadores, hasta la fecha se han reunido alrededor de 120 mil firmas en respaldo al gobierno cubano, una cifra que supera las expectativas iniciales y que se enmarca en los acuerdos alcanzados durante el Simposio Internacional del pasado Primero de mayo.
No obstante, el trabajo no termina aquí; se anunció que la campaña se extenderá hasta el próximo 26 de julio, una decisión estratégica que, en palabras de los anfitriones, «significa que sobra tiempo para seguir con más fortaleza y recibir más rúbricas».

Pero más allá de las cifras y durante su intervención, Osnay Miguel Colina, presidente de la comisión organizadora al 22 Congreso de la CTC y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, puso el foco en la escalada agresiva de la administración estadounidense. Colina fue contundente al calificar el actual cerco energético como un ataque de «carácter genocida», señalando que las recientes órdenes ejecutivas —en particular la 14380 (del 29 de enero) y la 14404 (del 1 de mayo)— no son medidas aisladas, sino parte de una «guerra económica» deliberada que busca asfixiar a la población y generar descontento social.
En este sentido, reveló datos alarmantes: solo en 2025, las pérdidas materiales por el bloqueo ascendieron a más de 7.500 millones de dólares, lo que representa un incremento del 49% respecto al periodo anterior, una cifra que evidencia la crudeza de la persecución financiera y el estrangulamiento comercial.
Ante este panorama hostil, la respuesta cubana no se ha hecho esperar y fue otro de los pilares del discurso sindical. Lejos de claudicar, Colina detalló que el gobierno, encabezado por el presidente Miguel Díaz-Canel, ha aprobado 176 propuestas de transformaciones fundamentales.
El dirigente fue enfático en despejar cualquier duda sobre el rumbo del proyecto socialista: «Estas no son concesiones al imperio», reiteró, «sino una muestra de resistencia creativa para cambiar lo que haya que cambiar, emanciparnos por nosotros mismos y salvar las conquistas de la revolución». Este plan de actualización, que busca abrir espacios a la inversión privada y extranjera, corre en paralelo con un ambicioso programa de soberanía energética. Frente al cerco petrolero, Cuba acelera la instalación de parques solares fotovoltaicos y la distribución de sistemas solares para viviendas, priorizando a maestros y trabajadores de la salud, e incluso permitiendo por primera vez que los generadores de energía renovable vendan sus excedentes a terceros, una medida que demuestra la apuesta por la innovación ante la adversidad.
El componente internacional tuvo un peso específico durante la videoconferencia, donde se agradeció explícitamente la solidaridad activa de los sindicatos de México, Colombia, Brasil, Venezuela y Uruguay, entre otros, quienes han realizado donativos y alzado su voz en foros como la OIT.

«Su voz en Europa es fundamental», insistió Colina, subrayando que la defensa de Cuba es, en realidad, la defensa de la soberanía y la paz de toda Nuestra América, en sintonía con la proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz adoptada en la Cumbre de la CELAC en 2014.
El cierre de la jornada estuvo cargado de emotividad y reafirmación política. Tras las intervenciones de los invitados internacionales, entre ellos el presidente de la Central Autónoma de Trabajadores y Trabajadoras de Chile (CAT) , Ricardo Maldonado, quien destacó a Cuba como «un paradigma de la solidaridad», los anfitriones cubanos sellaron el mensaje con la consigna que ha resonado en las calles: «La patria se defiende».
Agradeciendo de corazón cada gesto de apoyo, los representantes de la CTC aseguraron que, pese a los apagones, la escasez y el castigo colectivo, el pueblo cubano sigue y seguirá construyendo su proyecto socialista, aferrado a su historia y a la certeza de que, con la unidad de los trabajadores del mundo, la resistencia se transforma en victoria.



