
Foto: Archivo
Nacido en Málaga el 25 de octubre de 1881, el pintor español Pablo Picasso constituye el creador, junto con Georges Braque, del cubismo, aunque su trascendencia no se resume solo a este hecho. Dilatada fue su trayectoria en la que exploró nuevos caminos y facetas del arte, como pocos artistas del siglo XX, sin deslindarse de los problemas de su tiempo.
En Cuba, la huella del autor de Las señoritas de Aviñón (1907) y Guernica (1937) no ha sido ajena. Uno de los primeros en airear su admiración por Picasso fue el escritor Alejo Carpentier, en septiembre de 1925, mediante una crónica de la revista Social titulada El arte múltiple de Picasso.
Al autor de El reino de este mundo (1949) se debe la irrupción de obras de Picasso en las galerías habaneras, pues gracias a él, y a la colaboración con otros artistas, se inauguró el 18 de junio de 1942, en el Lyceum Lawn Tennis del Vedado, la primera muestra del genio español en América Latina.
No podría faltar su amistad con el también pintor Wifredo Lam, a quien conoció en 1938 en París, cuando el cubano debió abandonar España debido a la persecución fascista de la época. Fue tan sólida la amistad entre ambos, que Picasso llegó a considerarlo como si de un familiar más se tratase, y no cabe dudas de que la obra de Lam bebió del influjo de su colega.
Producto de esta amistad —detalla el investigador y periodista Jorge Garrido Álvarez—, el pintor español conoció de la existencia de un antepasado suyo en el poblado de Sagua la Grande. Garrido Álvarez, en su libro La historia secreta de Picasso, detalla que se trata de Francisco Picasso Guardeño, abuelo del pintor, residente en Cuba entre 1864 y 1888.
Su abuelo, en búsqueda de fortuna, dejó en la península a una esposa y seis hijos, entre ellos a María, madre del pintor. Fruto de su estancia en la Isla, estableció relaciones con la negra liberta Cristina Serra, con la que tuvo cuatro hijos, quienes constituyeron la raíz del linaje de los Picasso en Cuba.
El autor explica, además, que el pintor visitó la Isla de incógnito en la década de los 50, posiblemente en busca de pistas sobre sus parientes cubanos, aunque esto ha sido puesto en duda por sus biógrafos españoles.
La obra de Picasso es un testimonio de la inquietud artística del siglo XX. Su producción atravesó múltiples etapas: el período azul (1901-1904), marcado por la melancolía y los tonos fríos; el período rosa (1904-1906), con temas de circo y arlequines; y el cubismo (1907-1914), movimiento que revolucionó la representación de la realidad al fragmentar las formas y multiplicar los puntos de vista. Más tarde, su arte se acercó al surrealismo y a la abstracción, sin abandonar nunca la figuración.


