Este contexto se suma al de una población que se reduce. Al cierre del año pasado, la nación caribeña contaba con 9 millones 434.593 habitantes, 313.414 menos que en 2024, de acuerdo con las cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI).Para Iliana Benítez Jiménez, doctora en Ciencias Sociológicas y profesora titular del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana (Cedem), la respuesta exige conectar la planificación económica con las urgencias de cada territorio.En declaraciones a Sputnik, la especialista propuso entender el comportamiento demográfico como «una dinámica que hay que atender en función de lograr la mayor satisfacción de las necesidades de la población que se tenga».Menos población, más presión sobre las pensionesLa ONEI advierte que la mayor de las Antillas enfrenta desafíos propios de sociedades muy envejecidas, pero con menos recursos económicos para afrontarlos. Benítez Jiménez manifestó que el desafío no depende únicamente de cuántas personas alcanzan la edad de jubilación, sino también de cuántas participan efectivamente en la actividad económica y realizan aportes al sistema.Según la investigadora, la emigración de personas en edades productivas y reproductivas reduce la disponibilidad de fuerza de trabajo, mientras que la informalidad limita las contribuciones de una parte de quienes sí desarrollan actividades económicas. «Estas actividades informales no están aportando a ese fondo», advirtió sobre el financiamiento de la seguridad social.La especialista señaló que la búsqueda de mayores ingresos, en un contexto de inflación y pérdida de poder adquisitivo de los salarios, puede llevar a las personas hacia ocupaciones informales. Sin embargo, esa salida tiene consecuencias tanto para las pensiones actuales como para la protección futura de quienes trabajan sin cotizar.La permanencia de las personas mayores en el empleo puede ayudar a conservar conocimientos y experiencia. No obstante, Benítez Jiménez distingue entre continuar trabajando por interés personal y hacerlo porque la pensión no permite cubrir las necesidades básicas.La posibilidad legal de continuar empleado, apuntó, no elimina obstáculos cotidianos como las dificultades del transporte, las barreras arquitectónicas o las interrupciones. Por ello, planteó la necesidad de adaptar horarios, la atención a los problemas de salud y el acompañamiento en el uso de nuevas tecnologías.¿Cómo se resuelve el relevo generacional?La reducción de la fuerza laboral también plantea un desafío de calificación. La salida de trabajadores experimentados no puede compensarse únicamente con la incorporación de un número equivalente de jóvenes, advirtió la investigadora.Por ello, la planificación debe anticipar las salidas, organizar la formación y crear espacios de intercambio entre generaciones. La permanencia de trabajadores mayores puede contribuir a ese proceso, siempre que las instituciones identifiquen y aprovechen su capacidad para enseñar.Igualmente, la adaptación económica tiene un componente inseparable de la organización familiar: quién cuida a las personas que necesitan ayuda y qué posibilidades tiene de mantener una actividad remunerada.Benítez Jiménez subrayó que esas responsabilidades recaen habitualmente en las mujeres. La distribución desigual de los cuidados puede impedirles incorporarse al empleo u orillarlas a abandonarlo, reduciendo tanto sus ingresos como su participación en la economía.Emigración, remesas y soledadLa salida de familiares al exterior puede modificar de formas distintas la vida de quienes permanecen en Cuba. Benítez Jiménez identificó un beneficio potencial en las remesas, que ayudan a cubrir gastos y mejorar las condiciones materiales. Pero advierte que el apoyo económico no sustituye necesariamente la presencia cotidiana.También mencionó casos en los que personas mayores asumen el cuidado de los hijos de familiares que emigraron. En esas circunstancias, pueden necesitar apoyo y, al mismo tiempo, convertirse en responsables de otras personas.Asimismo, la analista propone que los planes de desarrollo evalúen cuántos niños, personas mayores y habitantes en edades laborales residen en cada lugar antes de decidir qué infraestructura ampliar. «Quizás en un territorio es más necesaria la construcción de un hogar de ancianos que la de un círculo infantil», ejemplificó.La investigadora también insistió en las diferencias entre las áreas urbanas y rurales. A partir del monitoreo de la política de atención a la dinámica demográfica, señaló una tendencia a concentrar hogares de ancianos, casas de abuelos y otras actividades de atención en zonas urbanas, mientras algunas comunidades rurales pierden población joven.Personas mayores beneficiadasLa necesidad de adaptar los servicios al envejecimiento encuentra una expresión concreta en el Proyecto Sociocultural Cabildo Quisicuaba, en el barrio habanero de Los Sitios, donde Sputnik visitó el taller «Para Vivir a Plenitud» y el comedor social.Elsis Laurencio Calzado, directora del taller, destacó a este medio su importancia para quienes carecen de compañía cotidiana: «Muchos viven solos, viven lejos de Quisicuaba y, sin embargo, vienen aquí y se convierten en una familia». El taller funciona los martes y combina ejercicios, actividades culturales y recreación mediante la colaboración entre distintos sectores.Teresa Lage Calvo, licenciada en Deporte, explicó a Sputnik que ese espacio está concebido para incorporar a personas mayores en situación de vulnerabilidad. Entre los cambios que ha observado en los participantes, indicó una «mejor movilidad y coordinación» y añadió que «sus relaciones personales también han mejorado».Para María Eugenia Kessler Jorrín, de 81 años, el espacio ayudó a reorganizar su vida después de trabajar durante 54 años en una fábrica de tabacos. «Decidí ya jubilarme. Pero dije, bueno, ¿y ahora qué hago? Porque me siento todavía con vida», recordó a Sputnik.Su testimonio ilustra una dimensión del envejecimiento que trasciende la continuidad laboral: disponer de oportunidades para mantenerse activa y compartir con otras personas. «Todos los martes vengo con una alegría tremenda porque sé que voy a recibir amor», afirmó.Para Enrique Alemán, director de Quisicuaba y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), las respuestas económicas y sociales deben partir de una mirada inclusiva que reconozca las diferencias dentro de la población mayor. En declaraciones a Sputnik, propuso que los cambios estatales incorporen «la vida cotidiana del adulto mayor, la accesibilidad a los servicios y la protección de sus derechos».Desde esa perspectiva, el taller y el comedor no sustituyen la respuesta a los desafíos del empleo, las pensiones o la salud, pero muestran cómo traducir la adaptación demográfica en atención cercana. El objetivo, sostuvo, es que las personas mayores «se vean representadas, beneficiadas y con accesibilidad a cada una de estas transformaciones».



