Substack, otra alternativa para escribir y leer en la época de Internet
5 de Septiembre Cultura Opinión Portada

Substack, otra alternativa para escribir y leer en la época de Internet

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La lucha contra el antiintelectualismo y la inteligencia artificial crece cada día más en las redes sociales. Los usuarios buscan leer no solo libros, sino ensayos escritos por personas normales en su día a día.

Substack cuenta con más de 500 mil suscriptores de pago en sus boletines, publicados por una amplia gama de autores que van desde personas famosas hasta un joven escribiendo sus pensamientos en medio de la noche mientras estudia para un examen. En ella no existe la presión de captar la atención de los algoritmos ni de lograr cifras masivas de lectores, una característica del periodismo moderno, mayormente el estadounidense y de algunos países de Europa y Asia, que contribuyó a tensar el vínculo de confianza entre el público y la prensa.

Los contenidos están elaborados por una mezcla de periodistas de carrera, blogueros, especialistas, novelistas, aficionados, curiosos y profesionales de cuello blanco que buscan reforzar su marca personal, como los blogs que crecieron en popularidad en Internet a principio de los 2000.  Al crear una cuenta en Substack el usuario tiene la oportunidad de escoger de entre una serie de temas aquellos que le parecen interesantes. De estos dependen las recomendaciones que se reciben en la página de inicio, donde pueden aparecer desde notas escritas por otros usuarios a ensayos recientes o compartidos por otras personas.

La navegación en Substack puede ser diferente dependiendo de cómo sea usada por el usuario. La navegación desde la página oficial es idéntica a otras redes como Instagram o Facebook. Pero, los boletines pueden ser encontrados como páginas web separadas, en las cuales están los ensayos y las recomendaciones del autor de otros boletines interesantes o parecidos al encontrado.

La empresa ha intentado captar a escritores de renombre ofreciendo (a unos pocos elegidos) ayudas para el seguro médico, asistencia en diseño y fondos para contratar editores independientes. En algunos casos, Substack también ha pagado anticipos —a menudo de cifras generosas de seis dígitos— para incentivar a los escritores a producir contenido sin contratarlos como empleados. Los escritores de Substack también pueden solicitar acceso a un fondo de defensa legal que cubre hasta un millón de dólares en gastos jurídicos, evaluando cada caso de forma individual.

Cuando se lanzó en 2017, sus fundadores publicaron una especie de declaración de principios en el “Substack Blog” (gratuito). Tras comenzar con una anécdota sobre cómo el “New York Sun” incorporó anuncios en 1883, la publicación pasaba a detallar la situación actual del periodismo:

Los grandes tótems periodísticos del siglo pasado se están extinguiendo. Las organizaciones de noticias —y otras entidades que se hacen pasar por ellas— recurren a medidas cada vez más desesperadas para sobrevivir. Así surgen las fábricas de contenido, la búsqueda de clics, los artículos en formato de lista, los debates absurdos pero virales sobre ilusiones ópticas y la epidemia de noticias falsas. Igualmente, perjudicial es el hecho de que, a ojos de los consumidores, el contenido periodístico ha perdido gran parte de su valor percibido, especialmente en términos económicos.

Es fácil desanimarse ante este sombrío panorama, pero toda crisis encierra una oportunidad. Creemos que el contenido periodístico posee un valor intrínseco y que no tiene por qué ofrecerse gratuitamente. Creemos que lo que usted lee importa. Y creemos que nunca ha habido un momento mejor para reforzar y proteger esos ideales”.

Los fundadores, los inversores y los materiales de marketing de Substack tienen puntos de vista diferentes actualmente sobre la misión de la empresa. Dependiendo de la fuente consultada, Substack puede estar “reinventando el sector editorial”, “siendo pionera en un nuevo modelo de negocio para la cultura” o “intentando construir una economía mediática alternativa que otorgue autonomía a los periodistas”.

La forma en que los creadores vean la red social no es tan importante por cómo es vista por los usuarios. Para quienes están subscritos, ya sea de manera gratuita o pagada, a los boletines o solo leen los ensayos en la aplicación, es una forma de recuperar la mente de todos los productos sin sentido que llena las redes sociales. Otros llegan a esta app buscando leer escritos hechos por otras personas para alejarse de todos los contenidos de inteligencia artificial, incluso llegando a admitir que no les molestan los errores en estos ensayos, porque demuestran un toque humano del cual empieza a carecer el Internet.

El efecto homogeneizador de las plataformas digitales crea cierta confusión entre los lectores sobre qué constituye información periodística y qué es opinión. Substack es promocionado como un entorno acogedor para el periodismo, pero pocas de sus publicaciones ofrecen información original; la mayoría ofrece escritos personales, artículos de opinión, investigaciones y análisis.

Un boletín de Substack puede ser a la misma vez un producto y un portafolio: una forma de ganar dinero, pero también un espacio para mostrar personalidad, inteligencia y buen gusto. Al leer suficientes escritos es posible encontrar ciertos patrones incluso entre escritores que tratan temas totalmente diferentes. Aparecen con frecuencia párrafos de una sola oración, así como recursos retóricos inspiradores; además, existe un “tono Substack”, una cualidad semiprofesional adecuada para el correo electrónico masivo, los boletines llegan transmiten intimidad, empleando el lenguaje de la psicoterapia y la autoayuda.

Como toda red social Substack tiene puntos negativos, pero en estos momentos donde en muchos países la educación y los libros están siendo atacados es una forma perfecta de acercar a una gran cantidad de jóvenes a una puerta de entrada no solo a la lectura, sino también a escribir, ya sea sobre sus pensamientos interiores o sus opiniones sobre diferentes temas.

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