Bruno Rodríguez Parrilla denunció ante la prensa nacional y extranjera el impacto del cerco económico, comercial y financiero en el acceso a combustibles, agua, medicamentos, servicios de salud y transporte, y subrayó que «no castiga a un gobierno, castiga la vida cotidiana de un pueblo en todos los ámbitos».
El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de Estados Unidos contra Cuba constituye un acto de «castigo colectivo» que impacta directamente en la vida cotidiana de las familias cubanas, afirmó Bruno Rodríguez Parrilla, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido y ministro de Relaciones Exteriores, durante la presentación ante la prensa nacional y extranjera acreditada en el país del Informe de Cuba sobre el Bloqueo.
El titular de Relaciones Exteriores explicó que el informe que tradicionalmente presenta la República de Cuba al Secretario General de las Naciones Unidas, a solicitud de este, «aporta información rigurosa sobre los daños económicos, comerciales y financieros del bloqueo del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba».
Sin embargo, subrayó que en esta ocasión se pone énfasis en «el impacto tremendo en las personas, en las familias cubanas, en definitiva, en todo nuestro pueblo», porque «el bloqueo no castiga a un gobierno, castiga la vida cotidiana de un pueblo en todos los ámbitos, es un acto de castigo colectivo».
Ese impacto, señaló, se expresa en «los largos meses viviendo con solo dos o tres horas diarias de electricidad o menos, con los alimentos echándose a perder, el calor que no deja dormir, los padres abanicando a sus bebés, los niños en penumbras haciendo sus tareas escolares, los jóvenes sin conectividad o sin recreación, los abuelos sin televisión o a veces incluso radio, toda la vida familiar dañada».

Rodríguez Parrilla denunció, además, el impacto de las medidas dirigidas contra el suministro de combustibles. Recordó que la orden ejecutiva del Presidente de Estados Unidos, del 29 de enero, «decretó el bloqueo de combustibles que impide los suministros, incluso pagados, por la amenaza de sanciones», al tiempo que «intimida a las compañías dueñas de los buques, tanqueros y los acosa».
«Amenaza a las navieras y les prohíbe transportar incluso partes y piezas para las termoeléctricas o para sistemas fotovoltaicos», señaló.
En ese sentido, explicó que «un barco de crudo de 100 000 toneladas permitiría reducir drásticamente los apagones por aproximadamente dos semanas», mientras que la importación de fuel y diésel para los grupos electrógenos de la llamada generación distribuida permitiría «reducir el apagón al mínimo». Sin embargo, «el bloqueo de combustible impide importarlos».
Cuba, precisó, «ha cambiado aceleradamente la matriz energética con la fuente solar», pero también en este ámbito se han incrementado las presiones. «Ahora se amenaza a las navieras para que no traigan tampoco paneles solares ni baterías para los nuevos parques fotovoltaicos que hemos aprendido a instalar en solo 45 días», denunció.
El bloqueo energético, agregó, tiene consecuencias que van más allá de la interrupción del servicio eléctrico. «El castigo se expresa en las semanas sin abasto de agua», afirmó.

Explicó que las fuentes de abasto de agua funcionan mediante conjuntos de motores eléctricos que se detienen durante los apagones y que, incluso ante una interrupción breve, «requiere después varias horas para recuperar la presión de agua en las conductoras».
La misma situación, señaló, afecta a «las plantas de bombeo, las estaciones de rebombeo y los impulsores en las tuberías». Aunque estos sistemas se protegen con grupos electrógenos, «estos funcionan también con fuel o diésel que no nos dejan importar».
«El bloqueo nos priva de recursos, tampoco nos permite importar partes y piezas para esos grupos electrógenos», denunció. No obstante, afirmó que «trabajamos arduamente para movilizar grupos electrógenos con capacidad de funcionar y para asegurar energía fotovoltaica al suministro de agua».

UN APAGÓN PUEDE DEFINIR UNA VIDA
Las consecuencias adquieren una dimensión especialmente dramática en el sistema de Salud Pública. «El bloqueo energético castiga a los niños recién nacidos que para sobrevivir dependen del funcionamiento estable de un equipo médico, como una incubadora, por ejemplo», sostuvo.
Cuando ocurre un apagón y falla el grupo electrógeno del hospital, «los médicos tienen que salvarlos con técnicas aplicadas de forma manual», como ocurre para suplir la ventilación asistida. Una situación similar, enfrentan quienes esperan una cirugía, incluidos niños, ante las dificultades para garantizar el funcionamiento de los grupos electrógenos que protegen los quirófanos.
El Ministro de Relaciones Exteriores refirió que «han ocurrido hechos dramáticos en que ha habido que terminar algunas cirugías mayores con el alumbrado de lámparas recargables o en algún caso con la luz de los teléfonos móviles del personal médico».
«Saben las personas que están pendientes de una cirugía que este servicio está limitado precisamente por la falta de electricidad que genera, sobre todo, la falta de combustible», afirmó.
A pesar de estas limitaciones, destacó que «se ha hecho un gran esfuerzo con resultados alentadores para proteger con sistemas fotovoltaicos a los hospitales, policlínicos y otros centros de salud».
El bloqueo, agregó el Canciller, «castiga a quienes tienen un enfermo en casa y dificultades para transportarlo al hospital o un familiar que requiere hemodiálisis» y conocen «las limitaciones por combustible del servicio de ambulancias y de otros igualmente afectados».
«Pese a todo, se han adquirido ambulancias, se garantiza un mínimo de combustible para ellas y se asegura el transporte para hemodiálisis», precisó.

La denuncia alcanzó también las dificultades para garantizar medicamentos imprescindibles. «Sufren los padres o familiares que buscan con angustia un medicamento imprescindible que puede estar en uno de los más de 7 000 contenedores que las amenazas del gobierno de Estados Unidos a las compañías navieras no dejan llegar a la isla o que se produce en Cuba, pero cuyas materias primas o insumos están en otro contenedor», explicó.
Al referirse a los indicadores de mortalidad infantil, Rodríguez Parilla señaló que los datos muestran «un aumento de la mortalidad infantil de cuatro por cada 1 000 nacidos vivos en 2018 a 9,9 en 2025». Y enfatizó: «Son niños, no son números».
«Son las muertes que no debieron ocurrir por privarse a Cuba y a su sólido y eficaz sistema de salud pública de recursos legítimos», afirmó, al tiempo que recordó que se trata del sistema encargado de «cuidar a una mujer embarazada, tratar a un niño enfermo y atender a quien llega a una urgencia médica».
«La salud necesita los recursos, los pacientes necesitan los tratamientos a tiempo que el cerco energético y las medidas contra las navieras impiden llegar a Cuba», sostuvo.
La crueldad del bloqueo, concluyó en este segmento de su intervención, también se expresa «en los miles y miles de cubanos y cubanas que luchan a diario sin transporte público para llegar al trabajo porque el parque automotor está prácticamente paralizado sin combustible».
El informe disponible aquí: Informe de Cuba Marzo 2025- Febrero 2026

(Con información del diario Granma)
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