Unas preocupaciones deportivas (II)
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Unas preocupaciones deportivas (II)

Cuba llegó tras una preparación marcada por enormes dificultades, pero conservar el tercer lugar no debe ocultar las señales de alarma: ¿podremos mantenerlo en 2030?


Hoy volvemos a importantes ecos dejados por el más reciente gran compromiso del deporte cubano: los dificilísimos Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santo Domingo 2026 (24 de julio al 8 de agosto).

Para ello debemos colocar la cámara en dos lugares diferentes en busca de la mayor justicia con nuestros abnegados protagonistas y también de la tan necesaria objetividad.

Lo primero, al hablar de “nuestros abnegados protagonistas”, es reconocer que ninguna delegación debe haber enfrentado tantas dificultades durante su preparación.

Sí, estamos hablando de la compleja situación actual de nuestro país: los apagones (o alumbrones ocasionales); la imposibilidad de cumplir una regla importantísima del deporte de alto rendimiento: la relación “trabajo-descanso”; la alimentación; los topes internacionales; las preocupaciones familiares, y mucho más…

Reconocer ese esfuerzo no impide examinar las cifras ni preguntarnos qué puede ocurrir dentro de cuatro años.

Una vez dicho esto, podemos pasar al segundo punto:

Nuestro organismo deportivo hizo un pronóstico acorde con una tradición histórica que algunos consideran imprescindible conservar y otros la creen desfasada.

La previsión, ratificada en varias ocasiones, apuntaba a unas 70 medallas de oro y a una ubicación entre las tres primeras naciones, aunque la lógica más elemental señalaba el tercer puesto, detrás de México –con más de 400 preseas por primera vez– y Colombia.

Terminamos terceros, pero con números muy preocupantes ante los cuales no podemos permanecer indiferentes: los 70 oros vaticinados se redujeron a 51, apenas dos más que los 49 de Venezuela.

Hay otro dato alarmante, no solo por lo que habría significado un empate en el número de títulos, sino por la posible tendencia: los de la tierra de Bolívar nos aventajaron en medallas de plata (70 por 48), bronce (97 por 56) y, por supuesto, también en el total (216 por 155).

Todo ello nos coloca, sin pesimismo, ante una verdad de Perogrullo: los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2026 dejan abierta la duda de si podremos mantener, al menos, el tercer lugar en 2030.

La sede de esa edición todavía no se ha definido. Pero pudiera ser Venezuela. De ocurrir así, contaría además con el impulso que tradicionalmente representa competir en casa.

Y sabemos que esta vez nos pisó los talones…

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