¿Se estaría convirtiendo Ahmadinejad en el nuevo “Ángel” del Mossad?

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Ashraf Marwan parecía el hombre menos indicado para convertirse en uno de los agentes más valiosos de Israel. Era egipcio, estaba casado con Mona Nasser, hija del presidente Gamal Abdel Nasser, y tenía acceso privilegiado al corazón del poder de El Cairo. Después de la muerte de Nasser, se convirtió además en un importante colaborador del presidente Anwar el-Sadat.
Sin embargo, en 1970 Marwan se comunicó con la embajada israelí en Londres y ofreció información al Mossad. Bajo el nombre en clave de “El Ángel”, proporcionó a Israel planes militares, datos sobre el armamento egipcio y detalles de las conversaciones de Sadat con los dirigentes soviéticos. Poco antes de la guerra del Yom Kippur de 1973, advirtió que Egipto y Siria preparaban un ataque. Israel recibió la alerta, pero sus mandos militares no reaccionaron con toda la rapidez necesaria.
La verdadera lealtad de Marwan continúa siendo discutida. Para antiguos responsables israelíes fue uno de los mejores agentes de la historia del Mossad. Para numerosos egipcios, habría sido en realidad un agente doble que engañó a Israel y contribuyó al éxito inicial de la ofensiva de 1973. Murió en circunstancias misteriosas, en Londres en 2007, al caer desde el balcón de su residencia. Egipto lo despidió con honores de héroe nacional.
Más de medio siglo después, una nueva y extraordinaria historia de espionaje plantea una pregunta inevitable: ¿se estaría convirtiendo Mahmoud Ahmadinejad en el nuevo “Ángel” del Mossad?
La comparación parece absurda a primera vista. Ahmadinejad fue presidente de Irán entre 2005 y 2013 y uno de los dirigentes más agresivamente antiisraelíes de la República Islámica. Negó el Holocausto, defendió el programa nuclear iraní y utilizó una retórica que durante años convirtió a Israel en el principal enemigo externo de su gobierno.
Pero investigaciones atribuidas a The New York Times y al diario israelí Haaretz sostienen que el Mossad intentó durante varios años acercarse al antiguo presidente iraní y convertirlo en un activo político de extraordinario valor. El objetivo final habría sido utilizarlo como dirigente de un Irán posterior a la caída del régimen teocrático.
De acuerdo con esos reportes, los servicios israelíes observaron que Ahmadinejad se había distanciado progresivamente del ayatolá Alí Jamenei y de sectores importantes de la estructura gobernante. Después de abandonar la presidencia, intentó regresar al poder, pero el Consejo de Guardianes bloqueó repetidamente su candidatura. También comenzó a criticar determinadas acciones represivas del régimen y a proyectar una imagen política más moderada.
El Mossad habría aprovechado ese distanciamiento. Las investigaciones señalan que agentes israelíes mantuvieron encuentros con Ahmadinejad durante viajes al extranjero. El entonces director del Mossad, David Barnea, habría viajado personalmente a Budapest para reunirse con él, mientras funcionarios israelíes presuntamente financiaron parte de sus desplazamientos y alojamiento.
El proyecto fue tan ambicioso como arriesgado. No se trataba solamente de obtener información sobre el funcionamiento interno del poder iraní. Ahmadinejad habría sido considerado una posible figura de transición porque conocía el régimen desde dentro, conservaba alguna popularidad entre sectores pobres y nacionalistas y podía presentarse como una alternativa iraní, no como un gobernante impuesto directamente desde el extranjero.
Según Haaretz, el plan formaba parte de una operación israelí denominada “Gato con Botas”. La iniciativa provocó desacuerdos dentro del propio aparato de seguridad de Israel. Algunos funcionarios la consideraban una fantasía peligrosa, mientras otros creían que Ahmadinejad podía contribuir al derrumbe de la República Islámica.
La historia adquirió características de novela de espionaje después de los ataques contra Irán iniciados el 28 de febrero. Según las informaciones publicadas, agentes del Mossad sacaron a Ahmadinejad de su residencia y lo trasladaron a una casa secreta en Teherán. El expresidente habría abandonado posteriormente el refugio en circunstancias todavía confusas.
Cuatro altos funcionarios iraníes citados por The New York Times aseguraron que Ahmadinejad terminó bajo custodia de la división de inteligencia de la Guardia Revolucionaria y habría sido colocado bajo arresto domiciliario. The Guardian y The Jerusalem Post reprodujeron los principales detalles de la investigación, aunque subrayaron que no existe una confirmación pública del Gobierno iraní ni una orden judicial conocida.
La oficina de Ahmadinejad negó categóricamente los contactos con el Mossad y calificó las acusaciones como falsas. Esa negativa obliga a actuar con prudencia: hasta ahora no se han publicado documentos, grabaciones o pruebas materiales que demuestren que el expresidente aceptó conscientemente trabajar para Israel.
También debe distinguirse entre ser contactado por un servicio de inteligencia, mantener conversaciones con sus agentes y convertirse verdaderamente en un espía.
Ashraf Marwan entregó durante años información secreta y recibió el nombre en clave de “El Ángel”. En el caso de Ahmadinejad, lo conocido procede principalmente de fuentes anónimas iraníes, estadounidenses e israelíes.
Aun así, la historia resulta demoledora para la República Islámica. El hombre que hizo del enfrentamiento con Israel una bandera política podría haber terminado negociando con el mismo servicio de inteligencia que durante años presentó como enemigo mortal.
Ahmadinejad todavía no puede ser llamado con rigor el nuevo “Ángel” del Mossad. Pero si las investigaciones se confirman, el expresidente iraní habría protagonizado una de las transformaciones políticas y operaciones de inteligencia más sorprendentes de la historia contemporánea: de símbolo del radicalismo antiisraelí a posible agente de Israel para desmontar desde dentro el régimen fundamentalista que una vez encabezó.
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