Un mes ha transcurrido y aunque Yoandra ha meditado en el pasado 24 de junio una y otra vez, no tiene bien claro cómo resistió aquellos movimientos, cómo no titubeó bajando las escaleras, cómo llamó a sus colegas sin que se le apagara la voz, y cómo tanto desastre no la ha hecho flaquear.

Yohandra Puga Capote es una camagüeyana licenciada en enfermería que llevaba 27 meses en Venezuela, específicamente en La Guaira, cuando ocurrió el doblete sísmico.
Según recuerda ya eran más de las 6 de la tarde cuando comenzó aquel sacudión que la hizo creer que la casa se le caía encima. «Gracias a Dios, añade, los nervios no me traicionaron y enseguida salí corriendo para la calle
«Imagínese: yo vivo en un segundo piso y cuando comenzó a temblar todo lo primero que pensaba era que me iba a caer encima la casa. Pero por suerte no pasó nada».
Cuando con más calma supo que no había sido uno, sino dos sismos, ella no lo podía creer; nunca pudo diferenciar uno de otro. Todo fue muy rápido, dice.
Y es que esta camagüeyana nunca vivió nada similar, ni cuando cumplió su primera misión en Venezuela entre los años 2019 y 2022. Por eso todo luego le pareció sacado de una película de terror. Demasiado sufrimiento.
Cuando los nervios, los temblores y la desesperación cedieron un poco y pudieron moverse, cuenta Yohandra que lo primero que hizo fue ir a ver sus compañeros de la misión. Todos, por suerte, estaban bien.
Ya lo que vino después era claro: ayudar. «En los días siguientes, acota, lo único que hacíamos era ayudar a quienes lo perdieron todo. Brindarles sostén.
«No solo nos quedamos a cuidar a los pacientes que acudían a los Centros de Diagnóstico Integral (CDI) sino que también nos movíamos a los refugios donde permanecen personas hospitalizadas.
«A pesar del sufrimiento estos son momentos en los que me siento muy orgullosa de ser enfermera y sobre todo cubana. Y de poder representar a nuestro país aquí y ayudar, curar, sanar, dar apoyo y amor a todas estas personas que perdieron sus cosas, sus familias. Ellos no están solos».
Al principio sus mellizas Luna y Luciana, su madre, su hermana, su sobrino no comprendían por qué no regresaba a casa. Luego entendieron, es cuestión de deber, de compromiso.
Yohandra ya por tiempo debía concluir su misión y regresar con los suyos, pero como afirma «mientras el pueblo venezolano nos necesite aquí estaremos brindando nuestro apoyo».



