Yo tengo libertad de pensamiento y ejerzo mi libertad de expresión a partir de mis criterios propios, y no de consignas ni de slogans que otros quieren que yo repita
Yo siempre he tenido mi propia arquitectura ideológica.
De mis padres aprendí la pasión por la obra y el pensamiento de José Martí y Pérez, como forma de comprender a Cuba y al mundo.
Y a partir de esa base, me he formado mi propio punto de vista para mirar hacia fuera y hacia adentro.
Luego, de Fidel Castro aprendí conceptos prácticos de cómo aplicar el ideario martiano a la realidad objetiva y subjetiva de Cuba y del mundo.
Nunca jamás never he querido pertenecer a un bando ni al otro, desde el punto de vista ideológico.
Lo más importante es lo que yo pienso y de lo que estoy convencido de que funciona, y no lo que otros quieran que yo piense y que yo exprese, porque yo tengo libertad de pensamiento y libertad de expresión propias, autóctonas, mías.
Todo lo demás me resbala. No confío ni en mi sombra. Ayudo a quienes me ayudan; aunque aclaro que mi amor es grande; pero no inmenso: tiene límites.
Nunca he sido ni comunista, ni socialista, ni imperialista, ni trovskista, ni leninista, ni estalinista, ni liberal, ni conservador, ni fascista, ni demócrata, ni republicano, ni nada de nada.
Siempre he pensado que los políticos sólo tienen en mente las próximas elecciones, para permanecer en sus cargos; pero admiro a los estadistas, porque -contrario a los políticos- no piensan en las próximas elecciones; sino en las próximas generaciones.
Yo soy yo, tú eres tú y se acabó la historia.

#RobertoAPaneque
