Y después del Moncada, qué
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Y después del Moncada, qué

Nadie mejor que Eduardo Galeano ha narrado en la literatura la historia de América Latina, en sus obras: Venas Abiertas de América Latina y Memorias de Fuego; esta incluye episodios de la gesta revolucionaria cubana: 1953 Santiago de Cuba, Fidel; 1953, Santiago de Cuba, El acusado se convierte en fiscal y anuncia: «La historia me absolverá»; 1956, La Habana, Noticiero; 1956, Al pie de la Sierra Maestra, los doce locos; 1957, Pino del Agua, Crucito; 1957, El Uvero, Almeida; 1957, El Hombrito, El Che; 1958, Sierra Maestra, La revolución es un imparable ciempiés; 1958, Yaguajay, Camilo; 1959, La Habana, Cuba amanece sin Batista, entre otras crónicas. Después de la gesta del Moncada y la creación del Movimiento 26 de julio, del juicio y de la prisión, Fidel va al exilio en México, desde donde se prepara la expedición del yate Granma que desembarcaría en el oriente en diciembre de 1956.

En esta oportunidad, el noticiero informaría que el ejército cubano había desbaratado una expedición armada proveniente de México. El ejército tendió un cerco en torno a los invasores, los ametralló y bombardeó por tierra y aire, en un lugar llamado Alegría de Pío, en el oriente. Entre los muertos figuraban Fidel y El Che, decía el noticiero.

Una semana pasan sin dormir los expedicionarios durante la travesía, vomitando, apretados como sardinas en lata, mientras que el viento norte se divierte jugando con el barquito Granma. A poco andar los barre la metralla, o las queman vivos las bombas incendiarias. Casi todos caen en la matanza. Los sobrevivientes caminan orientándose por el cielo, pero se confunden las estrellas. Los pantanos les tragan las mochilas y las armas. Se pierden, se buscan, al fin, unos descubren a otros y así se juntan los doce salvados de la derrota. Tienen siete fusiles, unas municiones, muchas heridas y llagas. Esa noche, está el cielo blanco de estrellas y se respira un aire fresco y limpio.

Entonces, Fidel dice: ¡Ya ganamos la guerra, se jodió Batista! En plena guerra en la Sierra Maestra, Fidel proclama la reforma agraria. Los campesinos reciben su primera tierra, y al mismo tiempo, su primer médico, su primer maestro y hasta su primer juez. Fidel lanza la ofensiva final, la invasión de punta a punta, en dos columnas, una al mando del Che Guevara y la otra al mando de Camilo Cienfuegos. El primero de enero de 1959, Cuba amanece sin Batista, ha aterrizado en Santo Domingo, mientras que sus verdugos huyen en estampida. Fidel llega en lo alto de un tanque desde la Sierra Maestra. Ante el gentío que hierve, explica, con las palomas descansando sobre sus hombros, que es solo el principio, la lucha será larga. Desde ahora otro gallo cantará para que surja la reforma agraria, la alfabetización y la nacionalización, entre otras tareas colosales. Eisenhower envía aviones a incendiar cañaverales y amenaza con no comprar azúcar cubano. El país cambia azúcar por petróleo a la Unión Soviética. Las empresas petroleras norteamericanas se niegan a refinar petróleo soviético. Cuba las nacionaliza. Cuba se abre paso, poco a poco, busca caminos.

En abril de 1961, la CIA lanza una invasión contra Cuba, aviones camuflados, llevan pintada la estrella de la Fuerza Aérea Cubana. Entran y ametrallan el aeropuerto de Ciudad Libertad, y más tarde, desembarcan en los pantanos de Bahía de Cochino. En tres días acaba Cuba con los invasores. Entre los muertos hay pilotos norteamericanos. Los siete buques escoltados por la Marina de Guerra de Estados Unidos huyen o se hunden en la bahía. Los invasores prisioneros responden preguntas de los periodistas: ninguno asume la responsabilidad de Playa Girón, todos eran cocineros de la expedición.

Por el DrC. Rodolfo Acosta Padrón

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