Vocero del régimen celebra la victoria de La Roja y se revela como súbdito de España

Uno de los principales voceros mediáticos del régimen cubano, Lázaro Manuel Alonso Castro, volvió a generar comentarios en redes sociales.
En esta ocasión no se trató de una de sus apasionadas defensas del gobierno comunista, ni ninguno de sus habituales ataques contra opositores y periodistas independientes, sino de un entusiasta mensaje dedicado a la selección española de fútbol.

Tras la victoria de La Roja, Alonso publicó en su perfil de Facebook: «Somos campeonesssss. Grande España en la final«, una expresión que no pasó inadvertida entre sus seguidores y que muchos interpretaron como una identificación personal con el combinado español.
La publicación reavivó inmediatamente las versiones que desde hace más de un año circulan sobre la obtención de la ciudadanía española por parte del comunicador.
En enero de 2025, el portal CubitaNOW aseguró que Alonso había adquirido la nacionalidad española por ascendencia familiar y que incluso preparaba un viaje a España, citando fuentes cercanas al vocero oficialista. En aquella ocasión, el medio recordó que años antes también había trascendido el rechazo de una solicitud de visa estadounidense presentada por el comunicador.
Aunque Alonso nunca ha anunciado públicamente haber obtenido la ciudadanía española, el uso del «somos» para celebrar el triunfo de España ha sido interpretado por numerosos usuarios como un nuevo indicio de ese vínculo.
La espontaneidad del mensaje, publicado en plena euforia por la victoria de La Roja, pareció ir más allá de la habitual prudencia política que suele caracterizar a una de las figuras más visibles del aparato comunicacional del régimen.

Los comentarios no tardaron en aparecer. Hubo un intercambio especialmente llamativo. Cuando un usuario le escribió «Somos no, eres cubano», Alonso respondió: «mejor no te respondo por aquí. Jaja«.
Lejos de zanjar la cuestión, la respuesta alimentó nuevas especulaciones. Acto seguido, otro comentarista intervino para afirmar que el comunicador también es español, una aseveración que tampoco fue desmentida por Alonso.
La conversación no constituye una prueba de su nacionalidad española. Sin embargo, unida a las informaciones publicadas con anterioridad sobre la obtención de esa ciudadanía y al propio uso del «somos», ofrece nuevos elementos que muchos usuarios han interpretado como una admisión implícita o, cuando menos, como la negativa a desmentir una condición que hasta ahora Alonso nunca ha reconocido públicamente.
Desde el punto de vista estrictamente lingüístico, la Real Academia Española (RAE) define «súbdito» como el «natural o ciudadano de un país en cuanto sujeto a las autoridades políticas de este», acepción que convierte el término en sinónimo de ciudadano.
En el caso español, ello implica también la condición de súbdito del Reino de España, una circunstancia que resulta especialmente llamativa tratándose de uno de los rostros más visibles de la propaganda oficial cubana.
La ironía no ha pasado inadvertida para muchos observadores. Durante años, Alonso Castro ha sido una de las voces más activas en defensa del régimen cubano.
Tras las protestas del 11 de julio de 2021 participó en campañas mediáticas contra activistas, artistas y periodistas independientes, defendió la narrativa oficial sobre las manifestaciones y recibió ese mismo año el Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez por su labor propagandística en torno a la campaña contra la canción Patria y Vida.
Más recientemente, volvió a alinearse con el discurso gubernamental al reclamar sanciones contra los funcionarios que, según él, obstaculicen la aplicación de las 176 medidas económicas aprobadas por la Asamblea Nacional, insistiendo en reforzar el control político sobre quienes se aparten de la línea marcada por el poder.
Precisamente por ese papel, su efusiva celebración del triunfo español adquiere una dimensión política que trasciende lo deportivo.
Quien durante años ha servido como uno de los principales defensores mediáticos de un sistema de partido único, sin elecciones libres, sin pluralismo político y sin libertad de prensa, pareció sentirse lo suficientemente identificado con una democracia parlamentaria como para hablar de ella en primera persona del plural.
La contradicción resulta difícil de ignorar. Mientras ha dedicado buena parte de su carrera a justificar las posiciones del régimen totalitario cubano y a desacreditar a opositores, activistas, artistas y periodistas independientes, el comunicador celebró con un espontáneo «somos» la victoria de un país cuya Constitución reconoce precisamente muchos de los derechos y libertades que el Estado cubano restringe o niega.
No deja de ser una paradoja que uno de los principales voceros de la dictadura castrista se muestre orgulloso —al menos en el plano deportivo— de una condición asociada a un Estado democrático al que cientos de miles de cubanos han emigrado precisamente en busca de las libertades y oportunidades que no encuentran en su propio país.
Quizá la euforia del momento le jugó una mala pasada. O quizá, simplemente, el entusiasmo futbolístico terminó diciendo en voz alta lo que hasta ahora había preferido no confirmar públicamente.
Al menos en el terreno futbolístico, Lázaro Manuel Alonso Castro decidió hablar en primera persona del plural.
«Somos campeonesssss».
Una sola palabra bastó para reabrir el debate sobre su posible ciudadanía española y para dejar al descubierto una contradicción difícil de pasar por alto: la de un vocero del régimen cubano que, en un momento de entusiasmo, pareció reivindicar con orgullo su pertenencia —jurídica o sentimental— a una democracia europea.
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