Violencia con rostro y lugar
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Violencia con rostro y lugar

En 2025, 39 mujeres fueron ultimadas por sus parejas o exparejas en Cuba y 173 sufrieron violencia sexual juzgada. Estos números permiten entender los escenarios de la violencia, víctimas y vulnerabilidades


Una mujer regresa a casa. Conoce los sonidos, las sombras, el instante exacto en el cual su pareja cruza la puerta y todo cambia. Ha pasado antes y volverá a ocurrir: es el patrón emergente al analizar los datos reportados año tras año en el Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género.

Las cifras publicadas en su sitio web sobre violencia contra mujeres y niñas provienen de procesos judiciales documentados en 2025, de casos con llegada a los tribunales, de historias registradas y juzgadas.

El año pasado, 39 mujeres resultaron víctimas de femicidio a manos de las propias parejas o exparejas íntimas en Cuba, representando una tasa de 0.94 por cada 100 000 mujeres. Es un número en apariencia pequeño, pero subsiste una realidad dolorosa: 28 de ellas tenían hijos menores de edad; 49 niños quedaron sin amparo materno.

Una cifra verdaderamente alarmante indica que el 89.7 por ciento de los crímenes ocurrieron en el hogar, ese espacio concebido como refugio. 71.8 por ciento de las víctimas sin vínculo laboral y económicamente dependientes del agresor, atrapadas ante la ausencia de opciones.

Una mujer sin ingresos propios es una mujer sin salida. Si la alternativa frente a una relación violenta implica la calle, el hambre y la imposibilidad de sostener a sus hijos, la agresión prospera, perpetuándose allí donde la dependencia económica sofoca toda opción de fuga.

De los 39 femicidios reportados en 2025, 59 por ciento resultó perpetrado a manos de exparejas y el 41 por ciento a manos de parejas. Podría pensarse en el fin de la relación como solución definitiva; sin embargo, los datos demuestran otra cosa: para casi tres de cada cinco mujeres asesinadas, romper el vínculo no significó el cese del maltrato.

No obstante, la violencia contra las mujeres en Cuba no se agota en esos 39 crímenes. En 2025, 173 mujeres sufrieron violencia sexual tipificada como delito en procesos judiciales juzgados, lo que arroja una pauta de 4.19 por cada 100 000 habitantes. Del total, 90 casos corresponden a agresión sexual y 83 a otras formas de violencia sexual.

Detrás de cada número oficial se esconden histo-rias humanas demandantes de una respuesta co-lectiva, orientada a erradicar el silencio y cons-truir espacios seguros y libres de violencia. / genero.onei.gob.cu

Un dato especialmente grave revela a 49 de esas víctimas entre los 15 y 17 años, un grupo donde la tasa alcanza la cifra de 31.52 por cada 100 000. Aunque el sector etario con mayor número absoluto de afectadas sea el de 20 a 44 años (con 73 víctimas), la brutalidad ejercida contra las adolescentes merece una profunda reflexión.

En cuanto a la distribución territorial, La Habana encabeza el registro con 30 casos, seguida de Pinar del Río (29), Camagüey (20), además de Las Tunas y Holguín (15 cada una). No obstante, al analizar las tasas según la cantidad de habitantes, Pinar del Río fue la provincia con mayor incidencia (13.5 por cada 100 000 mujeres), seguida de la Isla de la Juventud (9.94), Las Tunas (7.57), Camagüey (7.21) y Ciego de Ávila (7.02).

Respecto a los femicidios, La Habana también se sitúa al frente con 7 casos, mientras Mayabeque, Camagüey y Santiago de Cuba reportan 5 cada una. Sin embargo, en términos proporcionales a su población, la provincia de mayor incidencia fue Mayabeque (3.64 por cada 100 000 mujeres), seguida de Ciego de Ávila (2.55), Camagüey (1.8), Artemisa (1.6) y Las Tunas (1.51).

Los datos del Observatorio muestran que la zona urbana concentra 120 casos de violencia sexual (tasa de 3.80), en tanto la zona rural reporta 53 casos, con una tasa de 5.46. Esto indica una frecuencia proporcionalmente mayor fuera de los entornos citadinos.

Lo más llamativo, al contrastar tres años de registros, es la fluctuación en los femicidios: 50 casos en 2023, 55 en 2024 y 39 en 2025. Tras un pico en 2024, se observa un descenso.

Sin embargo, estos números deben leerse con cautela. En un año, 39 muertes significan 39 historias truncadas, 39 familias destrozadas y varios menores sin madre. Una reducción de 55 a 39 resulta significativa –cada vida salvada cuenta–, pero dista de ser el fin de la crisis: es apenas un paso en la dirección correcta, si bien todavía insuficiente.

En tanto los femicidios muestran una leve tendencia a la baja, la violencia sexual permanece en cifras persistentes. Tras reportar 157 casos en 2023 y 230 en 2024, el Observatorio registró 173 en 2025, evidenciando una preocupante meseta sin un descenso claro.

Detrás de cada estadística hay una mujer con el valor de denunciar. Los datos documentan únicamente los casos llegados a los tribunales, sirviendo de brújula para comprender el comportamiento de la violencia. No obstante, no debemos olvidar el padecimiento de muchas otras en el silencio cotidiano.

Ese mutismo representa una cifra imposible de medir para cualquier observatorio, mas la sociedad entera tiene el deber de aprender a escuchar, hasta la llegada del día con víctimas en cero.

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