El termómetro marca 30 grados a la sombra y el sol castiga a quienes transitan las calles de la ciudad de Guantánamo, pero dentro del Palacio provincial de Pioneros Ramón Infante García, la temperatura parece no impactar en los niños que asisten allí.
El Palacio con juegos tradicionales, deportes y actividades garantiza la seguridad y la diversión de los más pequeños.Una pelota de voleibol rebota una y otra vez contra una pared, mientras un grupo de pequeños corea el tanteo con la pasión de un estadio lleno. Al fondo, sobre una mesa de madera, los juegos de mesa —damas, ajedrez y parchís— concentran la mirada de los más tranquilos.
Liz Sofía asegura que este sitio es su segundo hogar durante las vacaciones.En ese hervidero de energía destaca Liz Sofía Rodríguez Echarri. Con once años recién cumplidos y una melena recogida a la carrera, habla con la serenidad de quien ha encontrado un lugar para divertirse en esta etapa veraniega.
«Vengo aquí desde los cinco años —dice, mientras ajusta sus zapatillas—. Siempre jugamos voleibol, suiza, aros, y carreras de zancos y de sacos. Aquí nos divertimos y, sobre todo, nos sentimos seguros».
Al lado, Alan Robert, de doce años, asiente con complicidad. Vive muy cerca y ha hecho del Palacio su cuartel general. «Todos los muchachos del barrio venimos —explica, con la pelota bajo el brazo—. Jugamos cantidad y nos inventamos muchos juegos. Esto es mejor que quedarse en casa aburrido, ¿verdad?».
A la conversación se suma Jonathan David Claro Rivera, de diez años, con la picardía de quien ya sabe sacarle jugo a cualquier situación: «Siempre jugamos fútbol, un topao… ¡cualquier cosa para salir de la casa!». La risa se generaliza. En sus ojos, el Palacio es el mejor escenario posible para la diversión.
Detrás de esta algarabía organizada hay un engranaje humano que funciona con precisión artesanal. Yolanda Gómez Fonseca, instructora de albañilería, observa el movimiento con la atención de una directora de orquesta.
Los juegos de mesa entre los atractivos del Palacio.«El plan de verano comenzó el primero de julio -explica, alzando la voz para hacerse oír en medio de la algarabía infantil-. Insertamos juegos pasivos, juegos de tachas, baloncesto y juegos de mesa, nuestra principal responsabilidad es que los niños estén protegidos y se diviertan».
Al mencionar la palabra protección, Yolanda mira a su alrededor con complicidad. Junto a ella trabajan profesores del INDER, promotores culturales y otros instructores que, en plenas vacaciones, han cambiado el descanso por la vocación, Marisol Ramírez, profesora de pedagogía, corrobora la idea mientras ordena unas cuerdas para la próxima competencia de tiro de soga.
«Aquí trabajamos todas las manifestaciones artísticas y deportivas -señala-. Desde los círculos de interés en época de clases hasta estos juegos tradicionales en verano. Queremos que los niños se sientan en casa».
Laritza Terrero, sub directora del centro, asegura que los pequeños que llegan con más frecuencia de los de Consejos Populares cercanos.La subdirectora del centro, la licenciada Laritza Terrero Silot, detalla la logística con cifras y horarios. «Abrimos de martes a sábado. Por las mañanas, de 9 de a 12 del día, y los sábados tenemos jornada extendida por la tarde, de 3:00 pm a 6:00 pm. Ese horario vespertino es el más concurrido, porque los padres tienen la tarde libre y los niños vienen a ‘gastar energía’, como les digo. Y nosotros participamos con ellos, corremos, saltamos y aprendemos junto a ellos».
Los pequeños llegan de varios puntos, asegura Laritza, y empieza a enumerarlos como quien recita un mapa de la ciudad: «San Justo, El Dabul, Villa Toa, Río Guaso, Santa María, Reparto Obrero… incluso hijos de trabajadores del centro que se acercan atraídos por el rumor de la diversión».
Si hay una actividad que desborda el entusiasmo, esa es la «fiesta del agua». Laritza Terrero sonríe al recordarla. «El fin de semana pasado, con una simple manguera conectada a la toma de agua, montamos un espectáculo. Los niños brincaban, saltaban, se empapaban y reían sin parar. No hace falta grandes recursos, solo ganas de verlos felices».
Pero el verano de 2026 tiene un condimento especial que trasciende el mero entretenimiento. La directora del Palacio, Sadia Carracedo González, toma la palabra, sabe que la historia también se forja en estos patios.
«Este año estamos celebrando el centenario del Comandante Fidel Castro. Todas nuestras actividades van en función de ese acontecimiento. A petición de los padres, hemos organizado una peña literaria donde los niños escogerán una obra o una frase de Fidel, la expondrán y compartirán la enseñanza que les deja para su vida».
La iniciativa, que cuenta con el respaldo de la biblioteca provincial y el centro del libro, busca un diálogo intergeneracional. «Queremos que los niños, como futuro de esta nación, reflexionen sobre el legado de esos 100 años -añade-. No se trata de repetir consignas, sino de apropiarse de las enseñanzas».
Carracedo no oculta los desafíos. Reconoce que la contingencia energética y económica ha obligado a racionar los horarios y a ajustar las ofertas -«no son las mismas de otros años, pero las mantenemos»-, asegura, e insiste en que la institución no ha cerrado ni un solo día.
«El sector de Educación es nuestra casa, y nos respalda. Además, tenemos un apoyo invaluable del combinado deportivo Reparto Obrero, que nos ha cedido dos especialistas en deporte y recreación».
Cuando el reloj marca las once y media de la mañana, los niños comienzan a recoger las fichas, a inflar los balones y a despedirse con la promesa de volver al día siguiente. Algunos se quedan un rato más, aprovechando el último minuto de sombra bajo los árboles del patio.
Sadia Carracedo los observa desde la entrada, con orgullo. «Nosotros trabajamos para niños -sentencia-. Son nuestra razón de ser y de existir. Por ellos y para ellos, lo que haya que hacer, lo vamos a hacer. Abrimos el primero de julio y no cerraremos hasta el 31 de agosto, porque mientras haya un niño que quiera jugar, aquí habrá una mano tendida para recibirlo».
