
Foto: Archivo de Granma
Las revoluciones transforman todas las esferas de la sociedad. Así lo entendía Nicolás Guillén cuando, el 17 de agosto de 1961, en la víspera del Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, fue interrogado por el diario El Mundo sobre los motivos y consecuencias de aquella reunión. «Se creará, para servir a la Patria y a su Revolución, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba», respondió el poeta nacional, quien además presidiría el congreso.
Más de 600 escritores y artistas –cubanos e invitados de países amigos– se reunieron en el Hotel Habana Libre del 18 al 22 de agosto de 1961. En esas jornadas quedó fijada la responsabilidad creadora de los intelectuales ante la Revolución y el pueblo de Cuba, y se sentaron las pautas para el contacto y la cooperación cultural con las naciones hermanas.
Los antecedentes de este hito se encuentran en las tres sesiones que Fidel Castro, entonces primer ministro, sostuvo con los intelectuales cubanos en la Biblioteca Nacional. De aquellos encuentros surgieron las Palabras a los intelectuales, pronunciadas en junio de 1961 como conclusión a esos diálogos. Como acto previo al congreso, también se inauguró la Feria de Escritores y Artistas en el Palacio de Bellas Artes, donde quedaron expuestas obras literarias, pinturas, esculturas y proyecciones cinematográficas.
Un editorial del periódico Hoy calificó el evento como uno de los acontecimientos más importantes de la esfera cultural latinoamericana. Ya en la inauguración, el entonces presidente Osvaldo Dorticós Torrado declaró que no era intención de la política cultural de la Revolución «lastimar en lo más mínimo el ejercicio de la literatura y el arte».
Al cierre del congreso, el 22 de agosto, Fidel explicó el propósito de la nueva organización: «La Unión de Escritores y Artistas se forma, fundamentalmente, para los fines de creación, independientemente de la organización sindical, que tiene otros fines: todo lo que se refiera a los problemas del trabajo».
Fue Nicolás Guillén quien mantuvo la presidencia de la Uneac hasta su muerte, en 1989. Entre los fundadores figuran Roberto Fernández Retamar, Miguel Barnet, Lisandro Otero, José Lezama Lima, Argeliers León, Juan Blanco, Pablo Armando Fernández, José A. Baragaño, Alejo Carpentier, Harold Gramatges, Fayad Jamís, Luis Martínez Pedro, entre muchos otros.
En 1998, la Uneac adquirió estatus consultivo especial ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, lo que le permite participar de manera oficial en las labores de la ONU. Su alcance no se limita a la capital, ya que cuenta con un comité provincial en cada territorio del país y está conformada por cinco asociaciones: Escritores; Artistas del Cine, la Radio y la Televisión; Artistas Plásticos; Músicos; y Artistas Escénicos.
Ediciones Unión, su propia editorial, ha sido fundamental para la difusión de la literatura cubana, con presencia constante en la Feria Internacional del Libro de La Habana. Este sello publica las obras ganadoras de los premios de la Uneac, que reconocen los géneros de cuento, biografía, ensayo histórico-social y traducción literaria.
Entre otros lauros que convoca la Uneac figuran el David –para autores noveles– y el Cirilo Villaverde, de novela, que han sido punto de partida para autores que luego alcanzarían el Premio Nacional de Literatura. También se otorgan el Premio Muñoz Bachs (diseño gráfico), el Caracol (cine, radio y televisión), los Premios Villanueva de la Crítica y el Caricato (artistas escénicos), entre otros.
Asimismo, cada asociación convoca un premio por la Obra de la Vida y entrega galardones internacionales a personalidades que han tenido una relación especial con la cultura cubana.
Para celebrar este 65 aniversario y el centenario de Fidel Castro, la Uneac ha desplegado durante todo 2026 la campaña Arte fiel, un proyecto integral que ha incluido coloquios, exposiciones y un nuevo proceso de ingreso a la organización. Marta Bonet de la Cruz, actual presidenta y primera mujer en desempeñar el cargo, ha guiado estas celebraciones con una consigna que resume el espíritu de la institución: «Siempre hay que volver a Fidel».


