Al sonido de la explosión, el fuego, el alboroto de los vecinos y las sirenas de los carros de bomberos, le sucedieron, apenas 48 horas después, las intensas labores de los trabajadores de la Empresa Eléctrica Artemisa (EEA), en pos de devolver, en el menor tiempo posible, el servicio a los más de 1 800 clientes afectados, tras el incendio de la subestación Alquízar 4000, el pasado 18 de julio.
Frente a los severos y visibles daños al sistema, enclavado en las cercanías de El Paseo “pensamos que lo más difícil sería reponer un transformador con las características similares al que habíamos perdido; sin embargo, 24 horas después, desde la Unión Nacional Eléctrica (UNE), avisaron que ya estaba localizado. Llegó desde Matanzas y ahora se encuentra en los talleres de Melones, para recibir el mantenimiento requerido antes de retomar su funcionalidad”, comenta Fernando Ronda Linares, técnico de Operaciones de la UEB alquizareña.
El equipo de unas 25 toneladas, que convierte a 4 000 voltios, posee una mayor capacidad que el dañado. “Muy parecido al que sustituimos tras el paso del huracán Rafael en esta misma subestación”, agrega Ronda Linares.
“Se trata de un equipo grande. Fue trasladado en una grúa de bastante potencia hasta los talleres de La Habana. No es un transformador en mal estado. Posee total funcionalidad, pero estuvo un tiempo parado y necesita someterse a disímiles pruebas, antes de ser trasladado hasta aquí”.
Entretanto las labores en la subestación alquizareña continúan. “El propio lunes 20 comenzó el trabajo. Cambiamos los postes primarios cuya estructura quedó comprometida por las altas temperaturas, que provocó el fuego. Ya contamos con todo el cableado, la porcelana… se localizó el interruptor y estamos a la espera del conductor. Eso se arma rápido”, dice desde la experticia, quien asume estas tareas desde hace más 30 años.
Un poco menos experimentado resulta el joven Leonel Campos Enoa, podador de línea, también en la propia UEB. Por estos días, realiza labores de limpieza en el área afectada. Recoge vidrios, despeja de la zona los arbustos marchitos por el fuego… Comenta que apoyará en lo adelante en la reconstrucción de la cerca perimetral y espera también el relleno para cubrir los alrededores de la base donde se apoyará el transformador.
“Es lo que está establecido para evitar que crezca la mala yerba, a la vez facilita las labores alrededor del equipo, ante cualquier avería”, explica quien, a pesar de su corta edad, ya comienza a enamorarse de los trabajos que atañen al personal de nuestra unión eléctrica.

A las labores en la 4000 de Alquízar se sumaron, en una primera etapa, brigadas de linieros de Pinar Río y, por supuesto, la brigada de subestaciones del Centro Territorial de Operaciones (CTO) de la EEA.
Aunque ahora suelen darle una atención «priorizada» a los trabajos en la localidad agrícola, para estos muchachos nada de lo que sucede en las subestaciones eléctricas de la provincia, es ajeno. Por eso se les puede ver cualquier día, en cualquiera de los 11 municipios.
En la primera visita que realizó este equipo de prensa, las labores en la esquina de El Paseo no se pudo conversar con los trabajadores que dirige el ingeniero Oriel Ramos Chávez, pues ese propio día recibieron la alerta de que una vez más había sido sustraído el aceite dieléctrico de otra subestación, que igualmente pertenece a la localidad.
“Entendemos el disgusto de la población, pero nadie debe olvidar que estamos en esta situación por culpa de los bandidos, asegura Rosario (Charito) Bravo Larrinaga, presidenta del Consejo Popular Mayorquín Sur, en donde se ubica la 4000.
“Este grupo de personas estuvo, primero, 16 días sin electricidad como consecuencia del robo del aceite del transformador, y, después de su reposición, tuvimos la fatalidad del incendio”.
Charito dice que hasta que no terminen las labores no se mueve de la esquina de avenida 95 y 94. Allí vela para que a los linieros nos les falte el café, el agua fría y hasta su almuerzo. Una misión que ella enfrenta gracias también al apoyo de los vecinos.
Por estos días está entre sus tareas dialogar con franqueza con los habitantes de la zona. Cada pocos minutos llega alguien para averiguar sobre el avance de las labores. Están desesperados y no es para menos, ya suman un mes sin corriente.
“Pero también hemos visto agigantarse la solidaridad. Aunque no son muchas las horas que disfrutan del fluido, la otra parte del pueblo en ese tiempo aprovecha para tenderle una mano a los amigos y ayudarlos a cargar sus equipos, garantizarles un pomo de agua fría, hasta ayudarlos con la cocción de alimentos”.
Significativa, en estas tierras productoras, ha sido la ayuda de las cooperativas. Dayanis Alonso Molina, presidenta de la Anap en la localidad, asegura que las formas productivas donaron arroz, frijoles y viandas para apoyar en la alimentación de los trabajadores. Asimismo, uno de los campesinos de la zona se comprometió a apoyar con el levantamiento de la cerca perimetral.
Restan jornadas de trabajo que se igualan a la cantidad de días y noches que unas 7 000 personas no disfrutarán, aunque sea, por unas pocas horas de la electricidad.
Lo saben los trabajadores de la EEA, el Partido y el Gobierno. La dirección de un país sabe y conoce de las carencias que sufre su gente. Están al tanto de las afectaciones que ha provocado esta interrupción, al desarrollo de los sembrados en este polo productivo.
Pero, conocen también de la valía de este pueblo que ha sabido responder con más resistencia a la crueldad del mayor cerco energético. Por eso, ojalá sirvan estás líneas para trasmitirles, a aquellos que aguardan una luz, que detrás de su pesar hay mucho trabajo fuerte. Ojalá, sirva este texto además, para alertar sobre la necesidad de que el peso implacable de la justicia, caiga sobre los que aún persisten en multiplicar el daño.

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