Una mujer podría liderar la ONU por primera vez en 80 años
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Una mujer podría liderar la ONU por primera vez en 80 años

Cuatro mujeres latinoamericanas, de seis candidatos, compiten hoy por la Secretaría General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), cargo que siempre ha sido ocupado por hombres.

Las postulantes son Michelle Bachelet, María Fernanda Espinosa, Rebeca Grynspan y Carolyn Rodrigues-Birkett, según reporte del portal de noticias del organismo internacional.

Bachelet, expresidenta de Chile, fue también Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos y la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, fue presidenta de la Asamblea General de esa organización y ministra de Relaciones Exteriores en su país.

En tanto, la costarricense Rebeca Grynspan está a cargo de la Secretaría General Iberoamericana (Segib) y fue vicepresidenta de su país, mientras Rodrigues-Birkett fue canciller de Guyana y su actual embajadora ante la ONU.

Los dos hombres son el argentino Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), y el senegalés Macky Sall, expresidente de su nación.

La presencia mayoritaria de mujeres en la candidatura representa un hecho inédito para los movimientos feministas y por la igualdad de género.

Bachelet señaló en entrevista con la agencia de noticias DW, en abril, que «sería una muy buena señal», porque daría esperanza a muchas personas.

Por su parte, la campaña “1 for 8 Billion”, integrada por organizaciones de la sociedad civil, sostiene en carta abierta respaldada por más de 160 organizaciones, que «la credibilidad del sistema multilateral depende de romper con patrones persistentes de exclusión».

Este avance simbólico contrasta con un contexto mundial complejo. ONU Mujeres advirtió en su Plan Estratégico de 2026-2029 sobre «actitudes reaccionarias frente a la igualdad de género y crecientes amenazas de retrocesos en los derechos».

La elección se produce, además, en un momento de crisis de confianza en el multilateralismo. Tensiones entre grandes potencias lideradas por Estados Unidos bloquean decisiones en el Consejo de Seguridad, donde un candidato necesita nueve votos y evitar el veto de los cinco miembros permanentes.

La organización arrastra, además, problemas financieros y enfrenta conflictos activos que requieren mediación.

La recomendación del Consejo de Seguridad definirá quién ocupará el cargo. Sin embargo, el desafío para la organización trasciende el nombre del elegido.

Quien lo asuma deberá demostrar que su discurso de igualdad puede sostenerse frente a un mundo que retrocede en derechos y cuestiona cada vez más la utilidad del sistema multilateral.

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