“Una injusticia humana que debe ser denunciada en todos los escenarios posibles»
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“Una injusticia humana que debe ser denunciada en todos los escenarios posibles»

Durante el año 2026, el bloqueo contra Cuba ha seguido siendo una carga cada vez más asfixiante que condiciona la vida cotidiana de millones de personas. Las restricciones financieras y comerciales han limitado el acceso a medicamentos, insumos médicos y tecnologías básicas para disímiles sectores del desarrollo nacional.

Sin embargo, lejos de quebrar la voluntad del pueblo, esta política ha reforzado la resistencia y la solidaridad, tanto dentro del archipiélago como en la diáspora. Por ejemplo, en Granada, la joven jurista cubana Lizandra Linares Romero, ahora radicada en esta isla al sureste del mar Caribe, expuso recientemente sobre los efectos de las medidas coercitivas unilaterales del gobierno de Estados Unidos hacia la Mayor de las Antillas. Tras concluir su intervención en el marco de una actividad en la que participaron cubanos y granadinos, compartió sus apreciaciones sobre el tema.
 

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Lizandra Linares Romero

La joven jurista cubana Lizandra Linares Romero, ahora radicada en Granada, expuso los efectos de las medidas coercitivas unilaterales del gobierno de Estados Unidos hacia la Mayor de las Antillas. Foto del autor

¿Qué significa para ti hablar del bloqueo en un espacio donde se reúnen cubanos y granadinos que sienten a Cuba como parte de su identidad?  

El bloqueo no es una abstracción política, es una realidad que golpea la vida cotidiana de nuestras familias en Cuba y también se siente en la diáspora. Aunque vivamos en Granada, Cuba sigue siendo nuestra patria, y, para muchos granadinos, Cuba también ha sido su patria en momentos de solidaridad. Hablar del bloqueo es recordar hospitales que hacen milagros con lo poco que tienen, jóvenes que ven limitadas sus oportunidades, pacientes que esperan medicamentos y madres que aguardan por llamadas que se encarecen o dificultan. Es reconocer que, pese a esas dificultades, Cuba ha compartido médicos, saberes y esperanza con otros pueblos, como con Granada, por ejemplo.

 

 

¿Cómo se manifiestan en la vida diaria los efectos del bloqueo en sectores como la educación y la salud?

En la educación, los niños y jóvenes enfrentan apagones que interrumpen sus estudios y limitaciones para acceder a plataformas digitales, licencias de software o dispositivos que en otras circunstancias podrían considerarse básicos. En la salud, los hospitales carecen de insumos esenciales, equipos médicos y medicamentos porque las empresas proveedoras temen sanciones o porque el conjunto de medidas hostiles ha dificultado al sistema sanitario aprovisionarse de los recursos financieros que necesita para funcionar con la calidad a la que el pueblo cubano se acostumbró y aspira legítimamente. Todo esto retrasa tratamientos y obliga a improvisar soluciones. El bloqueo convierte necesidades básicas en obstáculos diarios. 

Más allá de las carencias, ¿qué valores han fortalecido al pueblo cubano frente al bloqueo?  ¿Cómo ocurre en el caso de cubanos residentes en el exterior?

El bloqueo ha sido una prueba de resistencia que nos ha enseñado a compartir lo que tenemos y a no rendirnos. En Cuba, esa resistencia se traduce en creatividad para suplir carencias, en solidaridad para que nadie quede desamparado y en la convicción de que la justicia no puede ser bloqueada. A lo largo de las últimas casi siete décadas, Cuba enviado personal sanitario donde otros enviaron soldados, ha compartido vacunas y conocimientos, y ha tendido la mano a quienes sufren…
Pero el bloqueo no solo afecta a los cubanos que viven en el país. Para los cubanos residentes en el exterior, el bloqueo también se siente en la piel: en las dificultades para comunicarnos con nuestras familias, en los costos elevados de servicios básicos que tratamos de ayudar a solventar desde acá, en la imposibilidad de enviar recursos sin trabas. Pero lejos de debilitarnos, esas limitaciones han reforzado nuestra identidad y nuestro compromiso con la patria. Nos han enseñado que el amor a la patria no depende de la distancia que nos separe de ella, sino de la voluntad de defenderla.

¿Qué sentido tiene denunciar y exponer sobre los efectos del bloqueo estadounidense a Cuba desde comunidades de cubanos que no están residiendo actualmente en la Mayor de las Antillas?

Desde Granada, muchos cubanos que vivimos fuera de nuestra tierra también levantamos la voz contra las medidas coercitivas unilaterales que dañan al país y la vida de nuestras familias. No pedimos migajas, pedimos respeto hacia nuestro país, hacia nuestra gente… Este año, cuando se han acrecentado hasta un punto sin precedentes las medidas ejecutivas del imperialismo contra sectores clave de la economía cubana, algunos compatriotas hemos participado incluso en actividades de solidaridad que han sido promovidas por la propia sociedad civil granadina.

A su vez, exponer sobre los efectos del bloqueo estadounidense a Cuba contribuye a difundir el conocimiento sobre sus implicaciones prácticas, pues todos alguna vez han escuchado hablar del bloqueo, pero muchos no conocen, en realidad, sobre sus impactos, y eso hace que se corra el riesgo de que el tema del bloqueo se inserte en las mentalidades de las personas como si solo tuviera un sentido retórico, como si fuera una variable normalizable con la que los cubanos deben conformarse. 

No somos pocos los residentes en el exterior que queremos que se escuche el clamor de nuestro pueblo, un pueblo que aspira a vivir sin castigos ni amenazas. A veces encontramos criterios que desde posturas contradictorias buscan justificar el bloqueo porque, según algunos afirman, es un arma para impulsar cambios en Cuba, para perjudicar a una supuesta élite política o burocrática. Pero en la práctica va mucho más allá de una postura contra el gobierno cubano. En la práctica, el bloqueo no es una medida política: es una injusticia humana que debe ser denunciada en todos los escenarios posibles. 

Y hacerlo desde la diáspora tiene un valor especial, porque esa denuncia demuestra que la patria no se reduce a un territorio físico, sino que se expande allí donde haya cubanos dispuestos a defenderla. En espacios compartidos con granadinos y otros pueblos del Caribe, la denuncia adquiere un sentido colectivo, porque la solidaridad regional ha sido siempre un escudo contra la hostilidad externa. Así debe continuar siendo.

¿Qué significado tiene hoy la resistencia frente al bloqueo para las nuevas generaciones, aun en las difíciles circunstancias que les está tocando vivir a estas nuevas generaciones?

Yo creo que para el tipo de personas que somos los cubanos resistir no es solo sobrevivir. El cubano se caracteriza por su inventiva, tiene aspiraciones y suele desarrollar talentos y aptitudes para alcanzar sus metas. Por eso, la resistencia que hemos tenido que tener en momentos como este tan dramático 2026 equivale a continuar creyendo en la esperanza, incluso cuando el imperialismo intenta bloquearla. Debemos continuar creyendo en la esperanza y, al mismo tiempo, ser conscientes de nuestras limitaciones materiales inmediatas, pero también de cuáles serían nuestras potencialidades si se toman las decisiones pertinentes, en los momentos pertinentes. 

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