Una deuda con la ciencia: ingeniera geóloga explica las lecciones del doblete sísmico que estremeció a Venezuela
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Una deuda con la ciencia: ingeniera geóloga explica las lecciones del doblete sísmico que estremeció a Venezuela

Más de 29.000 efectivos y 26.000 voluntarios se han desplegado en una carrera contrarreloj que ha logrado rescatar a 6.462 personas y distribuir 9.486 toneladas de alimentos, pero el saldo final ya es el más letal en la historia sísmica de Venezuela.La ingeniera geóloga Luiraima Salazar, en diálogo para Sputnik, desglosa con claridad las claves geológicas del fenómeno y, con crudeza, señala las deudas históricas que Venezuela arrastra en materia de prevención. Su diagnóstico, además de un informe técnico, es una advertencia para el presente y un plan de acción para el futuro.Cuando la falla de Boconó se estremeció dos vecesPara entender lo ocurrido el 24 de junio, Salazar invita a viajar al subsuelo. El primer sismo, de magnitud 7,2, se originó en el noreste de la falla de Boconó, específicamente en el bloque BOC-E, en el estado Yaracuy, a 20,3 kilómetros de profundidad. Pero la energía acumulada no se liberó en un solo golpe. Apenas 39 segundos después, un segundo movimiento de magnitud 7,5 sacudió la misma zona, esta vez entre 10 y 12 kilómetros de profundidad.»Esto dio origen a que se le denominara un doblete sísmico severo», explica Salazar. Pero lo que convirtió este evento en una pesadilla de alcance nacional fue su capacidad de propagación. La energía liberada en el occidente viajó a través de una «zona de transferencia» —las fallas de Morón— y conectó con el sistema de fallas de San Sebastián, que corre en dirección este-oeste al norte de la cordillera de la costa. Aún persiste un debate científico sobre la ubicación exacta de los epicentros. Mientras algunos estudios los sitúan cerca de Morón, investigaciones de la Universidad de Pekín y del Geoforschung Zentrum de Potsdam apuntan a que uno de ellos pudo estar al norte de La Guaira, basándose en la magnitud de los daños y en el enjambre de réplicas que se ha concentrado en esa zona. «Todavía esto está en discusión. Debe haber una nueva investigación para hacer relocalización hipocentral (…) y poder definir con ciencia cierta este fenómeno tan importante y potente», precisó.La geología del desastreLas zonas más afectadas por el doblete sísmico fueron La Guaira, Altamira y San Bernardino. Para la geóloga, esto se explica no solo en la magnitud de los terremotos, sino en lo que ocurre en el subsuelo y en lo que se construyó en la superficie.En La Guaira, confluyeron todos los factores de riesgo posibles. La franja costera, extremadamente delgada y elongada, está asentada sobre «sucesivos depósitos de abanicos aluviales, abanicos coluviales y sedimentos poco consolidados» acumulados al pie de la cordillera. Estos materiales, al ser expuestos a una sismicidad de esta magnitud, «se comportan de manera muy vulnerable, muy endeble, como una gelatina», producto de la licuefacción de suelos. El fenómeno es brutal: los sedimentos se mezclan con agua, pierden resistencia al corte y provocan primero hundimientos y luego desplomes.»Estos edificios fueron construidos en zonas que de por sí eran vulnerables, que no podían sostener este tipo de construcciones porque necesitaban un diseño especial de pilotes que llegaran hasta la roca intacta para sostenerse y, además de eso, es posible que tampoco hayan cumplido con las normas de sismorresistencia», añade Salazar.El mismo patrón se repite en Altamira y San Bernardino, en Caracas, donde el urbanismo creció sobre depósitos sedimentarios poco consolidados producto de los derrubios del Ávila. «Cuando hay estos sismos, la longitud de onda se amplifica, los niveles freáticos aumentan, ocurre la licuefacción de suelos, el hundimiento y el posterior desplome».Lo que Venezuela no puede seguir postergandoAnte este escenario, la experta propone un decálogo de tareas que, advierte, son urgentes e impostergables.

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