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Se acerca la fecha del centenario de un bebé nacido en un bohío que su padre hizo construir lejos de la casa familiar en su hacienda «Las Manacas», en Birán, para que su esposa María Luisa no se enterase, y que fue inscrito como Fidel Hipólito Ruz González.
No sabemos si el 13 de agosto próximo el régimen devastador que él ya de mayorcito impuso seguirá intacto o no. Lo que sí sabemos es que increíblemente él sigue siendo el profeta y un icono continental de la izquierda latinoamericana, e internacional en general.
Por eso es necesario sacar a la luz facetas del verdadero Fidel Castro (recibió el apellido Castro a los 17 años) que ha ocultado siempre la maquinaria de propaganda que él mismo montó. Hoy nos enfocaremos en su condición de asesino compulsivo y de algunas de las artimañas de que se valió para llegar al poder.
Uno de los argumentos principales de Hipólito para alzarse contra Batista fue el de los asesinatos de su dictadura por motivos políticos. En el juicio por el ataque al Moncada calificó al batistato de ser «una tiranía sangrienta», un «régimen criminal y tiránico» y después hablaba del «asesinato de miles de jóvenes cubanos», etc.
Batista mató a 896 personas, Pinochet a 3.216 y Fidel a 8.611
Archivo Cuba (AC) ha documentado que entre el 10 marzo 1952 y el 1 de enero de 1959 las fuerzas represivas batistianas asesinaron a 896 personas, incluyendo 864 ejecuciones extrajudiciales (570 de ellos en 1958) y 32 desaparecidos, que se asume también murieron.
Pues bien, esa misma prestigiosa entidad del exilio cubano ha documentado que, por motivos políticos, Fidel Castro ejecutó ante un paredón o sin juicio previo, o le causó directa o indirectamente la muerte o hizo desaparecer, a 8.611 cubanos. O sea, asesinó a casi diez veces más (9,6 veces) personas que Fulgencio Batista.
No solo eso, mató a 5.395 opositores políticos más que Augusto Pinochet aproximadamente en igual período de tiempo que su homólogo chileno. Pero la izquierda chilena y latinoamericana en general repite machaconamente como un horror incalificable la cifra documentada de 3.216 muertos o desaparecidos durante la dictadura de Pinochet, quien sí era mundialmente repudiado por asesino.
Porque el déspota cubano, pese a matar tres veces más que su par chileno siempre fue venerado y tratado respetuosamente como «presidente» de Cuba. Y hoy es el «expresidente cubano» para casi el mundo entero, y sobre todo para la izquierda recalcitrante que en buena medida domina los medios de prensa y las universidades en Occidente.
Batista no tenía chance de ser electo, Fidel Castro tampoco
Echemos ahora un vistazo al oportunismo camaleónico del binarense para llegar al poder y asesinar a tanta gente. Hace poco vimos que en 1951 le «sugirió» a Fulgencio Batista que diera un golpe de Estado al presidente Carlos Prío.
Las elecciones presidenciales estaban programadas para el 1 de junio de 1952. Batista era candidato, pero en las encuestas publicadas por la revista Bohemia era ampliamente superado por Roberto Agramonte (Partido Ortodoxo) con 29,3%, y por Carlos Hevia (Partido Auténtico) con 17,5%, mientras el sargento-general tenía un 14,2%.
Fidel ya desde fines de 1951 tenía lista su candidatura por el Partido Ortodoxo para optar por un escaño en la Cámara de Representantes. Pero también sabía que no tenía chance debido a su fama como violento pandillero que baleaba a sus rivales políticos hasta por la espalda. Él conocía de su propia fama porque la leía en la prensa.
Por algo cuando Fidel quiso ingresar en el Partido Ortodoxo, su líder, Eddy Chibás, lo rechazó y exclamó: «No quiero gángster en el partido». Solo por la insistencia de José Pardo Llada, amigo de Fidel, al fin fue admitido.
Y ya siendo miembro de dicho partido, lo traicionó. Violó su plataforma política de lucha civil liberal democrática, y se fue a Kuquine a insinuarle a Batista que diera un golpe de Estado.
Tres meses antes de los comicios, y no porque nadie se lo insinuara, sino porque sabía no sería electo presidente de la República, «el hombre» (como a sugerencia de Blas Roca llamaban a Batista los comunistas cubanos, sus más fieles aliados políticos años atrás) dio el cuartelazo. Con el Ejército Nacional de su lado y el decisivo apoyo del presidente estadounidense, Harry Truman.
El cuartelazo de Batista le abrió el camino a Fidel Castro
Rápidamente Fidel rompió entonces con el Partido Ortodoxo para hacerle la guerra a la dictadura y llevar a cabo su sueño de tener «fama y gloria», como le confesó a «El Chino» Esquivel, colega suyo cuando estudiaban Derecho en la Universidad de La Habana.
Creó su propio movimiento político-terrorista que llamó «Generación del Centenario» (por el centenario de José Martí), en su inmensa mayoría jóvenes que, con su talento como encantador de serpientes, él le sustrajo al Partido Ortodoxo.
Seguramente inspirado en el ataque de Hitler (de quien era admirador) en 1923 al Ministerio de Guerra en Baviera (Munich) para iniciar la revolución nazi, en 16 meses reunió a cientos de jóvenes, los armó y atacó el cuartel Moncada para apoderarse de las armas, formar un ejército rebelde, derrocar a Batista y hacer su «revolución».
El ataque, como el de Hitler, fracasó. Pero 22 meses después Batista lo amnistió, y en diciembre de 1956 Fidel Castro se alzó en armas en Oriente. Y con su «Movimiento 26 de Julio» comenzó a sembrar el terror en las ciudades.
Y entonces fue él quien le dio un golpe de Estado a Batista, y tomó el poder. Del fidelato Archivo Cuba ha documentado 3.116 fusilamientos ante un paredón y otras 1.200 ejecuciones extrajudiciales por motivos políticos, la mayoría de ellas en la campaña militar que Fidel llamó «Limpia de Bandidos del Escambray», hasta 1966. Esas dos cifras suman 4.316 asesinatos políticos.
A eso hay que agregar los miles de cubanos que durante su mandato superior a medio siglo murieron acribillados a balazos por los esbirros guardafronteras del MININT cuando intentaban huir del país, o ahogados por tormentas en el Estrecho de la Florida, o perdidos en alta mar y fallecidos por sed, hambre e insolación.
Mención muy especial merece el hundimiento del remolcador «13 de marzo», ordenado por Fidel Castro, repleto de hombres, mujeres y niños que intentaban huir del país. En aquella salvajada estilo nazi murieron ahogadas 41 personas, incluyendo diez niños.
Igualmente hay que agregar los muertos bajo custodia del Estado cubano, por palizas de los esbirros carceleros, por falta de atención médica, o en huelgas de hambre, o ejecuciones extrajudiciales.
Miles de cubanos muertos en Angola solo por el ego de Fidel
Pero hay más. A todos esos asesinatos políticos directos hay que sumar los miles de cubanos muertos en África, Medio Oriente, Asia y América Latina. Ningún otro tirano latinoamericano hizo nunca nada parecido.
O sea, al inventario fidelista de crímenes políticos hay que añadir a los miles de cubanos muertos en Angola y en otras naciones africanas y asiáticas, en guerras que nada tenían que ver con los cubanos, sino para nutrir la egolatría narcisista de ese a quien ahora pretenden homenajear sus herederos en el poder.
En Angola, según las cifras oficiales del régimen, manipuladas a conveniencia, murieron 2.655 cubanos en 16 años de guerra (1975-1991), de los casi 400.000 cubanos que fueron enviados a ese conflicto ajeno al pueblo cubano. Pero historiadores y analistas estiman que la cifra verdadera no baja de 10.000 muertos o más.
Un detalle importante: el régimen castrista incluye en los asesinatos políticos del batistato a los guerrilleros rebeldes muertos en combate, y revolucionarios armados caídos en enfrentamientos con los esbirros batistianos.
En total esos suman 692 víctimas mortales. Pero no fueron asesinados a sangre fría ante un paredón o extrajudicialmente de otras maneras. Estaban armados, combatieron y mataron efectivos batistianos.
Por otra parte, los antibatistianos combatientes en Cuba eran todos voluntarios, y los caídos específicamente en Angola fueron obligados, o compulsados por el régimen a irse a jugar la vida en una guerra que nada tenía que ver con Cuba y los cubanos.
Algunas otras facetas «delicadas» del Fidel Castro verdadero seguiremos ventilando aquí, en su centenario.
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