De Mijaín López todos saben que es el “Gigante de Herradura”, el único ser humano en la historia que ha ganado cinco medallas de oro olímpicas en una misma disciplina individual. Conocen que su reinado en la lucha grecorromana duró dos décadas, que muchas veces su principal rival fue el peso corporal, sin embargo, pocos tienen información sobre el padre de Mijailcito y Nayha, una mole de ternura y exigencia que no se esconde para confesar que el oro más difícil de ganar es el de estar presente cuando el mundo te reclama y tus hijos te esperan en casa.
Para conocer a esa leyenda olímpica, que es también héroe terrenal para sus retoños, llegamos hasta el hogar de Mijain donde los “niños siempre tienen un lugar”, a pesar de que ya el campeón no comparte la vida matrimonial con la madre de ellos. La conversación también se extendió hasta otro sitio donde el pinareño forjó con sudor y sacrificio el camino al olimpo: el colchón de la Escuela Superior de Formación de Atletas Cerro Pelado, que fue el escenario donde se tomó la foto con la que el Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, felicita a los padres en su día. Fueron quizás estas locaciones íntimas las que permitieron adentrarnos en la fibra más sentimental del gladiador.
Bartolo: el padre ejemplo
Cuenta Mijain que cuando pisó el colchón en París, no solo llevó la presión de la historia deportiva. Llegó con una promesa hecha a su difunto padre, Bartolo, que siempre estuvo en cada una de sus cinco Olimpiadas anteriores, incluso en aquella primera, Atenas 2004, donde el menor de los López regresó sin premios, a diferencia del hermano boxeador Michel que obtuvo bronce en los pesos supercompletos.
Detrás del padre que es hoy, hay un niño que creció viendo en la figura paterna el ejemplo del sacrificio, de la honradez, de “doblar el lomo” para poder ganarse el sustento diario en la demandante faena del campo, hay un adolescente que vio el orgullo en los ojos de su viejo, el rostro preocupado por una lesión.
De Bartolo, Mijain aprendió lo más valioso. Pero si hay algo que destaca por encima del resto es «la humildad y la sencillez”, dos cualidades -dijo- que le enseñaron para poder convivir en todos los espacios. Además, hay lecciones que dejó como impronta y legado: “la grandeza como persona, como ser humano. Y después los principios como amigo, como hombre, como padre, que creo, los he tenido muy presentes».

Con un criterio muy convincente y sentimental, Mijain admitió: » Me enseñó la verdadera composición de un padre, la de estar en cada momento, en cada segundo, y de luchar porque todo siempre esté bien. Para mí fue un ídolo, una estrella». Esa certeza, asegura, es la que hoy intenta aplicar con sus sus hijos, porque «la familia es la esencia de todo lo que hemos vivido».
“Haber logrado mi quinta medalla en unos Juegos Olímpicos fue algo grande, tuve que hacer grandes esfuerzos para poder obtener el resultado. Una promesa ante mi papá, mi difunto papá, que siempre estuvo en todas las Olimpiadas mías, en cada uno de los procesos», confesó con la voz teñida de emoción. Cuando regresé a Cuba, tras «casi tres meses que estuve fuera en los entrenamientos» y pude abrazar a los míos fue un momento «trascendental, muy bonito», de alguna manera ahí estaba lo más valioso que dejó el padre de los campeones de Herradura: su familia.
El gigante cubano también reconoce que la paternidad va más allá de la sangre. En sus años de formación y competición, entrenadores como Pedro Val y Raúl Trujillo se convirtieron en figuras paternas fundamentales. «Pedro y Trujillo en estos últimos años, o en los años olímpicos, para mí fueron muy importantes, porque estuvieron en cada uno de los momentos de mis victorias, de mis derrotas, y fueron los que me apoyaron en cada una de mis competencias». De ellos aprendí posturas y disciplina, y hoy, retirado, siente Mijain que tiene el deber de «aportarles esa experiencia a todos los atletas, a mis hijos, para que sigan por el mismo camino en el cual ellos me enseñaron a mí».

Mijailcito: «Hijo de gato caza ratón»
La vida personal de Mijain está sincronizada con el calendario deportivo de una manera casi poética. Su relación con la madre de sus hijos, Maylín González, campeona panamericana en esgrima, comenzó en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. Estuvieron casados doce años, y cada hijo llegó en el mismo año de dos de sus títulos en citas bajo los cinco aros: «En la Olimpiada del 2012 nació el primer niño de nosotros, Mijail. Y en la del 2016 nació Nayha». Para el pentacampeón, ellos son «como dos medallas”, porque llegaron en momentos muy transcendentales, y a ellos fueron dedicadas cada una de sus victorias.
El primogénito, que lleva su mismo nombre, aunque terminado en l, como presagio de un sello propio, siguió sus pasos en la lucha. Mijail López González con apenas 15 años le falta muy poco para alcanzar la estatura de su padre, en su categoría es de los gladiadores más destacados del país. Mijain lo asume con el orgullo del refrán cubano: «Hijo de gato caza ratón», era raro que tomaran un rumbo diferente cuando han crecido viendo a mamá y papá envueltos en los hábitos de entrenamientos, competencias, lesiones, desentrenamiento.
Lejos de imponerle su legado, el campeón busca guiarlo con mano firme pero abierta. «Yo trato de no decirle qué hacer para que él no se sienta presionado», aclaró. Como todo padre tiene muchas aspiraciones con su hijo, pero solo se contenta con una “Yo con un solo resultado que me dé soy feliz. Quiero que implante el nombre de Mijail López, que quede claro que no se fue, volvió, y eso para mí sería un orgullo muy grande».
Para ello, no duda en aplicar la disciplina que él mismo vivió: lo llevó a entrenar a Matanzas, lejos del calor de la casa habanera. ¿La razón? «Cuando uno quiere ser un gran atleta, tiene que separarse de la familia, para uno saber lo que uno quiera hacer en su vida. Él mismo debe lavarse sus ropitas, él mismo debe tender su cama, y esas son formaciones que no se deben perder». Es su manera de darle el «apretoncito» necesario para que sepa cómo se logran los grandes resultados, sin perder de vista que el camino debe ser suyo: «Solamente es apoyarlo en cada una de las cosas que quiera hacer él, requerirle algunas cositas que no está haciendo bien, pero sin inculcarle que tiene que hacer lo que yo hice».

Nayha y el desafío en la piscina
Nayha es la niña pequeña de papá, aunque ya a su físico esbelto no le quede nada chiquito. Juguetona y cariñosa siempre cuelga del cuello o del brazo de “papi” como una sexta medalla olímpica, “es la reina de casa”, la definió Mijain. Nacida en el año olímpico de Río 2016, ha tomado un rumbo distinto: la natación. Y el orgullo en la voz de este Héroe de la República de Cuba se hace más grande al hablar de ella o cuando la ha visto tocar primero al término de la prueba, luego de que en los pocos segundos que emerge del agua sienta sus gritos desde las gradas. «Un deporte que es duro, un deporte como la natación, un deporte que normalmente es dominado por los blancos, y verla ahí líder en varios estilos, la gente dice, ¿cómo es posible?», relató con asombro.
Aunque al principio -confesó- no quería que sus hijos fueran deportistas por la dureza de la vida de los atletas, hoy los apoya incondicionalmente, con el criterio de que el deporte más que sacrificios es disciplina, estilo de vida, amor y pasión.

Un padre, a veces a distancia con una «ley» diaria
¿Cómo se maneja la presión de ser un ícono mundial y a la vez un padre presente? Mijain lo tiene claro: hay que aprovechar los momentos, aunque sean difíciles. «Su pedacito siempre está ahí, presente. Tenemos una ley, que es la de todos los días conversar, aunque estemos lejos, hablar por teléfono, comunicarnos, preguntarnos qué están haciendo, cómo van las escuelas, los estudios, los entrenamientos», esa conexión diaria es su ancla.
En ese equilibrio, destaca la madurez con la que maneja la relación con la madre de sus hijos: «El amor de padre a sus hijos no tiene nada que ver con las relaciones de madre y padre. Hemos mantenido ese vínculo entre ambos, para que nuestros hijos estén bien enfocados en lo que tienen que ser, en los estudios, en sus entrenamientos. Al final hay que luchar para el futuro de ellos dos, que son la esencia de nosotros».
En este Día de los Padres, Mijain no se olvida de su tierra ni de sus compatriotas. Con la humildad que aprendió de Bartolo, envió un mensaje a los que cada día como él sueñan con ver a sus hijos convertidos en hombres y mujeres de bien. A los padres cubanos deseó una feliz jornada, “que disfruten ese día como nosotros nos merecemos, porque han sido días duros los que hemos vivido, pero siempre tenemos que tener la mente positiva de que hay una familia que nos ama, hay una familia por la que tenemos que seguir luchando».
Con la experiencia de quien ha tocado la gloria olímpica en cinco ocasiones, envuelto en la fama que trae consigo su hazaña deportiva, Mijain dijo a los padres de la isla que deben sentirse como responsables de “echar alante” la familia y el país, sabiéndose esencia de ese núcleo primario donde se forja el ser humano.
De Mijaín López todos saben que es inmortal sobre un colchón, pero los que lo conocen en su rol de padre, comprenderán que su mayor legado no cabe en un podio, sino en los abrazos que da «desde su rincón» a Nayha y Mijailcito, sus dos medallas de carne y hueso.
Escuche y descargue la propuesta radial.
La entrada Mijail y Nayha: las dos medallas más preciadas de Mijaín López se publicó primero en .



