Esta noche de 20 de octubre, a las siete, la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba acogerá la función inaugural de una temporada que se extiende hasta el 28 de este mes. La fecha elegida no es arbitraria: es el Día de la Cultura Nacional, y el Ballet Nacional de Cuba ha querido que su primera función sea, ante todo, un homenaje al Ministerio de Cultura, que este año cumple medio siglo desde su fundación en diciembre de 1976. A esa dedicatoria central se suman otras conmemoraciones que la compañía ha decidido entrelazar en su temporada: el aniversario 81 de la ONU —cuya fecha fundacional es el 24 de octubre— y el aniversario 78 de la primera función del entonces Ballet Alicia Alonso, que se cumplirá el propio 28 de octubre, día del cierre.
El Ballet Nacional de Cuba abre la noche con una suite de Don Quijote. La obra llega en la puesta en escena de Alicia Alonso —dirección artístico-coreográfica—, con la reposición de Marta García y María Elena Llorente, sobre la original de Marius Petipa y la versión de Alexander Gorsky. Para entender lo que esto significa hay que remontarse a 1948, cuando Alicia y Fernando Alonso, junto a Alberto Alonso, fundaron el entonces Ballet Alicia Alonso con una idea que en aquel contexto era casi una provocación: sacar el ballet del círculo elitista y convertirlo en patrimonio de todo el pueblo. La compañía sobrevivió a la hostilidad del gobierno de Batista, que en 1956 le retiró la subvención y la dejó al borde de la disolución, y encontró su marco definitivo tras 1959, cuando el Decreto 812 le garantizó respaldo estatal. Desde entonces, el BNC ha llevado su arte a decenas de países y ha acumulado un repertorio de centenares de obras. La suite de Don Quijote que se verá esta noche es un eslabón de esa cadena de transmisión que va de Petipa a Gorsky, de Gorsky a Alonso, y de Alonso a las bailarinas y bailarines que hoy la interpretan bajo la dirección general de Viengsay Valdés.
- <span style=" la danza contemporánea aporta la pregunta del presente, la identidad en tensión; el folclor aporta la raíz africana estilizada para la escena. No compiten entre sí: se necesitan. Y esa necesidad mutua es, quizá, el argumento más elocuente que puede ofrecer una gala de apertura en el Día de la Cultura Nacional, dedicada a la institución que lleva cincuenta años intentando sostener precisamente eso: que esas tres voces puedan seguir sonando juntas.
La temporada continúa con hitos que confirman el peso histórico de la ocasión. Los días 24 y 25 de octubre el BNC presentará su versión de Giselle, en la puesta antológica de Alicia Alonso sobre la original de Jules Perrot y Jean Coralli y la versión de Marius Petipa, título con el que la compañía obtuvo recientemente triunfos en el Bolshoi de Moscú y el Mariinsky de San Petersburgo; la función del sábado 24 estará dedicada a la ONU, cuya fundación se rememora ese mismo día. El cierre, el miércoles 28 —fecha en que se cumplen 78 años de la primera función del entonces Ballet Alicia Alonso—, será con La magia de la danza, espectáculo antológico que reúne momentos clave del ballet del siglo XIX en versiones de Alonso y el final de su Sinfonía de Gottschalk. Las funciones son a las 7:00 p.m., excepto la del domingo 25, a las 5:00 p.m.
(Con información de Granma)


