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Este 23 de agosto, no se cumple un aniversario cualquiera: la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) celebra sus 66 años de existencia, y con cada vela encendida en esta fecha se aviva la memoria de aquel 23 de agosto de 1960, cuando más de 800 delegadas de todo el país se reunieron para fundar la organización que desde entonces agrupa y representa a las mujeres de la nación. Pero aquel acto fundacional, celebrado en la capital, no fue un hecho aislado ni improvisado; fue la culminación de una idea que el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz había gestado mucho antes, durante los días de la lucha insurreccional, cuando ya vislumbraba que la emancipación del pueblo cubano sería incompleta sin la emancipación plena de sus mujeres.
Fidel entendió, con una claridad que pocos líderes de su época alcanzaron, que la mujer no era una destinataria pasiva de los cambios revolucionarios sino una protagonista activa y necesaria. “La Revolución ha sido un gran paso en la liberación de la mujer”, sentenció en más de una ocasión, y esas palabras fueron el reflejo de una convicción profunda que se tradujo en hechos concretos. Desde los primeros años del triunfo revolucionario, las leyes de reforma agraria y urbana reconocieron derechos a las campesinas y a las dueñas de casa que hasta entonces habían sido ignoradas, mientras la creación de los Círculos Infantiles liberaba a las madres trabajadoras de la angustiosa disyuntiva entre el empleo y el cuidado de los hijos. Para el líder de la Revolución, la mujer cubana encarnaba una reserva de talento, de entrega y de coraje que no podía desperdiciarse, y por eso la convocó a las aulas, a las fábricas, a los consultorios médicos y también a las filas de las Milicias Nacionales Revolucionarias, porque comprendía que la defensa de la patria era una tarea que requería de todos los brazos y de todas las conciencias.

Desde su fundación, la FMC se convirtió en el brazo ejecutor de esa visión martiana y fidelista, y su historia se ha escrito con letras de mujer en cada rincón del archipiélago. Fueron las maestras voluntarias las que se internaron en las montañas con una cartilla y una linterna para llevar la luz del conocimiento a quienes nunca habían aprendido a leer, y fueron las fundadoras de los Círculos Infantiles las que permitieron que miles de obreras y profesionales pudieran incorporarse plenamente a la vida laboral sin el lastre de la incertidumbre. En los momentos más difíciles de la nación, particularmente durante el período especial de los años 90, la mujer cubana, organizada y movilizada desde su Federación, tejió redes de solidaridad en los barrios, encontró soluciones ingeniosas para el sustento familiar y mantuvo en alto la moral de los hogares, demostrando en la práctica aquella máxima que Fidel repetía con admiración: la mujer posee una capacidad de entrega, de sensibilidad y de sacrificio que muchas veces trasciende los límites que la sociedad tradicional le había asignado.
Hoy, a 66 años de su fundación, sus más de cuatro millones de afiliadas, que abarcan desde las jóvenes pioneras que recién se incorporan hasta las abuelas de la tercera edad que atesoran décadas de militancia, despliegan una labor cotidiana que va mucho más allá del discurso conmemorativo. Atienden los Programas de Atención a la Familia, promueven la educación sexual y la prevención de la violencia de género en todas sus manifestaciones, impulsan el trabajo comunitario en los Consejos Populares y participan activamente en los debates legislativos que han dado forma al Código de las Familias, un cuerpo legal que reconoce y protege las diversas formas de amor y convivencia que coexisten en la sociedad cubana contemporánea.

La visión del Comandante se materializa hoy en esas mujeres que dirigen centros científicos de vanguardia, que administran empresas estatales y cooperativas, que imparten cátedras en las aulas universitarias y que, desde la base comunitaria, constituyen el termómetro social de una nación que no concibe su porvenir sin la participación plena y equitativa de la mitad femenina de su población. Porque Fidel no solo alentó la incorporación de la mujer a la esfera pública; la formó, la preparó y la puso al frente de responsabilidades cada vez mayores, convencido de que la Revolución sería más fuerte cuanto más fuerte fuera el protagonismo de sus mujeres. En ese sentido, la FMC ha sido una escuela permanente de formación política, ética y cultural, un espacio donde las cubanas han aprendido no solo a reclamar sus derechos sino también a asumir sus deberes con la patria y con las generaciones que vienen detrás.

Cada 23 de agosto, las mujeres de Cuba reafirman su compromiso con la obra iniciada hace más de seis décadas, aquella que Fidel soñó como una patria donde la mujer no fuera un adorno ni una simple reproductora, sino una forjadora de conciencias, una creadora de riqueza y una arquitecta del progreso social. Los reconocimientos que en esta fecha se entregan en cada provincia a las federadas más antiguas y a las jóvenes que se incorporan a las filas no son meros gestos protocolares; son el testimonio de una cadena de transmisión de valores que no se ha roto, que sigue intacta y que se renueva con cada generación.
Fidel nos dejó una enseñanza profunda: la emancipación de la mujer es la medida más fiel del desarrollo alcanzado por un pueblo. Sesenta y seis años después de la fundación de la FMC, esa enseñanza se mantiene más vigente que nunca. Las cubanas, desde la guajira que cultiva la tierra con sus propias manos hasta la científica que investiga en laboratorios de punta, desde la obrera que opera una máquina en una fábrica hasta la jueza que imparte justicia en los tribunales, son hoy el rostro más auténtico de la Revolución, el reflejo vivo de aquella convicción fidelista de que no hay obra grande sin la participación activa de la mitad más hermosa y valiente de la humanidad. Porque Fidel no solo las nombró en sus discursos ni las mencionó en sus intervenciones; las puso en el centro del tablero histórico, y ellas, fieles a esa confianza depositada hace ya 66 años, siguen escribiendo la crónica de una patria que no concibe su futuro sin sus mujeres, con paso firme, con la frente en alto y con la certeza de que su lugar está en todas las trincheras donde se forja el mañana.

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