Si hoy fuera posible conformar un mapa de la existencia humanísima de la doctora Niurka Agramonte Valle, la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Pediátrico Provincial José Martí Pérez, de Sancti Spíritus; la Coordinación de la Brigada Médica Cubana en la Misión Niño de Jesús, en el estado de Miranda, Venezuela, y el Hospital Central de Maputo, en Mozambique, serían, entre otros muchos, los puntos de confluencia entre la pediatra y la madre que, paradójicamente, ha entregado más horas a los niños que a sí misma.
Desde hace más de 30 años, a esta especialista en Neonatología, en Cuidados Intensivos Pediátricos y de segundo grado en Pediatría le acompañan la paciencia, los conocimientos y la pericia para realizar diagnósticos certeros.
A pesar de que ha vivido y oído de todo en sus días de doctora, a lo único que no se acostumbra —dice— es a la voz desgarradora de una madre pidiéndole que salve a su hijo.
EL PEDIÁTRICO, SU OTRO ASIENTO SOBRE LA TIERRA
En la Sala de Cuidados Intensivos del Hospital Pediátrico Provincial labora desde hace casi tres décadas, y relatan que, una vez que atraviesa la puerta principal, adopta como hijos suyos a niños en estado grave y crítico; y aunque la mayoría de las veces permanecen entubados, esta mujer, como nadie, sabe leerles los ojos, el rostro y hasta las líneas de las manos.
La práctica médica y la sensibilidad que viene en el ADN de la profesión, le allanaron el camino para devenir en profesora auxiliar y formadora de muchísimos residentes, en una de las expertas de la comisión del niño crítico y en la subdirectora del Hospital Pediátrico por varios años.

La doctora, asignada al frente de la Pediatría en Santi Spíritus durante la pandemia de la covid, libró junto a otros profesionales mil batallas por la salvación de muchos niños; y también por sí misma, cuando el SARS-CoV-2 la convirtió en paciente y en una de las personas por las que más rogó el pueblo espirituano durante los 14 días que permaneció en estado crítico en la Unidad de Cuidados Intermedios y en la de Intensivos del Hospital Provincial General Provincial ºCamilo Cienfuegos.
Los pediatras suelen andar sin relojes y sus casas se transforman en una especie de consulta con servicio extendido; así lo reconoce la doctora que ha tenido en su familia el sostén para que las horas alcancen y atender a sus pacientes, lograr tres especialidades médicas y una maestría en Atención Integral al Niño.
ARCOÍRIS PARA OTROS NIÑOS DEL MUNDO
Siempre que la doctora Niurka Agramonte sonríe, nace, y en su arcoíris de ternura caben todos los niños del mundo; tan es así que en 2010 asumió la Coordinación de la Brigada Médica Cubana en la Misión Niño de Jesús, en el estado de Miranda, Venezuela, y luego, estuvo al frente del Servicio de Neonatología en el Hospital Materno Doctor Osío, de Cúa, en el municipio de Rafael Urdaneta.
“En ese hospital trabajamos con pacientes muy críticos en las edades extremas de la vida, y cada pequeño que salvábamos era un momento impactante para todo el equipo. A la par de este trabajo, llevábamos el proceso inicial del Programa de Atención Materno Infantil en una brigada de 82 colaboradores, integrada por neonatólogos, pediatras, obstetras, anestesiólogos…
“Lo más trascendente de esa misión fue la gran asistencia médica que brindábamos a la población. En ese hospital materno, prácticamente eran atendidas más de 30 gestantes diariamente y el servicio de Neonatología permanecía lleno. Poco a poco, alcanzamos un gran impacto social dentro de la población, sobre todo, de los Valles del Tuy, una de las zonas más temidas en cuanto a riesgos sociales.
“Ampliar la misión Niño de Jesús fue un gran desafío porque tuvimos que llevar el Programa de Atención Materno Infantil a varios hospitales; algunos de estos ubicados en regiones densamente pobladas como Petare, donde hubo que trabajar mucho.
“Las llegadas tardías a los servicios de urgencia y emergencia pediátricos incidían de forma negativa en la calidad de vida del paciente y en el grado de supervivencia. Era muy triste ver a niños que venían en muy mal estado porque sus padres no tenían recursos, y nosotros hacíamos todo lo humanamente posible por salvarlos; a veces, hasta de nuestro mismo salario tuvimos que comprarle la medicación para que pudieran sobrevivir”.
Mozambique, es otra línea de color en el arcoíris solidario de la pediatra espirituana, quien llegó a Maputo el 8 de marzo de 2024 y todavía permanece allí.

“Al principio fue difícil insertarnos en el colectivo de trabajo de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital Central de Maputo, nos estaban evaluando constantemente desde el punto de vista profesional, hasta que logramos convencer con nuestro ejercicio diario.
“La realidad que nos encontramos aquí está marcada por una alta mortalidad por enfermedades infecciosas, malarias complicadas, meningoencefalitis, accidentes infantiles; los pequeños llegan casi siempre en estado de shock, debido a que hay tendencias al empleo de la medicina primitiva, antes de tocar las puertas del hospital.
“Son muy frecuentes las oclusiones intestinales por parasitismo; hemos encontrado, además, casos nunca antes vistos en Cuba como una niña de 13 años con un megacolon agangliónico congénito, malformación congénita digestiva que en nuestro país es diagnosticada en la etapa neonatal o en los primeros meses de vida y se aplica tratamiento quirúrgico”.
Desde Maputo, ciudad mozambicana rodeada de mares, la doctora Niurka Agramonte describe —vía WhatsApp— lo que significa un día de recorrido por las comunidades más vulnerables. Bajo la sombra de un árbol y sobre la misma arena los colaboradores cubanos plantan la consulta y, al minuto, niñas y niños abrazan a Niurka como en una ronda infantil. Hay bullicio, hay risas; la doctora quiere eternizar el momento y lo hace en una foto que habla más que mil palabras.


