Transitar la ruta crítica sin desvíos
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Transitar la ruta crítica sin desvíos

Pensemos en cómo estimular la inteligente participación de los públicos ante las pantallas mediáticas y el resto de las manifestaciones artísticas


El curioso ¿por qué?, recurrente en la infancia, debería ser un estímulo constante en nuestras vidas. Nos ayuda a mantener activos los afanes por conocer, indagar, descubrir lo desconocido, incluso lo conocido, pues suelen quedar preguntas, dudas oportunas propensas, a veces, al disentimiento: ¿por qué no?

Toda crítica cultural, cuando analiza significados de lo visto ante las pantallas mediáticas y otras manifestaciones artísticas, asume ser un dispositivo diseminador de ideas y pensamientos redescubiertos al ver y apreciar lo disperso en filmes, telenovelas, cortos, exposiciones de artes visuales o presentaciones escénicas.

Al emprender la ruta del asunto teoría y práctica, y viceversa, se estimulan nuevos desafíos en el acto imprescindible de pensar. Ahí comienzan los ¿por qué?  Nunca deben cesar.

Ante la imagen de la primera actriz Verónica Lynn y, evocar conversaciones con ella, recordamos una interrogante obligada: ¿Por qué es importante la fundamentación teórica en el arte actoral cuando analizamos su labor creativa en el desempeño orgánico con su personaje? Ella, notable orfebre de la actuación, nunca olvida lo que aprehendió del maestro Stanislavski: “Siempre tienes que pensar de dónde vengo, a dónde voy, qué hago aquí?  Debo hacerlo buscando organicidad desde el trabajo práctico, desde la acción. Jamás lo olvidemos: lo nuestro depende de una cadena de acciones”.

Otros intereses arrojan nuevos signos de interrogación: ¿Qué debe sustentar la dramaturgia de una producción musical al concebir programas de radio y televisión; y la música en cinematografías y puestas audiovisuales? Los talentos y el magisterio basados en estudios e investigaciones de dos renombrados músicos: Juan Antonio Leyva y Magda Rosa Galban dan fe del alto nivel artístico de ambos, y durante el discurrir de las fundamentaciones ofrecidas al reflexionar sobre sus obras.

Estas y disímiles experiencias de relaciones dialógicas y debates han protagonizado los encuentros del Caracol, el espacio que convoca la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba para pensar la creación en los medios audiovisuales.

Sumar al resto de las Asociaciones de la Uneac a estas vivencias que implican a todas las artes es una urgencia creciente. Así se constará en las próximas sesiones de los días 22, 23 y 24 en la sala Villena de la institución.

Participa en encuentros y presentaciones en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. /Yasset Llerena

El espíritu participativo constituye una demanda en el día a día de la sociedad. Y la Uneac no escapa a esta necesidad. En la Antigüedad los griegos desconocían los términos creación y creador, les bastaba con la palabra hacer. En la era de la comunicación cultural se transmiten conocimientos, innovaciones y rupturas. Lidera la conflictiva experiencia de apropiaciones e invenciones de códigos y mensajes significantes para públicos diversos que no son pasivos. Lo sabemos, cambió la posición del destinatario, que logra sinergias con textos, imágenes y visualidades colocadas en dispositivos tecnológicos, y conectan a usuarios ansiosos por conocer e intercambiar juegos, series y producciones realizadas en casa. 

La observación y el conocimiento son eslabones de la misma cadena. De ningún modo pueden separarse ni ir cada uno por su lado.  Al leer a los clásicos de la crítica cultural como el eminente Ambrosio Fornet, recordamos la pérdida de perspectiva del contenido por el notable cineasta Joris Ivens. Lo subordinó todo a la función estética. Reconoció que se trataba de una etapa necesaria en el proceso de su formación técnica y artística. Descuidar las formas equivale al descuido de los contenidos. Una es inseparable del otro. Los recursos expresivos necesitan de ambos nutrientes para conmover a los públicos.

Sin duda, la “clave”, o una de ellas, es transitar la ruta crítica sin desvíos. Teoría y práctica son ramas del mismo árbol. Cultivarlas entre todos propicia la exploración intelectual de lo que sabemos, cómo lo sabemos y para qué lo sabemos.

Pensémoslo.

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