Décadas de abandono han dejado a Cuba con una infraestructura obsoleta y en profunda decadencia. Reconstruirla será el principal desafío que afrontaría una futura transición democrática, según coincidieron especialistas reunidos en el foro Reconstrucción de la infraestructura de Cuba como parte de la transición a la democracia, celebrado el 22 de julio en el Museo Americano de la Diáspora Cubana, en Miami. Académicos, empresarios, ingenieros y arquitectos cubanoamericanos analizaron una jerarquía de urgencias –electricidad, agua, saneamiento, transporte y conectividad– y plantearon estrategias de recuperación que, ante todo, dependerán de la creación de un marco legal capaz de atraer inversión privada y facilitar la participación de la diáspora. Esto fue enfatizado especialmente por el economista Rafael Romeu, presidente de la Association for the Study of the Cuban Economy. Romeu propuso una primera etapa de ayuda humanitaria destinada a sostener los servicios básicos y responder de inmediato a la urgencia de la situación social: el deterioro de la red eléctrica, del suministro de agua y del sistema sanitario. El analista recordó que Cuba no tiene acceso inmediato a la ayuda de organismos como el Fondo Monetario Internacional, del que se retiró en 1964. “Esperar por organizaciones internacionales podría conducir al caos y el sufrimiento de la población cubana, que tendría que enfrentar un agravamiento de la hiperinflación y dolarización en el mercado negro y el colapso de los servicios esenciales”. “Esperar por organizaciones internacionales podría conducir al caos y el sufrimiento de la población cubana" Romeu insistió en que la recuperación dependerá de una combinación de recursos públicos y privados, con la inversión privada como motor principal. Entre sus medidas de estabilización figura la dolarización de la economía, una propuesta que para él contendría la inflación y desmontaría la distorsión que hoy alimenta el mercado informal. La reconstrucción de Cuba, en cualquier caso, costaría miles de millones de dólares, y ahí sería cuando entrarían a jugar su papel “los muchachos del capital de riesgo”, según Romeu, quien también señaló al turismo como una de las actividades con mayor potencial para captar capital. El economista estimó que una Cuba abierta y con infraestructura adecuada podría recibir entre siete y 10 millones de visitantes al año. Por su parte, Jorge Piñón, investigador del Austin Energy Institute de la Universidad de Texas, abordó su especialidad. “Sin energía no hay país”, afirmó. Para él, la prioridad inmediata es asegurar un suministro confiable y limpio, indispensable tanto para la vida cotidiana como para la llegada de inversiones. Como ya contó a 14ymedio en entrevista, Piñón apuesta por ampliar el uso del gas natural, que Cuba ya extrae en Canasí y Puerto Escondido, y complementarlo con energía solar y etanol producido a partir de la caña de azúcar. Su propuesta consiste en abandonar gradualmente la refinación de crudo y transformar las refinerías existentes en terminales de almacenamiento y distribución de combustible de acceso abierto. Según el experto, esa reconversión evitaría los altos costos de modernizar instalaciones envejecidas, reduciría la contaminación y facilitaría la competencia entre proveedores. El experto detalló que aunque Cuba dispone de 59 plantas de tratamiento, muchas apenas funcionan o lo hacen con bajo rendimiento Sobre la crisis hídrica que también afecta a la Isla, habló el ingeniero José Enrique Cueto, ex director del Departamento de Agua y Alcantarillado de Miami-Dade. El experto detalló que aunque Cuba dispone de 59 plantas de tratamiento, muchas apenas funcionan o lo hacen con bajo rendimiento debido a la falta de químicos, equipos, bombas y filtros adecuados. El uso de gas cloro como principal desinfectante, advirtió, añade riesgos por su toxicidad. A esto se suma una red de alcantarillado insuficiente, que obliga a gran parte de la población a depender de fosas sépticas. Cueto propuso comenzar por restablecer el bombeo, el tratamiento de agua potable y las tuberías, priorizando hospitales, ciudades densamente pobladas y comunidades vulnerables. Estimó entre dos y cinco años para la rehabilitación básica, hasta diez para la modernización y más de una década para ampliar la infraestructura de aguas residuales, la capacidad industrial y el suministro agrícola. No se trata, por tanto, de una reparación rápida, sino de un programa nacional de largo aliento. El transporte en Cuba arrastra también desde hace décadas un deterioro severo. Carlos Peñín, fundador de C.A.P. Government y expresidente de la Miami-Dade Expressway Authority, afirmó que el 70% de las carreteras cubanas está en mal estado. La Carretera Central y la Autopista Nacional –inconclusa desde hace décadas– reflejan el abandono de una red donde los accidentes mortales son frecuentes y conviven vehículos, carretas y peatones sin condiciones mínimas de seguridad. Según Peñín, hay potencial para el desarrollo del transporte en la Isla, pero habría que hacer una gran inversión para que tenga un impacto económico. Sobre la infraestructura portuaria, los expertos recordaron que Cuba cuenta con 30 puertos, entre ellos el de Mariel, pero advirtieron que muchos necesitan una modernización integral. Aun así, destacaron el potencial para recuperar el turismo de cruceros y aprovechar la reconstrucción del sistema de transporte para incorporar desde el principio las tecnologías más avanzadas. Lebeña afirmó que la transición a una red de telecomunicaciones moderna, incluida la tecnología 5G, podría completarse en menos de tres años Willy Bermello, presidente de Bermello Ajamil & Partners, calculó que modernizar los aeropuertos cubanos y llevarlos a estándares internacionales requeriría entre 8.000 y 10.000 millones de dólares en 15 años. Jesús Lebeña, vicepresidente de operaciones corporativas de MasTec Communications Group, abordó el tema de las telecomunicaciones. A su juicio, una Cuba en transición debería garantizar el acceso de toda la población a servicios de voz, mensajería y datos con conexión internacional sin restricciones. Lebeña afirmó que la transición a una red de telecomunicaciones moderna, incluida la tecnología 5G, podría completarse en menos de tres años si Cuba se conecta mediante cables de fibra óptica con EE UU y otros países y abre el sector a licitaciones competitivas entre empresas internacionales. Según él, ello abarataría los servicios para los consumidores y permitiría la entrada de plataformas de internet por satélite como Starlink, hoy prohibidas en la Isla. En ese escenario, Cuba podría aspirar incluso a convertirse en un centro de datos regional. Para concluir, Marcell Felipe, presidente del Museo Americano de la Diáspora Cubana, sostuvo que el talento y el capital del exilio existen, pero su participación dependerá de un cambio de Gobierno en Cuba y de la creación de reglas que garanticen la libertad económica, la competencia y la seguridad jurídica. Según los especialistas reunidos en el foro, la Cuba posterior al castrismo heredará una infraestructura devastada y una población agotada. La cuestión ya no será si el país necesitará ayuda, sino qué instituciones estarán preparadas para administrarla sin repetir los monopolios, la improvisación y la opacidad que condujeron a la crisis actual.


