A partir de esa realidad, surgió la idea de crear una solinera —estación de carga alimentada principalmente por energía solar—, una alternativa para quienes dependen de vehículos eléctricos como principal medio de transporte, frente a la escasez de combustible producto del bloqueo económico y cerco petrolero estadounidense.La estación funciona, desde comienzos de agosto pasado, en un terreno estatal arrendado cerca de la playa El Mégano y el hotel Mar Azul. Esta ubicación fue escogida después de evaluar distintos espacios; por ejemplo, el primer lugar considerado presentaba dificultades para la conexión a la red eléctrica nacional, lo que impedía aprovechar el sobrante.Alternativa solar cerca de la playaLa infraestructura cuenta con 24 paneles solares de 630 vatios cada uno, además de baterías e inversores. En conjunto, el sistema tiene una capacidad nominal aproximada de 15,1 kilovatios y fue diseñado para responder a la demanda de jornadas con mayor afluencia, especialmente durante los fines de semana de verano.»Hay que asegurar, sobre todo, que el cliente que viene se vaya para su casa», refirió León, de ahí que el respaldo de baterías permite mantener el servicio durante la tarde, cuando disminuye la radiación solar, y atender a los usuarios incluso en días nublados, lluviosos o de noche.Según afirmó el emprendedor, en los momentos de mayor demanda, la estación ha llegado a cargar entre 40 y 50 motocicletas eléctricas durante un sábado o domingo. No obstante, la solinera no atiende solamente vehículos.Los visitantes también llevan equipos portátiles como ventiladores con batería, teléfonos celulares, baterías externas y pequeños electrodomésticos.La estación ofrece, además, bebidas frías las 24 horas, una venta que responde a otra dificultad cotidiana: cuando se interrumpe la electricidad, muchos kioscos y puntos comerciales no pueden mantener sus productos refrigerados.Una respuesta a la crisis energéticaEsta experiencia está relacionada con uno de los principales desafíos de la mayor de las Antillas, que es la transformación de su matriz energética, altamente dependiente de combustibles fósiles y, en paralelo, el incremento de uso de fuentes renovables de energía.En este sentido, el Ministerio de Energía y Minas estableció metas para elevar la participación de esas fuentes en la generación eléctrica hacia 2030, entre un 24 y un 29% aproximadamente; sin embargo, las fuentes renovables todavía representan una proporción reducida del total nacional.La expansión de la energía solar es considerada estratégica en un país afectado por la escasez de combustible, el deterioro de las termoeléctricas, las dificultades para adquirir piezas de repuesto y los apagones prolongados de más de 30 horas en La Habana y de varios días en el resto del país caribeño.La instalación de pequeñas estaciones solares no resolvería por sí sola la crisis energética del país. Sin embargo, podría contribuir a descentralizar determinados servicios y garantizar electricidad en lugares donde la red nacional resulta inestable o insuficiente.¿Es una inversión costosa?Pese a sus enormes potencialidades, el desarrollo de estos sistemas enfrenta una barrera importante asociada al costo de los equipos. Reportes de 2026 sitúan un panel solar de unos 800 vatios en el mercado estatal en aproximadamente 75.200 pesos cubanos (3.133 dólares). Los sistemas completos, con paneles, baterías e inversores, pueden incrementar considerablemente su precio, dependiendo de la potencia y la tecnología empleada.En el mercado privado, algunos kits se comercializan en dólares. Las referencias disponibles sitúan en unos 3.150 dólares un sistema de 3 kilovatios y por encima de 7.500 dólares uno de 10 kilovatios. Estas cifras pueden variar en función del proveedor y no siempre incluyen instalación, transporte, estructuras, cableado o mantenimiento.En una estación de carga, las baterías constituyen uno de los componentes más relevantes y costosos, pues si bien los paneles producen electricidad durante el día, el servicio debe mantenerse cuando baja el sol o aumenta la demanda. De ahí que el diseño de la instalación deba equilibrar la cantidad de paneles, capacidad de almacenamiento y número de vehículos a cargar.Garantías para la importaciónEl Gobierno cubano mantiene medidas destinadas a facilitar la importación de equipos vinculados con las fuentes renovables; por ejemplo, la Resolución 180 de 2026 extendió hasta el 31 de diciembre de 2027 la exención de aranceles para paneles solares, baterías, inversores y otros componentes incluidos en la normativa.La medida contempla sistemas fotovoltaicos, calentadores solares, bombas alimentadas por energía solar, pequeños aerogeneradores, equipos de alumbrado y cargadores para vehículos eléctricos, y en el caso de las personas naturales, la importación debe realizarse sin carácter comercial y los productos deben aparecer en los anexos correspondientes.Recientemente, el vice primer ministro y ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera de la isla, Óscar Pérez-Oliva Fraga, refirió que respecto a los aproximadamente 7.000 contenedores varados en diferentes puntos de la región con insumos destinados a Cuba, continúa «una situación de restricción y de amenaza».Agregó, además, que «hay menos energía en el país porque hay contenedores con recursos para el sistema electroenergético que no han podido llegar».La solinera, si bien nació para resolver una dificultad concreta relacionada con el regreso de quienes van en sus motos eléctricas a disfrutar de la playa, también revela una posibilidad más amplia, pues la energía solar puede convertirse (y de hecho ya es) en una herramienta para el sostenimiento de la movilidad, los pequeños negocios y la vida cotidiana en un contexto de crisis.

