Delegados al Congreso obrero intervienen con los pies en la misma tierra que el país necesita hacer producir más
En medio de la compleja situación que atraviesa el país, no resultaba viable realizar el XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) en el Palacio de las Convenciones con la presencia física de todos los delegados, como tradicionalmente ocurre en este tipo de cónclaves.

A pesar de ello, el movimiento obrero cubano no podía renunciar a la cita. La alternativa de sesionar a distancia y en tiempo real, mediante videoconferencia, ha venido como anillo al dedo en este momento histórico, y atinadas intervenciones desde todo el archipiélago marcaron la jornada de este 26 de junio.
Desde el confortable y práctico espacio acondicionado para los delegados espirituanos –así como en las demás provincias–, se constató una enorme riqueza de matices: la inspiración convertida en décima, debates con anécdotas sobre aciertos y deficiencias, respetuosos aplausos y un sentido homenaje a los combatientes cubanos. La evocación del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz desató emociones y lágrimas inevitables.
Aterrizar ahora lo expresado de palabra es el gran reto. Ahí anida el sentido real de los intercambios, análisis y reflexiones compartidos entre la presidencia, los delegados y los invitados.

Trabajar es fundamental y estratégico. Lo demostró una modesta ganadera llamada Loraina Pupo, y lo condensó otro delegado al afirmar: “Sería penoso estar sentado en casa con los brazos cruzados, cuando todavía Raúl y Machado Ventura, con la avanzada edad que tienen, siguen trabajando, tal como lo hizo hasta su última hora Ramiro Valdés”.
Durante la sesión de este viernes resonó con fuerza la palabra unidad. Se defendió como concepto, arma y elemento vital, no solo para incrementar los niveles de afiliación que requiere la CTC, sino también para proteger al país desde cada centro de trabajo y en el combate virtual. La unidad se alzó como el escudo frente al recrudecimiento del bloqueo y la hostil política del gobierno de Estados Unidos, pero también como la clave para enfrentar los errores internos, resistir y seguir avanzando; la única alternativa posible que enseña la historia de la propia Revolución.



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