¿Cuántas veces la administración Trump va a anunciar que se termina la guerra en Irán? Cada mensaje mediático que no se cumple debilita la posición del gobierno norteamericano y refuerza la imagen de que los persas han ganado. Es la parte que insiste en la paz por lo general la menos favorecida de un conflicto. Cuando inició este choque armado a inicios de este año, los analistas del Pentágono hablaron de guerra breve, de golpe quirúrgico, de descabezamiento del régimen; pero la realidad ha dado un portazo a estas afirmaciones: Irán posee una estructura de mando rizomática que responde a órdenes constantes de combate, de manera que aunque mueran los jefes, se sigue luchando. Por otra parte, Occidente vuelve a depreciar la posición de Oriente y paga el precio. Los persas no pelean solo por una causa política, sino por su cosmovisión religiosa, lo cual los hace más imparables en términos de moralidad de la guerra. Esto último, aunque se insista en la superioridad tecnológica de los occidentales, resulta crucial a la hora de analizar por qué los anuncios de paz han sido totalmente infructuosos.
Pero hay algo más: Irán sabe hacer geopolítica y lo está demostrando. No se trata del gobierno de un país tercermundista y religioso que se mueve por dogmas islamistas. Al contrario, exige posicionamientos, ventajas, sabe negociar y ejercer presión. El peso del cierre del Estrecho de Ormuz ha actuado sobre el precio de las mercancías como una espada de Damocles. Trump no ha vuelto a hablar más de subir aranceles. En este sentido, China ha usado a Irán como una guerra proxy multidimensional a su favor. En la medida en que el golfo está cerrado para Occidente, el petróleo se vende en petroyuanes, con lo cual el petrodólar sigue desapareciendo de las transacciones internacionales y perdiendo influencia. A Beijing le conviene que Estados Unidos esté empantanado en una guerra porque lo debilita.
Entonces, si todo es desventaja para Estados Unidos, ¿por qué se metieron en Irán? Esa es la pregunta del millón. Unos hablan del miedo de Israel a la bomba nuclear iraní, otros de la influencia del lobby sionista en las decisiones del alto mando occidental; pero lo cierto es que —al menos en este mediano plazo— los resultados para Tel Aviv y Washington apuntan a un error de cálculo que les puede salir incluso peor. Las elecciones de noviembre pueden ser mucho más desastrosas para los republicanos luego de este resultado belicista. La prisa por un tratado de paz y condiciones de ventaja para presentarlas como victoria ante la opinión pública evidencia la conciencia de ello en los asesores de campaña. El mal paso en Irán puede costar el poder legislativo y, si se pierde, dar pie incluso a la destitución. En todo, los precios de la vida del ciudadano están mucho más descontrolados, el movimiento MAGA está quebrándose por dentro ya que algunos hablan de la traición a los principios del conservadurismo, las alianzas internacionales con los europeos son nulas, el avance de las empresas chinas en el orbe sigue imparable a la par que el retroceso de las norteamericanas. En este siglo se está dando un traspaso de poderes que será sin dudas un cambio de paradigma. Occidente está viendo cómo la economía mundial cede en su contra y reposiciona las mercancías asiáticas en los diferentes mercados.
La guerra en Irán tiene toda la pinta de parecerse a la Crisis del Canal del Suez, que fuera el último choque en el cual el Imperio Británico intentara demostrar su papel como superpotencia global. Episodio que, al contrario, evidenció que la era de Londres había pasado a las sombras de la historia. Las condiciones de paz no se han dado en el Medio Oriente porque, como es lógico, pueden ser mucho peores para Occidente que antes del inicio de la guerra en el Golfo Pérsico. Los occidentales creen que pueden tener algo mejor, además la presión de la opinión pública en sus democracias liberales hace que los políticos busquen golpes de efecto mediáticos que les permitan alumbrar su posición de cara a las elecciones. Abrir y cerrar guerras en vistas a resultados de encuestas podrá parecer absurdo, pero es el mundo que tenemos.
¿Habrá tratado de paz en Oriente Medio? Las condiciones actuales se parecen más a las de un armisticio temporal, una especie de parada momentánea antes de seguir con la masacre. Lo que ha venido pasando en Palestina dejó una huella en los pueblos de la región que difícilmente será borrada. Entonces no se trata solamente de lo que ha pasado desde el inicio de la guerra en Irán, sino antes, durante los choques entre Teherán y Tel Aviv mediante intercambio de misiles. Pareciera que se trata de dos fuerzas indetenibles y guiadas por visiones religiosas contrapuestas, pero en verdad son movimientos de tipo geopolíticos que hunden sus raíces en la disposición de recursos, mercados, rutas comerciales, intereses con las grandes potencias.
Israel sabe que su influencia en el área decae en la medida en que Occidente se debilita. La casi disolución de la OTAN es vista en Tel Aviv como un reloj con cuenta regresiva que marca su soledad frente a la posición hostil de los países árabes que la rodean. El círculo más conservador y duro de Netanyahu entiende que se les acaba el tiempo y, o construyen lo que llaman el Gran Israel, o se van del aire literalmente.