
Foto: Fotograma de la Película
Los 280 episodios de las 12 temporadas de La teoría del Big Bang (CBS, 2007–2019) quizá hicieran poco, o en realidad casi nada, desde el aspecto formal, para revolucionar la comedia de situaciones (sitcom) tradicional de apartamentos y risas enlatadas.
Sus grandes aportes no radicaron en esa línea, sino en la gestión, consolidación, mantenimiento y alcance de la perfección (palabras mayores estas) en un universo sicológica y emocionalmente muy bien cartografiado, el cual se configuró a partir del retrato moral de ese nerd, inmaduro, encapsulado, niño eterno, al cual dibuja y captura desde la reivindicación, la aquiescencia, la complicidad.
A la serie creada por el genial Chuck Lorre la habitan cuatro nerds entrañables y una vecina, camarera, quien suponía la antítesis absoluta de ellos: el agua y aceite que son la gasolina del género.
De su confluencia se establecía un delicioso efecto cómico desprendido tras la interrelación coloquial y física entre un universo cerrado, fuertemente codificado en cuanto a inherencias icónicas/dialogísticas/culturales en sentido general; y otro con decálogo/argot/talante/brújulas surgidas de la pura calle, de lo común o la cándida sencillez de un ciudadano ordinario no sujeto a ritos, manías o poseedor de espadas láser ni juguetes de Star Trek.
Hasta los genios fallan, y Chuck Lorre permitió que el primer producto derivado de la serie–madre, la precuela El joven Sheldon (2017–2024), errase en la selección de reparto, al incorporar en el personaje central del Sheldon niño al actor Iain Armitage. Él causó buena impresión en la serie dramática Big Little Lies, pero aquí acusa una irreparable ausencia de vis cómica.
No obstante, la nueva sitcom se disfrutó gracias a los divertidos diálogos de Lorre y a algunos personajes muy queribles, entre los que destacase la meemaw (abuela) interpretada por Annie Potts.
El joven Sheldon no alcanzaría el descomunal éxito comercial de La teoría del Big Bang, pero sí el indispensable para llegar a las siete temporadas. De manera que la rica veta original debía seguir siendo exprimida. Surge entonces El primer matrimonio de Georgie y Mandy (spin–off con tres temporadas desde 2024 hasta hoy).
Este segundo producto derivado de la serie–madre tira del interés de los receptores por seguir los itinerarios de la familia de Sheldon Cooper, en este caso de su hermano Georgie (Montana Jordan). Se trata de otra sitcom arquetípica, pragmática, que va al seguro y no siente la mínima atracción por el riesgo. Sin embargo, funciona.
Al que sí le cuesta arrancar, desarrollarse, mantenerse (o sea, funcionar) es al tercer producto derivado, la secuela Stuart no logra salvar el universo (2026), cuyo mayor atractivo probablemente recaiga en la ocurrente cabecera con música de Danny Elfman.
Su eje es Stuart (Kevin Sussman), el abatido, pesimista, tristón y tímido dueño de la tienda de cómics de La teoría del Big Bang. Quizá Lorre debió pensar más con la cabeza y menos con la billetera, porque dicho personaje –concebido, bien, para su justa función de secundario en el trabajo original– no tiene peso específico, entidad, gravedad, densidad, frentes de exploración como para concederle una serie como estrella. O no una como esta.
Eso se advierte desde el piloto de Stuart no logra salvar el universo. Lorre, junto a Zack Penn y Bill Prady (los co–creadores), quizá se dieron cuenta de ello cuando ya estaban metidos en la tarea, de seguro tarde, y al ver que la serie no levantaba con esta batería C o tercera división de personajes (también Denise, el geólogo Bert y el físico Kripke) intentaron levantar sus déficits a base de cameos.
Por acá desfilan personajes centrales de la serie–madre en apariciones especiales que, en algunos, aunque en todos los casos (sí el cameo de Bernadette; no el de Penny, por ejemplo) concitan puntuales momentos de hilaridad. La serie no crece con ellos.
Bastante menor que en los dos anteriores productos derivados, la carga humorística se resiente en una serie que confía mucho más en apelar a constantes giros argumentales o cambios de escenarios que a la construcción de los personajes. Con esto solo muestra que no aprendió absolutamente nada de La teoría del Big Bang.

