5 de Septiembre Opinión

Soberan(í)a

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Cuánto más se cede a los chantajes, más vulnerable se está de cara a ellos. No hay dignidad permitida en el sometimiento. A veces ni soñada

No se trata solo de uno u otro gobierno, aquí o allá. Tampoco de «x» o «y» sistema político o económico. Hay algo que peligra y en ciertas partes, no pocas, ya sucumbe: se llama soberanía; se llama derecho a la autodeterminación; y es un «algo» por y contra lo cual ha corrido la sangre en nuestro continente durante más de 200 años.

Las sanciones que se derraman desde Washington hacia Cuba un mes sí y otro tal vez, y que por casi siete décadas han engrosado un sistema de normas represivas y unilaterales, que no por poetas llamamos bloqueo, no atentan solamente contra la Isla y su derecho a ser como –y lo que– quiera ser hacia adentro; sino contra muchos países, allende o aquende el hemisferio y su derecho a ser como –y lo que– quieran ser hacia afuera (y hacia adentro también).

Cada vez que Estados Unidos presiona a una nación soberana –con bandera, escudo, himno, población, tierra y fronteras– para poner fin a la colaboración médica cubana, para romper relaciones diplomáticas con La Habana o para condicionar su voto en instancias internacionales de cara a este o aquel debate, cuando ese país acepta, pues su soberanía está en ese preciso momento con más riesgos que la de Cuba, y conste que se dice cuando esta yace bajo bloqueo petrolero –parte del otro– y amenaza de agresión militar.

Las intimidaciones a terceros países no llevan en sí solo al pueblo cubano como rehén, sino a los pueblos y los gobiernos que la reciben. Los pueblos del mundo, entre los cuales muchos no tienen acceso a un especialista de la salud, por lo que cuesta o porque no hay, o aún no saben cómo escribir su nombre, o cuya agua depende de la caridad de alguna que otra agencia dizque para el desarrollo, son también rehenes de la política exterior de ee. uu. hacia Cuba.

Cuánto más se cede a estos chantajes, más vulnerable se está de cara a ellos. No hay dignidad permitida en el sometimiento. A veces ni soñada.

Eso ee. uu. lo sabe y lo practica; no duda en ponerle la pistola en la cabeza a los gobiernos y pueblos que no se paran en firme o doblan su cabeza hasta el suelo cuando el secretario de Guerra y sus jefes inmediatos pasan, ya sea en short y gafas de sol, ya sea de traje y corbata.

Pero la política estadounidense de aislamiento diplomático y económico a Cuba es solo una de las tantas maneras en que hoy se viola las soberanías nacionales de la región.

Estamos viviendo en un área donde se alteran desde fuera los sistemas cibernéticos de control electoral; donde los barcos y aviones del Comando Sur entran y salen como «Peter» por su casa; donde traficantes de 400 toneladas de cocaína son excarcelados para que influyan directamente en el curso de elecciones presidenciales; donde se secuestran mandatarios; donde los sistemas de vigilancia israelíes están insertos en los teléfonos

celulares de gente más o menos común y con, contra o desde los ejércitos y fuerzas policiales de carácter nacional; donde huele a tierra rara y se incendia un bosque junto al pueblo de al lado, justo antes de que llegue la transnacional.

El chantaje para aislar a Cuba no resulta una excepción sistémica y sí una muestra, una muy particular y dolorosa, de las oscuridades con y desde las cuales se maneja y controla el mundo que corre.

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