
A la hora de cultivar vale cualquier recurso que pueda ayudar al logro de la mejor cosecha. Y sobre este principio agrícola hemos potenciado, en anteriores entregas, el conocimiento de insectos beneficiosos a los cuales conviene proteger e inclusive acondicionar ambientes para su reproducción y supervivencia.
Ahora, amigo, le traemos otro ayudante, un plumífero alado, el ganso o ánsar. Se trata de un espécimen tan valioso –por su sentido de alerta permanente– que los soldados españoles, para protegerse de las sorpresas mambisas, preferían cuidar sus fortines, trincheras, casamatas y otras defensas militares, con una bandada de gansos domésticos.
El ganso protege mejor que un perro, avisa con su graznido estridente que se acercan intrusos y son muy agresivos con los extraños. Sin embargo, fallan como guardianes y se quedan sin voz ante la presencia de un jubo o majá. Técnica que usaron los exploradores insurrectos, en no pocas ocasiones, para entrar a las ciudades o burlar la vigilancia persistente.
Caracterizado por su cuerpo grande, abundante carne, pico grueso y naranja, plumaje gris pardo, patas rosadas y porción caudal inferior blanquecina, el ánsar o ganso común (Anser anser) es un ave de la familia Anatidae.
Empolla en el suelo, tapizando el nido parcialmente, y pone de cuatro a seis huevos de mayo a junio, su mejor época de reproducción. Se alimenta arrancando hierbas y brotes del suelo; a veces –cuando está muy hambriento– excava a la búsqueda de raíces y bulbos. No lo hace cuando se tiene el cuidado de sustentarlo de forma conveniente.Otros artículos del autor:



