Vietnam derivó de una economía feudal a una próspera sociedad socialista. El General de Ejército Raúl Castro Ruz sigue siendo uno de los buenos amigos sin importar el tiempo transcurrido
Decir Vietnam es transportarse enseguida a sus símbolos, representaciones de los tantos atributos anhelados por los seres humanos en el camino a la perfección continua.
Podría mencionar a la Pagoda de una Sola Columna o del Pilar Único de Hanói, célebre templo budista construido entre 1028-1054. Se le tiene como ícono de unidad.
El loto, flor nacional, encarna la pureza, el compromiso y el optimismo hacia el futuro pues ella en sí misma es todo un modelo: se cierra en la noche, se sumerge bajo el agua y, al amanecer, emerge bella y limpia.
Esos son, o bien dones de la naturaleza, o de la capacidad creativa, y es casi siempre esta última la que espolea a la historia. Y es aquí donde decir Vietnam se vuelve superlativo: enseguida pensamos en la Batalla de Dien Bien Phu de 1954 en la que ya Estado socialista vietnamita derrotó al colonialismo francés. También nos remontamos a las selvas de la Indochina profunda donde el Ejército de Liberación del Sur, el famoso Vietcong, en alianza con el norte del país, puso en desbandada en 1975 al en apariencia invencible Estados Unidos.
Concentrados en la vida de un pueblo franco, laborioso y muy valiente, jamás dejamos de traer al presente al artífice principal de la victoria y orgullo patrio: Ho Chi Minh (1890-1969), quien no solo cimentó los ideales comunistas entre sus coterráneos, sino que los llevó a la concreción de un Estado de justicia social, prosiguiendo la lucha revolucionaria por la reunificación nacional.
En primera instancia, nos fijamos en su imagen: vestimenta sencilla y pausada proyección. Luego le reconocemos sus muchos méritos, en los que supo condensar sabiduría, energía y valor en la conducción de los suyos. Y para nada ambas actitudes son fruto de la casualidad pues el Tío Ho se dio en modestia como sentido de vida.
¿Por qué hacemos toda esta copiosa introducción si este número de BOHEMIA se concibe en homenaje al general de Ejército Raúl Castro Ruz por su 95 cumpleaños? Hablamos de símbolos y Raúl lo es para Cuba y Vietnam.
Una de las principales causas abrazada por la Revolución Cubana fue la vietnamita cuando Fidel Castro Ruz manifestó la disposición de mantenerse al lado de esa distante nación sin importar peligros. En esos propósitos también lo acompañó Raúl, compañero de tantas batallas. Los dos, martianos raigales, ya se habían empapado con el precioso texto de la Edad de Oro “Un paseo por la tierra de los Anamitas”. Sin duda leer a José Martí, y a otros, modelaron sus conceptos de solidaridad. Años más tarde, y una vez la patria renacida, abrieron sus espíritus al mundo.
Ho Chi Minh y Raúl se abrazan.
Encuentro histórico
Las fotografías de aquellas jornadas nos dan alegría al observar cómo personas de diferentes nacionalidades y generaciones se sonríen a lo grande y se funden en una hermandad concebible únicamente en los votos de sincero compañerismo. El Tío Ho un veterano legendario, Raúl un bisoño dirigente revolucionario, curtido en las armas.
El 2 de noviembre de 1966 ha pasado a los anales de nuestros pueblos valorándolos de tremenda significación bilateral. Los revolucionarios de todo el mundo, sin embargo, lo asumen como una lección de sinergia cuando los altos valores morales de ellos, y sus causas, transmitieron que sí se podía construir sociedades mejores cuyo requisito indispensable era simple: ¡proponérselo!
El 31 de octubre de 1966, el entonces comandante Raúl Castro, ministro de las FAR, realizó una visita amistosa junto al presidente cubano, Osvaldo Dorticós Torrado, a la República Democrática de Vietnam. Las conversaciones se efectuaron en un clima cordial y de comprensión mutua, basado en la hermandad.

Los atendió un extraordinario anfitrión, Ho Chi Minh, mandatario de ese país. Han quedado plasmados, en la BOHEMIA No.45 del 11 de noviembre de 1966, varias jornadas de esos días donde se analizó, por ejemplo, que la raíz profunda y la causa directa de la situación gravísima de Vietnam era la política agresiva de los imperialistas yanquis en violación de los acuerdos de Ginebra 1954.
Igual de criminal fue el llevar al Sur “la guerra de agresión más repugnante y cruel de esos tiempos: […] han recurrido a intrigas y medios de guerra más crueles, tales como los bombardeos B-52, las bombas de napalm, los gases y productos químicos, tóxicos para arrasar poblados y destruir cosechas. Masacrar de manera extremadamente bárbara a la población civil, incluyendo ancianos, mujeres y niños”. Con ese trasfondo, Raúl no dudó en estar cerca de los vietnamitas. Fidel lo haría en 1973, asistiendo al propio Paralelo 17, frente de guerra.
La delegación antillana planteó ante Ho Chi Minh el apoyo y ayuda cubanas “bajo todas las formas hasta el día en que triunfe totalmente la resistencia anti yanqui y reiteró una vez más que el gobierno de cuba está dispuesto a enviar voluntarios cubanos a combatir al lado del hermano pueblo cuando Vietnam lo solicite”.
La nación asiática, por su parte, agradeció la postura de Cuba en la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina (Ospaaal). Apreció asimismo “la significación de la revolución cubana y aplaude los éxitos y logros de Cuba”. Hubo coincidencias en lo importante de “fortalecer la unidad de los países socialistas, de los movimientos comunista y obrero internacionales, de los de liberación nacional, de la democracia, la paz contra los imperialismos, en particular el yanqui”.
En ese encuentro el Tío Ho expresó: “Solamente quiero decir que entre Cuba y Vietnam hay tanta distancia que cuando uno duerme el otro está despierto. Antiguamente se decía del imperio inglés que el Sol nunca se ponía para la bandera inglesa. Pero ahora hay que decir que el Sol nunca se pone para la bandera de la Revolución. Es decir, que nuestros países geográficamente son antípodas, pero hay una identificación completa en lo moral”.
Justo esa identificación es la captada en la fotografía del abrazo entre Raúl y él.
Honor a quien honor merece
De ese intercambio se consolidó el respaldo de la Cuba socialista al Vietnam socialista: Raúl Castro Ruz fue artífice de algunas de esas acciones a favor de la felicidad colectiva. Por su amistad de ininterrumpido afecto, se le otorga el 6 de septiembre de 1985 la Orden Ho Chi Minh.
En esa oportunidad, el general de Ejército manifestó: “Con profunda emoción recibo de ustedes, queridos representantes del heroico pueblo de la República Socialista de Vietnam, la Orden que lleva el nombre glorioso del fundador de vuestra patria y ejemplar revolucionario de nuestros tiempos, el inolvidable Ho Chi Minh. De igual manera me honra patentizar la gratitud de los generales y oficiales condecorados hoy.
“Queridos compañeros vietnamitas: Significa motivo de honda satisfacción el alto honor que entraña recibir esta valiosa condecoración y lo agradecemos en nombre de nuestro Partido y de los revolucionarios cubanos, que representamos en este momento solemne. Este estimable y apreciado gesto constituye un símbolo de la imperecedera amistad que une a los pueblos de Cuba y Vietnam, sólidamente forjada en el crisol de la lucha indoblegable librada ayer y hoy bajo la inspiración y las banderas invencibles del marxismo-leninismo.
“Permítanme en ocasión como esta, recordar las palabras de nuestro Comandante en Jefe, al encontrarse en tierra vietnamita, cuando expresó que ‘no importa que estemos distantes, no importa que allá es de día y aquí es de noche en este minuto, eso simplemente quiere decir que siempre es de día en el campo de las ideas revolucionarias, que siempre el sol alumbra a la Revolución, en Cuba y en Vietnam’”.

Estas y otras muchas intervenciones de Raúl pueden ser consultadas ahora en sus Obras Escogidas. Las jóvenes generaciones tienen allí un tesoro documental sobre la trayectoria de un hombre cabal que a sus 95 años sigue al frente de la Revolución con una sabiduría aprendida, por qué no, también del amigo Ho Chi Minh.
Ambos siguen caminando por la historia, ya convertidos en paradigmas de honesta entrega revolucionaria.

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